Terror y Estado


Esta última semana estuvo marcada por los graves actos de terror cometidos por disidentes de las FARC -delincuencia común- al haber ejecutado a los tres ecuatorianos del equipo periodístico de El Comercio. Los ecuatorianos hemos rechazado de forma tajante este hecho que evidencia como el narcotráfico es un problema que pervive en nuestra América Latina, a pesar de las miles de víctimas que ha dejado la guerra contra las drogas. Esta aflictiva tragedia que sumada con los militares asesinados en días previos, llega ya a un número de siete ecuatorianos que fallecieron víctimas de las balas de los delincuentes han generado reacciones. Desde la solidaridad que sé ha expresado en las calles, redes sociales, medios de comunicación que han acompañado el dolor de las familias de los compatriotas que perdieron sus vidas.
Pero también hemos visto la reacción de ciertos ciudadanos que con una amnesia -esperemos temporal-, o cegados por la ira, el odio o la impotencia se manifestaron como adoradores de un viejo caudillo, que treinta años antes fue responsable del debilitamiento del Estado de Derecho, al cometer graves violaciones de los derechos humanos. Quizás quienes no tenemos mucha edad, y por eso no tengamos los recuerdos de los famosos escuadrones volantes, que fueron responsables de la tortura, las agresiones e incluso la desaparición de adolescentes que su único delito era llevar el cabello largo. No olvidemos lo que alguien de ese gobierno decía: “Si una mínima porción, ínfima porción, la porción podrida de la población tiene que caer abatida, tendrá que caer abatida”. Esa era la política de un gobierno que terminó con la vida de los hermanos Restrepo, que hasta el día de hoy mantienen su status de desaparecidos.
El terrorismo como la delincuencia común debe ser combatida, pero bajo el imperio de la ley, el reconocimiento y protección de los derechos fundamentales, como elementos del Estado de Derecho. Jamás bajo el pretexto de “la hora de la patria” se debe pensar que el terrorismo de Estado es la respuesta. Algunos más ingenuos creen que la solución es volver a hipotecar nuestra soberanía con bases militares estadounidenses. Para ellos la pregunta es: si tan efectivas son las mismas ¿Por qué en Colombia, donde hay siete bases militares estadounidenses el narcotráfico está tan campante? Al final una respuesta racional y muy sencilla es: al terror se le debe combatir con paz y unidad. (O)

Terror y Estado


Esta última semana estuvo marcada por los graves actos de terror cometidos por disidentes de las FARC -delincuencia común- al haber ejecutado a los tres ecuatorianos del equipo periodístico de El Comercio. Los ecuatorianos hemos rechazado de forma tajante este hecho que evidencia como el narcotráfico es un problema que pervive en nuestra América Latina, a pesar de las miles de víctimas que ha dejado la guerra contra las drogas. Esta aflictiva tragedia que sumada con los militares asesinados en días previos, llega ya a un número de siete ecuatorianos que fallecieron víctimas de las balas de los delincuentes han generado reacciones. Desde la solidaridad que sé ha expresado en las calles, redes sociales, medios de comunicación que han acompañado el dolor de las familias de los compatriotas que perdieron sus vidas.
Pero también hemos visto la reacción de ciertos ciudadanos que con una amnesia -esperemos temporal-, o cegados por la ira, el odio o la impotencia se manifestaron como adoradores de un viejo caudillo, que treinta años antes fue responsable del debilitamiento del Estado de Derecho, al cometer graves violaciones de los derechos humanos. Quizás quienes no tenemos mucha edad, y por eso no tengamos los recuerdos de los famosos escuadrones volantes, que fueron responsables de la tortura, las agresiones e incluso la desaparición de adolescentes que su único delito era llevar el cabello largo. No olvidemos lo que alguien de ese gobierno decía: “Si una mínima porción, ínfima porción, la porción podrida de la población tiene que caer abatida, tendrá que caer abatida”. Esa era la política de un gobierno que terminó con la vida de los hermanos Restrepo, que hasta el día de hoy mantienen su status de desaparecidos.
El terrorismo como la delincuencia común debe ser combatida, pero bajo el imperio de la ley, el reconocimiento y protección de los derechos fundamentales, como elementos del Estado de Derecho. Jamás bajo el pretexto de “la hora de la patria” se debe pensar que el terrorismo de Estado es la respuesta. Algunos más ingenuos creen que la solución es volver a hipotecar nuestra soberanía con bases militares estadounidenses. Para ellos la pregunta es: si tan efectivas son las mismas ¿Por qué en Colombia, donde hay siete bases militares estadounidenses el narcotráfico está tan campante? Al final una respuesta racional y muy sencilla es: al terror se le debe combatir con paz y unidad. (O)