Tótem y tabú

El 18 de mayo la expresidenta Cristina Fernández, del peronismo de orientación centro izquierdista, anunció que se postulaba como candidata a la vicepresidencia de Argentina en binomio con quien fuera Jefe de Gabinete del gobierno de su difunto esposo, Néstor Kirchner. La hipótesis que se barajaba daba por hecho que si la señora Fernández corre como candidata lo haría por la Presidencia a disputarse en las elecciones de octubre próximo. Ahora más bien, el presidente en funciones Mauricio Macri estaría analizando seriamente la posibilidad de no presentarse para un segundo mandato. Entendemos que prevé una segura derrota ante el descalabro económico y social de su gobierno. Más del 30% de pobreza, una gigantesca deuda externa, inflación galopante (alrededor del 50%), desempleo desenfrenado, serios problemas en su balanza de pagos, fuerte pérdida de la competitividad de la producción nacional, riego país por las nubes, etc.etc., configuran un catastrófico cuadro. Todas las encuestas y sondeos de opinión ubican a la ex mandataria como favorita. Muchos analistas y los líderes de la derecha se preguntan: ¿Cómo es posible que una ex presidenta, sobre quien pesa un montón de acusaciones y demandas judiciales respecto a supuestos actos de corrupción, sea la persona con mayor apoyo popular?. La respuesta sería multifactorial. En primer lugar, se explicaría por la notable política social (asistencialista o no) impulsada por el kirchnerismo, que fue capaz de plasmar en la gestión gubernamental lo más tradicional del peronismo populista -que continúa siendo “el hecho maldito para la burguesía argentina”, según sostenía el dirigente peronista William Cooke en los años 50 del siglo pasado- En segundo lugar, se podría hablar de políticas comparadas: Para la mayoría de argentinos, con los Kirchner estaban mejor que con Mauricio Macri, así de simple. En tercer lugar habría que señalar que el “Lawfare” y las acusaciones contra Cristina, no han podido ser demostradas de manera fehaciente a pesar de las enormes presiones mediáticas y de las elites económicas. Cristina Fernández de Kirchner se mueve entre ser un adorado y venerados tótem y un odiado o prohibido tabú. Lo que está claro es que el peronismo, con todos su matices, a lo largo de los últimos 70 años, ha sido un actor fundamental en el escenario argentino. Casi casi que para se Presidente hay que ser peronista. En octubre se sabrá si el peronismo vuelve a la Casa Rosada. Todo parece indicar que sí. (O)
En América Latina, ante el fracaso de gobiernos neoliberales es altamente probable que retornen gobiernos progresistas.

Tótem y tabú

El 18 de mayo la expresidenta Cristina Fernández, del peronismo de orientación centro izquierdista, anunció que se postulaba como candidata a la vicepresidencia de Argentina en binomio con quien fuera Jefe de Gabinete del gobierno de su difunto esposo, Néstor Kirchner. La hipótesis que se barajaba daba por hecho que si la señora Fernández corre como candidata lo haría por la Presidencia a disputarse en las elecciones de octubre próximo. Ahora más bien, el presidente en funciones Mauricio Macri estaría analizando seriamente la posibilidad de no presentarse para un segundo mandato. Entendemos que prevé una segura derrota ante el descalabro económico y social de su gobierno. Más del 30% de pobreza, una gigantesca deuda externa, inflación galopante (alrededor del 50%), desempleo desenfrenado, serios problemas en su balanza de pagos, fuerte pérdida de la competitividad de la producción nacional, riego país por las nubes, etc.etc., configuran un catastrófico cuadro. Todas las encuestas y sondeos de opinión ubican a la ex mandataria como favorita. Muchos analistas y los líderes de la derecha se preguntan: ¿Cómo es posible que una ex presidenta, sobre quien pesa un montón de acusaciones y demandas judiciales respecto a supuestos actos de corrupción, sea la persona con mayor apoyo popular?. La respuesta sería multifactorial. En primer lugar, se explicaría por la notable política social (asistencialista o no) impulsada por el kirchnerismo, que fue capaz de plasmar en la gestión gubernamental lo más tradicional del peronismo populista -que continúa siendo “el hecho maldito para la burguesía argentina”, según sostenía el dirigente peronista William Cooke en los años 50 del siglo pasado- En segundo lugar, se podría hablar de políticas comparadas: Para la mayoría de argentinos, con los Kirchner estaban mejor que con Mauricio Macri, así de simple. En tercer lugar habría que señalar que el “Lawfare” y las acusaciones contra Cristina, no han podido ser demostradas de manera fehaciente a pesar de las enormes presiones mediáticas y de las elites económicas. Cristina Fernández de Kirchner se mueve entre ser un adorado y venerados tótem y un odiado o prohibido tabú. Lo que está claro es que el peronismo, con todos su matices, a lo largo de los últimos 70 años, ha sido un actor fundamental en el escenario argentino. Casi casi que para se Presidente hay que ser peronista. En octubre se sabrá si el peronismo vuelve a la Casa Rosada. Todo parece indicar que sí. (O)
En América Latina, ante el fracaso de gobiernos neoliberales es altamente probable que retornen gobiernos progresistas.