Transporte y vida

El inicio del s.XX quedó marcado en Detroit, EE.UU., con la irrupción de la industria automovilística, sustentada a su vez en la industria del acero, material que tuvo mucha responsabilidad en el primer conflicto bélico mundial. Ciertamente Henry Ford, el pionero del automóvil, estaba motivado por la necesidad ayudar a la movilización de las personas en las crecientes urbes, que si bien ya contaban con el tranvía, éste medio de transporte está sujeto al sistema de rieles y a una ruta predeterminada. El automóvil fue la gran idea que contribuyó a dinamizar la tecnología y los nuevos métodos de producción, es decir en su conjunto la economía y también a perfilar el ciudadano del nuevo siglo. Crecieron las ciudades, la población, sin embargo, como suele decirse, no todo lo que brilla es oro y la nueva cultura del automóvil para mediados del siglo ya había cobrado la vida del primer millón de víctimas.

En el caso de nuestro país, es evidente que a Ecuador todo o casi todo llega con cierta tardanza. La construcción de las vías públicas fue impulsada por García Moreno, tanto de las carreteras como de la ferroviara a mediados del s.XIX, aunque el mérito del ferrocarril se lo reconoce a Eloy Alfaro. El tranvía tuvo una efímera existencia en Quito y Guayaquil, también en Ancón y Tenguel, aunque en estos sitios por la explotación petrolera y bananera respectivamente. En Cuenca, ciudad Atenas del Ecuador, iniciada la segunda década del s.XXI y por razones de patrimonio cultural, según su impulsor, se resuelve dotarla de transporte por tranvía.

Transcurrido más de un siglo, no solo el transporte sino la vida misma es impensable sin el automóvil, en todas sus versiones. Lo que no es admisible que pese a los avances tecnológicos logrados para asegurar el fácil dominio del vehículo, así como en la construcción de las vías, el transporte siga cobrando víctimas. Podría decirse que es la irresponsabilidad de los conductores, algo que no puede negarse; también que es la falta de control por parte de las autoridades de tránsito. Sin embargo, no siempre se medita sobre lo que realmente significa el transporte: es una necesidad del ser humano y por lo tanto debe ser reconocido como un derecho público que requiere de la protección del Estado. No puede ser atendido como un negocio privado, peor aún al margen de las leyes y códigos laborales. Por lo tanto es responsabilidad prioritaria del gobernante proteger la vida de los usuarios del transporte. (O)
El transporte público no es solo responsabilidad del Estado, es también competencia de los gobiernos locales a todo nivel

Transporte y vida

El inicio del s.XX quedó marcado en Detroit, EE.UU., con la irrupción de la industria automovilística, sustentada a su vez en la industria del acero, material que tuvo mucha responsabilidad en el primer conflicto bélico mundial. Ciertamente Henry Ford, el pionero del automóvil, estaba motivado por la necesidad ayudar a la movilización de las personas en las crecientes urbes, que si bien ya contaban con el tranvía, éste medio de transporte está sujeto al sistema de rieles y a una ruta predeterminada. El automóvil fue la gran idea que contribuyó a dinamizar la tecnología y los nuevos métodos de producción, es decir en su conjunto la economía y también a perfilar el ciudadano del nuevo siglo. Crecieron las ciudades, la población, sin embargo, como suele decirse, no todo lo que brilla es oro y la nueva cultura del automóvil para mediados del siglo ya había cobrado la vida del primer millón de víctimas.

En el caso de nuestro país, es evidente que a Ecuador todo o casi todo llega con cierta tardanza. La construcción de las vías públicas fue impulsada por García Moreno, tanto de las carreteras como de la ferroviara a mediados del s.XIX, aunque el mérito del ferrocarril se lo reconoce a Eloy Alfaro. El tranvía tuvo una efímera existencia en Quito y Guayaquil, también en Ancón y Tenguel, aunque en estos sitios por la explotación petrolera y bananera respectivamente. En Cuenca, ciudad Atenas del Ecuador, iniciada la segunda década del s.XXI y por razones de patrimonio cultural, según su impulsor, se resuelve dotarla de transporte por tranvía.

Transcurrido más de un siglo, no solo el transporte sino la vida misma es impensable sin el automóvil, en todas sus versiones. Lo que no es admisible que pese a los avances tecnológicos logrados para asegurar el fácil dominio del vehículo, así como en la construcción de las vías, el transporte siga cobrando víctimas. Podría decirse que es la irresponsabilidad de los conductores, algo que no puede negarse; también que es la falta de control por parte de las autoridades de tránsito. Sin embargo, no siempre se medita sobre lo que realmente significa el transporte: es una necesidad del ser humano y por lo tanto debe ser reconocido como un derecho público que requiere de la protección del Estado. No puede ser atendido como un negocio privado, peor aún al margen de las leyes y códigos laborales. Por lo tanto es responsabilidad prioritaria del gobernante proteger la vida de los usuarios del transporte. (O)
El transporte público no es solo responsabilidad del Estado, es también competencia de los gobiernos locales a todo nivel