Transición en Cuba

Dentro de tres días, el 19 de abril de 2018, el Presidente cubano Raúl Castro dejará ese puesto que ejerce desde el año 2006, cuando recibió la posta de su hermano Fidel. Es prácticamente seguro que quien asumirá la Presidencia será el actual primer vicepresidente, Miguel Díaz-Canel. Este será un cambio mayor para la isla caribeña, pues por primera vez desde 1959 será gobernada por alguien que no combatió en la revolución y que no tiene el apellido Castro. En esta nueva etapa se profundizarán los cambios en el manejo de la economía. Ese proceso de transición ya está en marcha desde hace varios años. Un hito fue 2010 cuando el gobierno cubano amplió los sectores en los que se permite la “actividad por cuenta propia”, que es como se llama a la empresa privada en ese país. Además, a finales de 2016 hubo más de 535 mil trabajadores cubanos empleados en las 200 actividades privadas permitidas en Cuba. Esas cifras seguirán incrementándose a medida que la institucionalidad cubana profundice los mecanismos de participación de la empresa privada. El socialismo cubano como lo conocemos terminará.
Pero, si empezaban a frotarse las manos pensando que se viene una “perestroika a la cubana” y que el capitalismo a gran escala se apoderará de inmediato de Cuba, deberían abandonar esa idea. El socialismo es algo arraigado en ese país, por lo que los cambios serán paulatinos y tomarán lustros. Además, no se espera que la isla caribeña se dirija hacia una economía de casino como la estadounidense, sino más bien hacia un sistema de corte socialdemócrata, basado en el Estado de bienestar. Para ello, el otro reto mayor de Cuba será la democratización de su modelo de gobierno, lo que implica acabar con el sistema de partido único. Aunque esa tarea seguirá pendiente, pues Raúl Castro dejará la Presidencia de Cuba pero seguirá manteniendo el control del Partido Comunista. Por otra parte, la apertura cubana dependerá en buena medida de las decisiones que adopte EEUU, en relación con el bloqueo y el proceso de normalización de las relaciones con Cuba. Nuevas acciones del gobierno estadounidense de Donald Trump, para retroceder en los avances alcanzados en la era Obama, serán contraproducentes. Si Trump cree que con presiones logrará que el gobierno cubano se ponga de rodillas, se equivoca. La historia nos enseña que las medidas de presión fortalecen la imagen del “imperio enemigo de la revolución”, y dan nuevos argumentos a la línea dura anti apertura en Cuba. (O)

La salida de Raúl Castro de la Presidencia de Cuba facilitará una transición, que acabará con el socialismo cubano que conocemos

Transición en Cuba

Dentro de tres días, el 19 de abril de 2018, el Presidente cubano Raúl Castro dejará ese puesto que ejerce desde el año 2006, cuando recibió la posta de su hermano Fidel. Es prácticamente seguro que quien asumirá la Presidencia será el actual primer vicepresidente, Miguel Díaz-Canel. Este será un cambio mayor para la isla caribeña, pues por primera vez desde 1959 será gobernada por alguien que no combatió en la revolución y que no tiene el apellido Castro. En esta nueva etapa se profundizarán los cambios en el manejo de la economía. Ese proceso de transición ya está en marcha desde hace varios años. Un hito fue 2010 cuando el gobierno cubano amplió los sectores en los que se permite la “actividad por cuenta propia”, que es como se llama a la empresa privada en ese país. Además, a finales de 2016 hubo más de 535 mil trabajadores cubanos empleados en las 200 actividades privadas permitidas en Cuba. Esas cifras seguirán incrementándose a medida que la institucionalidad cubana profundice los mecanismos de participación de la empresa privada. El socialismo cubano como lo conocemos terminará.
Pero, si empezaban a frotarse las manos pensando que se viene una “perestroika a la cubana” y que el capitalismo a gran escala se apoderará de inmediato de Cuba, deberían abandonar esa idea. El socialismo es algo arraigado en ese país, por lo que los cambios serán paulatinos y tomarán lustros. Además, no se espera que la isla caribeña se dirija hacia una economía de casino como la estadounidense, sino más bien hacia un sistema de corte socialdemócrata, basado en el Estado de bienestar. Para ello, el otro reto mayor de Cuba será la democratización de su modelo de gobierno, lo que implica acabar con el sistema de partido único. Aunque esa tarea seguirá pendiente, pues Raúl Castro dejará la Presidencia de Cuba pero seguirá manteniendo el control del Partido Comunista. Por otra parte, la apertura cubana dependerá en buena medida de las decisiones que adopte EEUU, en relación con el bloqueo y el proceso de normalización de las relaciones con Cuba. Nuevas acciones del gobierno estadounidense de Donald Trump, para retroceder en los avances alcanzados en la era Obama, serán contraproducentes. Si Trump cree que con presiones logrará que el gobierno cubano se ponga de rodillas, se equivoca. La historia nos enseña que las medidas de presión fortalecen la imagen del “imperio enemigo de la revolución”, y dan nuevos argumentos a la línea dura anti apertura en Cuba. (O)

La salida de Raúl Castro de la Presidencia de Cuba facilitará una transición, que acabará con el socialismo cubano que conocemos