Torcer la justicia

El tema de la justicia en los tribunales, sale con frecuencia en la Biblia. Se ve que a Dios le preocupa el asunto. Cuando los jueces dictan sentencia, se discute el tema con pasión y hay opiniones controvertidas y controversiales.
Los profetas atacaron con frecuencia la corrupción de los poderosos y de los jueces de su tiempo.
Isaías denuncia a “los que hacen condenar a otro porque saben hablar y les meten trampas a los jueces a la puerta de la ciudad, y niegan, por una coma, el derecho del bueno” (29,21).
Amós, denuncia la realidad judicial de su época. Sus citas son abundantes. Veamos algunas: “¡Ay de ustedes, que transforman las leyes en algo tan amargo como el ajenjo y tiran por el suelo la justicia! Ustedes odian al que defiende lo justo en el tribunal y aborrecen a todo el que dice la verdad” (5,10). “Yo sé que son muchos sus crímenes y enormes sus pecados, opresores de la gente buena, que exigen dinero anticipado y hacen perder su juicio al pobre en los tribunales” (5, 12). “¿Galopan por las rocas los caballos o se ara el mar con bueyes, para que ustedes cambien en veneno el derecho o en ajenjo las sentencias del tribunal?” (6, 13).
Miqueas hace una lastimera descripción de su sociedad, que desgraciadamente no está lejos de nuestra realidad: “Los creyentes han desaparecido del país, y entre sus habitantes no se encuentra ni siquiera un hombre justo. Sus manos son buenas para hacer el mal: el príncipe es exigente; el juez se deja comprar; el poderoso decide lo que le conviene. Su bondad es como cardo, su honradez peor que una hilera de espinos” (7,2-4).
Pero los profetas no se dedicaban sólo a denunciar, también sabían dar esperanzas. Isaías anuncia la era mesiánica, en la que llegará la verdadera justicia: “Cuando se haya terminado la opresión, haya desaparecido el tirano, y se hayan alejado los que aplastan el país, entonces, el trono tendrá como base la dulzura y en él se sentará con confianza… un juez amante del derecho, y dispuesto a hacer justicia” (16,5).
Los salmos recriminan con dureza a los jueces corruptos: “¿Hasta cuándo serán jueces injustos, que sólo favorecen al impío?” (82, 2).
La Biblia es una fuente permanente para explorar el tema de la justicia de Dios y la de nosotros. En esa fuente descubrimos a los profetas, quienes junto con su pueblo exigen que la justicia crezca como un torrente inagotable y denuncian a los jueces que corrompen la vida de los inocentes y venden su conciencia al impostor. (O)
En la Biblia descubrimos a los profetas, que denuncian a los jueces que corrompen al inocente y venden su conciencia al impostor.

Torcer la justicia

El tema de la justicia en los tribunales, sale con frecuencia en la Biblia. Se ve que a Dios le preocupa el asunto. Cuando los jueces dictan sentencia, se discute el tema con pasión y hay opiniones controvertidas y controversiales.
Los profetas atacaron con frecuencia la corrupción de los poderosos y de los jueces de su tiempo.
Isaías denuncia a “los que hacen condenar a otro porque saben hablar y les meten trampas a los jueces a la puerta de la ciudad, y niegan, por una coma, el derecho del bueno” (29,21).
Amós, denuncia la realidad judicial de su época. Sus citas son abundantes. Veamos algunas: “¡Ay de ustedes, que transforman las leyes en algo tan amargo como el ajenjo y tiran por el suelo la justicia! Ustedes odian al que defiende lo justo en el tribunal y aborrecen a todo el que dice la verdad” (5,10). “Yo sé que son muchos sus crímenes y enormes sus pecados, opresores de la gente buena, que exigen dinero anticipado y hacen perder su juicio al pobre en los tribunales” (5, 12). “¿Galopan por las rocas los caballos o se ara el mar con bueyes, para que ustedes cambien en veneno el derecho o en ajenjo las sentencias del tribunal?” (6, 13).
Miqueas hace una lastimera descripción de su sociedad, que desgraciadamente no está lejos de nuestra realidad: “Los creyentes han desaparecido del país, y entre sus habitantes no se encuentra ni siquiera un hombre justo. Sus manos son buenas para hacer el mal: el príncipe es exigente; el juez se deja comprar; el poderoso decide lo que le conviene. Su bondad es como cardo, su honradez peor que una hilera de espinos” (7,2-4).
Pero los profetas no se dedicaban sólo a denunciar, también sabían dar esperanzas. Isaías anuncia la era mesiánica, en la que llegará la verdadera justicia: “Cuando se haya terminado la opresión, haya desaparecido el tirano, y se hayan alejado los que aplastan el país, entonces, el trono tendrá como base la dulzura y en él se sentará con confianza… un juez amante del derecho, y dispuesto a hacer justicia” (16,5).
Los salmos recriminan con dureza a los jueces corruptos: “¿Hasta cuándo serán jueces injustos, que sólo favorecen al impío?” (82, 2).
La Biblia es una fuente permanente para explorar el tema de la justicia de Dios y la de nosotros. En esa fuente descubrimos a los profetas, quienes junto con su pueblo exigen que la justicia crezca como un torrente inagotable y denuncian a los jueces que corrompen la vida de los inocentes y venden su conciencia al impostor. (O)
En la Biblia descubrimos a los profetas, que denuncian a los jueces que corrompen al inocente y venden su conciencia al impostor.