Tributación

Nadie acude a pagar sus impuestos en una agencia tributaria cantando y bailando, feliz de la vida. Puede ser que aquello sí ocurra cuando los soldados marchan a la guerra, probablemente, dispuestos a sacrificar su vida. Nos preguntamos entonces: ¿Por qué tan mala voluntad para pagar los impuestos, sabiendo que con ellos se puede, entre otros destinos, inclusive salvar vidas? Muchas explicaciones éticas, sociológicas o económicas se esgrimen pretendiendo justificar las conductas evasoras. Las decisiones económicas de los contribuyentes valoran y comparan el costo beneficio de pagar o evadir. Todo depende del riesgo que la administración tributaria y la justicia sean capaces de generar. A mayor riesgo menor evasión, así de simple. Desde la perspectiva ética, es indispensable el comportamiento colectivo con total apego a la ética, tanto de la administración como del propio contribuyente. Frecuentemente, los ciudadanos argumentan sobre el destino que el Estado da a los impuestos recaudados. Si los contribuyentes perciben que no hay calidad en el gasto público o que los recursos son desviados, buscan mecanismos para evadir o cumple el pago con muy mala gana. Por su parte, el comportamiento social está condicionado por los principios y valores. La “viveza criolla”, que es una muy mala práctica cultural, a veces parece inducir a la evasión tributaria. Lo que sí está claro es que los impuestos constituyen el “costo que hay que pagar obligatoriamente para vivir en una sociedad justa, cohesionada y pacífica”. No es casualidad que en aquellos países en los que la “carga tributaria” (presión fiscal) es mayor y la evasión es menor, la calidad de vida es superior a la de aquellos países con baja presión fiscal y alta evasión. En el ranking de la “felicidad”, entre los primeros países se encuentran aquellos con alta tributación. No existe ni un sólo país con baja tributación y una sociedad feliz. Hay constatación empírica suficiente como para demostrar esta afirmación. Hace falta construir un pacto social por el desarrollo, la justicia, la justicia y la vida. Este pacto demanda, imperativamente, un pacto fiscal y tributario. Lamentablemente, los vientos que soplan no lo están haciendo del lado correcto. Las organizaciones políticas y los movimientos sociales, tienen la obligación de generar elevados niveles de conciencia y organización que permitan avanzar en la construcción de una sociedad más justa. (O)
En el ranking de la “felicidad”, entre los primeros
países se encuentran aquellos con alta tributación.

Tributación

Nadie acude a pagar sus impuestos en una agencia tributaria cantando y bailando, feliz de la vida. Puede ser que aquello sí ocurra cuando los soldados marchan a la guerra, probablemente, dispuestos a sacrificar su vida. Nos preguntamos entonces: ¿Por qué tan mala voluntad para pagar los impuestos, sabiendo que con ellos se puede, entre otros destinos, inclusive salvar vidas? Muchas explicaciones éticas, sociológicas o económicas se esgrimen pretendiendo justificar las conductas evasoras. Las decisiones económicas de los contribuyentes valoran y comparan el costo beneficio de pagar o evadir. Todo depende del riesgo que la administración tributaria y la justicia sean capaces de generar. A mayor riesgo menor evasión, así de simple. Desde la perspectiva ética, es indispensable el comportamiento colectivo con total apego a la ética, tanto de la administración como del propio contribuyente. Frecuentemente, los ciudadanos argumentan sobre el destino que el Estado da a los impuestos recaudados. Si los contribuyentes perciben que no hay calidad en el gasto público o que los recursos son desviados, buscan mecanismos para evadir o cumple el pago con muy mala gana. Por su parte, el comportamiento social está condicionado por los principios y valores. La “viveza criolla”, que es una muy mala práctica cultural, a veces parece inducir a la evasión tributaria. Lo que sí está claro es que los impuestos constituyen el “costo que hay que pagar obligatoriamente para vivir en una sociedad justa, cohesionada y pacífica”. No es casualidad que en aquellos países en los que la “carga tributaria” (presión fiscal) es mayor y la evasión es menor, la calidad de vida es superior a la de aquellos países con baja presión fiscal y alta evasión. En el ranking de la “felicidad”, entre los primeros países se encuentran aquellos con alta tributación. No existe ni un sólo país con baja tributación y una sociedad feliz. Hay constatación empírica suficiente como para demostrar esta afirmación. Hace falta construir un pacto social por el desarrollo, la justicia, la justicia y la vida. Este pacto demanda, imperativamente, un pacto fiscal y tributario. Lamentablemente, los vientos que soplan no lo están haciendo del lado correcto. Las organizaciones políticas y los movimientos sociales, tienen la obligación de generar elevados niveles de conciencia y organización que permitan avanzar en la construcción de una sociedad más justa. (O)
En el ranking de la “felicidad”, entre los primeros
países se encuentran aquellos con alta tributación.