Trump y migración

Desde hace ya cuatro años, al inicio de su carrera hacia la Casa Blanca, Donald Trump ha mantenido con perseverancia su discurso en contra de los inmigrantes quienes, según su criterio, son culpables de la mayoría de los problemas que afectan a la primera potencia mundial. Una vez electo Presidente no ha descansado en la implementación de una serie de medidas en contra especialmente de los inmigrantes provenientes del que, retomando la Doctrina Monroe, considera el ‘patio trasero’ de los EE.UU. El rastreo de documentados e indocumentados, la separación de familias, la deportación, han sido la constante de la primera mitad de su mandato en el orden interno; simultáneamente ha exigido, bajo la imposición de sanciones, a los gobiernos de México y centroamericanos, que controlen la migración desde sus países. A nivel interno, en su relación con el Congreso y la ciudadanía estadounidense no ha logrado un apoyo significativo a su política contra los inmigrantes: la construcción del muro que cierre la frontera con su vecino México no logra concretarse de una manera significativa, si bien ha llegado a un acuerdo con el Presidente López Obrador para controlar el paso de los migrantes por territorio mejicano.
Sin considerar otros aspectos del manejo de la política por el Presidente Trump, su figura dista mucho de lo que debe ser un estadista. No deja de llamar la atención su comportamiento en eventos internacionales en los que se debate la geopolítica internacional e influyen en las relaciones comerciales, de soberanía de las naciones, de la convivencia pacífica entre los pueblos. Sus decisiones sobre la imposición de sanciones de carácter económico a quienes considera enemigos de los EE.UU. finalmente terminan afectando mucho más a la economía norteamericana que a los sancionados.
¿Cómo entender el manejo político del presidente norteamericano? Sus recientes presentaciones nos llevan a pensar que el verdadero efecto buscado es el mediático. Con motivo del 14 de Julio, día de la Independencia, el Presidente dejó de lado la tradición respetada por todos sus antecesores y le dio un carácter político a la celebración. Luego, olvidándose del respeto que se merecen los congresistas, arremetió contra cuatro diputadas por su ascendencia extranjera, actitud totalmente inadmisible por venir precisamente de un ciudadano norteamericano nieto e hijo de migrantes; mucho más grave, considerando que lo hacía invocando la pureza de la raza. (O)
Obsesionado por alcanzar la nominación para un segundo mandato, Trump pierde el control de sus propios actos

Trump y migración

Desde hace ya cuatro años, al inicio de su carrera hacia la Casa Blanca, Donald Trump ha mantenido con perseverancia su discurso en contra de los inmigrantes quienes, según su criterio, son culpables de la mayoría de los problemas que afectan a la primera potencia mundial. Una vez electo Presidente no ha descansado en la implementación de una serie de medidas en contra especialmente de los inmigrantes provenientes del que, retomando la Doctrina Monroe, considera el ‘patio trasero’ de los EE.UU. El rastreo de documentados e indocumentados, la separación de familias, la deportación, han sido la constante de la primera mitad de su mandato en el orden interno; simultáneamente ha exigido, bajo la imposición de sanciones, a los gobiernos de México y centroamericanos, que controlen la migración desde sus países. A nivel interno, en su relación con el Congreso y la ciudadanía estadounidense no ha logrado un apoyo significativo a su política contra los inmigrantes: la construcción del muro que cierre la frontera con su vecino México no logra concretarse de una manera significativa, si bien ha llegado a un acuerdo con el Presidente López Obrador para controlar el paso de los migrantes por territorio mejicano.
Sin considerar otros aspectos del manejo de la política por el Presidente Trump, su figura dista mucho de lo que debe ser un estadista. No deja de llamar la atención su comportamiento en eventos internacionales en los que se debate la geopolítica internacional e influyen en las relaciones comerciales, de soberanía de las naciones, de la convivencia pacífica entre los pueblos. Sus decisiones sobre la imposición de sanciones de carácter económico a quienes considera enemigos de los EE.UU. finalmente terminan afectando mucho más a la economía norteamericana que a los sancionados.
¿Cómo entender el manejo político del presidente norteamericano? Sus recientes presentaciones nos llevan a pensar que el verdadero efecto buscado es el mediático. Con motivo del 14 de Julio, día de la Independencia, el Presidente dejó de lado la tradición respetada por todos sus antecesores y le dio un carácter político a la celebración. Luego, olvidándose del respeto que se merecen los congresistas, arremetió contra cuatro diputadas por su ascendencia extranjera, actitud totalmente inadmisible por venir precisamente de un ciudadano norteamericano nieto e hijo de migrantes; mucho más grave, considerando que lo hacía invocando la pureza de la raza. (O)
Obsesionado por alcanzar la nominación para un segundo mandato, Trump pierde el control de sus propios actos