Traducción

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San  Jerónimo de Estridón, padre de la Iglesia, el patrón de los traductores, fue quien tradujo por encargo del papa Dámaso I el texto de la Biblia del griego y del hebreo al latín, la Vulgata, es decir, el libro sagrado para el vulgo. Su frase histórica más conocida es “non verbum e verbo, sed sensum exprimere de sensu”, que quiere decir, “no expresando palabra por palabra sino sentido por sentido”.
Esta máxima establece la responsabilidad que debe tener cualquier tipo de traducción. Si usted quiere traducir algo “literalmente” palabra por palabra, tratando de reconstruir la lengua de destino, a la más alta fidelidad de la lengua fuente, está en un grave error. San Jerónimo llamaba a esta traducción literal o copia, extravagancia y zafiedad.
Y si se trata de la traducción literal de la poesía sería además un pecado mortal. Es imposible traducir poesía sin ser poeta-traductor. Lo que interesa en este caso no es lo “literal” ni lo exacto, sino la capacidad artística y léxica para poder re-construir el ethos del poema, el sentido del texto, desde la lengua original hacia la lengua de destino.
El ejercicio de la traducción poética en la traducción arquitectónica, siguiendo a San Jerónimo, se hace pertinente. Si el arquitecto toma partido para su proyecto, por ejemplo, desde los sentidos de la arquitectura popular o vernácula (lenguaje original), debe re-construir su ethos hacia el nuevo proyecto con un lenguaje contemporáneo (lenguaje destino). La tentación de hacer una traducción literal del lenguaje fuente al lenguaje destino, de este modo, se habrá superado por una nueva realidad.
Para hacer buena arquitectura en la ciudad y en el área rural es necesario ser devotos de San Jerónimo, el buen patrón y amigo de los acuciosos traductores. (O)
Es necesario ser devotos
de San Jerónimo, el buen patrón y amigo
de los
acuciosos traductores.

Traducción

San  Jerónimo de Estridón, padre de la Iglesia, el patrón de los traductores, fue quien tradujo por encargo del papa Dámaso I el texto de la Biblia del griego y del hebreo al latín, la Vulgata, es decir, el libro sagrado para el vulgo. Su frase histórica más conocida es “non verbum e verbo, sed sensum exprimere de sensu”, que quiere decir, “no expresando palabra por palabra sino sentido por sentido”.
Esta máxima establece la responsabilidad que debe tener cualquier tipo de traducción. Si usted quiere traducir algo “literalmente” palabra por palabra, tratando de reconstruir la lengua de destino, a la más alta fidelidad de la lengua fuente, está en un grave error. San Jerónimo llamaba a esta traducción literal o copia, extravagancia y zafiedad.
Y si se trata de la traducción literal de la poesía sería además un pecado mortal. Es imposible traducir poesía sin ser poeta-traductor. Lo que interesa en este caso no es lo “literal” ni lo exacto, sino la capacidad artística y léxica para poder re-construir el ethos del poema, el sentido del texto, desde la lengua original hacia la lengua de destino.
El ejercicio de la traducción poética en la traducción arquitectónica, siguiendo a San Jerónimo, se hace pertinente. Si el arquitecto toma partido para su proyecto, por ejemplo, desde los sentidos de la arquitectura popular o vernácula (lenguaje original), debe re-construir su ethos hacia el nuevo proyecto con un lenguaje contemporáneo (lenguaje destino). La tentación de hacer una traducción literal del lenguaje fuente al lenguaje destino, de este modo, se habrá superado por una nueva realidad.
Para hacer buena arquitectura en la ciudad y en el área rural es necesario ser devotos de San Jerónimo, el buen patrón y amigo de los acuciosos traductores. (O)
Es necesario ser devotos
de San Jerónimo, el buen patrón y amigo
de los
acuciosos traductores.

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