Trump y Venezuela

“Es que se está esperando un nuevo reparto económico de la Tierra. Los países que han llegado tarde con su poderío para participar en las conquistas coloniales reclaman un puesto en el mapa de Asia, de África de Oceanía/…/se trata de selvas de caucho, de minas de carbón de yacimientos de hierro, de un ferrocarril hacia la India… Es que se quiere iniciar ‘un nuevo orden’ económico en la Tierra. Es el año 1912”.
La cita corresponde a Manuel Villegas López y consta en su libro CHARLES CHAPLIN-EL GENIO DEL CINE, libro que mereció el mérito del propio Chaplin: “Es el mejor y más profundo estudio que se haya realizado sobre mis películas y la visión más hermosa, acertada y generosa de cuantas me han dedicado”.
Un siglo después el mundo asiste a un escenario similar, desde luego con sus particulares características, se trata de un nuevo parto de la historia: estamos ante el inicio de un nuevo orden económico. La fiebre del carbón, del hierro, los materiales primigenios del acero que puso en marcha al modo de producción industrial y el ferrocarril, fueron también creadores del mercado con su ‘perla de la corona’: la mercancía. Ese parto requirió de mucha sangre y para ello no encontraron mejor alternativa que la Primera Guerra Mundial. Pero, ‘sorpresas tiene la historia’, su final llegó acompañado de una criatura no esperada: la Revolución Bolchevique. No bien firmados los acuerdos de paz, casi sin disimulos, comenzaron los preparativos de un nuevo baño, mucho más sangriento puesto que, desgraciadamente, el rey de los materiales permitió perfeccionar las herramientas de la muerte y terminó convirtiendo a la guerra en un negocio. El final del conflicto marcó el final del colonialismo y cimentó las fuerzas de la paz.
Hoy, la manzana de la discordia es el petróleo y ya no se trata simplemente de construir una línea férrea, es la voracidad insaciable de la financiarización del capital: hay que construir mega proyectos, sean estos de super-autopistas, aeropuertos gigantes, y, absurdamente, hay que destruir para poder dar paso a la necesidad de la construcción. Para ello era y es necesaria la tercera guerra mundial, solo que se ha vuelto esquiva: no fructificó en los Balcanes, tampoco en el Extremo ni en el Cercano Oriente. Hoy Mr. Trump, alentado por los desacuerdos de la Unión Europea, intenta iniciarla en Venezuela, país con la mayor reserva probada del oro negro, de minerales y también de agua. ¿Prevalecerá acaso la sinrazón? (O)
Villegas López comprendió bien a Charles Chaplin. El genial Carlitos con sus películas nos develó las entrañas del siglo que nacía.

Trump y Venezuela

“Es que se está esperando un nuevo reparto económico de la Tierra. Los países que han llegado tarde con su poderío para participar en las conquistas coloniales reclaman un puesto en el mapa de Asia, de África de Oceanía/…/se trata de selvas de caucho, de minas de carbón de yacimientos de hierro, de un ferrocarril hacia la India… Es que se quiere iniciar ‘un nuevo orden’ económico en la Tierra. Es el año 1912”.
La cita corresponde a Manuel Villegas López y consta en su libro CHARLES CHAPLIN-EL GENIO DEL CINE, libro que mereció el mérito del propio Chaplin: “Es el mejor y más profundo estudio que se haya realizado sobre mis películas y la visión más hermosa, acertada y generosa de cuantas me han dedicado”.
Un siglo después el mundo asiste a un escenario similar, desde luego con sus particulares características, se trata de un nuevo parto de la historia: estamos ante el inicio de un nuevo orden económico. La fiebre del carbón, del hierro, los materiales primigenios del acero que puso en marcha al modo de producción industrial y el ferrocarril, fueron también creadores del mercado con su ‘perla de la corona’: la mercancía. Ese parto requirió de mucha sangre y para ello no encontraron mejor alternativa que la Primera Guerra Mundial. Pero, ‘sorpresas tiene la historia’, su final llegó acompañado de una criatura no esperada: la Revolución Bolchevique. No bien firmados los acuerdos de paz, casi sin disimulos, comenzaron los preparativos de un nuevo baño, mucho más sangriento puesto que, desgraciadamente, el rey de los materiales permitió perfeccionar las herramientas de la muerte y terminó convirtiendo a la guerra en un negocio. El final del conflicto marcó el final del colonialismo y cimentó las fuerzas de la paz.
Hoy, la manzana de la discordia es el petróleo y ya no se trata simplemente de construir una línea férrea, es la voracidad insaciable de la financiarización del capital: hay que construir mega proyectos, sean estos de super-autopistas, aeropuertos gigantes, y, absurdamente, hay que destruir para poder dar paso a la necesidad de la construcción. Para ello era y es necesaria la tercera guerra mundial, solo que se ha vuelto esquiva: no fructificó en los Balcanes, tampoco en el Extremo ni en el Cercano Oriente. Hoy Mr. Trump, alentado por los desacuerdos de la Unión Europea, intenta iniciarla en Venezuela, país con la mayor reserva probada del oro negro, de minerales y también de agua. ¿Prevalecerá acaso la sinrazón? (O)
Villegas López comprendió bien a Charles Chaplin. El genial Carlitos con sus películas nos develó las entrañas del siglo que nacía.