Telmo Herrera

Visto

Quisiera comenzar esta reflexión sobre el libro titulado “Personajes”, de Telmo Herrera (Mira, 1948), subrayando el hecho de que él es un personaje en sí mismo. Me explico. Cuando conocí a Telmo, a quien antes había visto como un excéntrico experto en lucha libre, con una barba muy larga en una obra de ficción de Viviana Cordero, es decir como personaje de un film ecuatoriano y también de quien había escuchado hablar por su larga trayectoria en el teatro parisino, tuve la impresión de que estaba ante alguien sin duda especial. Generoso, observador, paciente, pero también firme y directo, Telmo cultiva la conversación de sobremesa como un verdadero subgénero literario y está adornado por la curiosa característica de que le gusta abrazar a las personas. Es, además de director de teatro, novelista y actor, también artista plástico. Es decir, como diríamos coloquialmente, es todo un personaje.


Por supuesto, el título de la obra hace referencia al mundo dramático, específicamente a aquellas entidades espirituales creadas en y por el intelecto de un autor que se materializan en el cuerpo de terceras personas conocidas bajo el nombre o seudónimo de algún actor o actriz, seres de quienes podemos decir, o sospechar, que habitan siempre al límite de algún tipo de psicopatología de trastorno de la personalidad y que tienen por oficio dar vida a personajes de toda índole. Precisamente, el volumen publicado por la editorial española Atopía reúne 9 obras que comparten características formales y que, a su vez, expresan el universo temático de este autor ecuatoriano en exilio espiritual en Francia ¿Por qué digo esto? Porque Telmo Herrera si bien vive por más de cuarenta años en París no ha perdido algo que solo puedo identificar como su profunda ecuatorianidad ¿Qué significa eso? No sé cómo explicarlo. Es como cuando un fantasma identifica a otro en un salón repleto de gente. Los dos lo saben pero nadie más puede hacerlo. Lo cierto es que nunca cortó lazos completamente con su país de origen. Sin embargo su creación, tanto la literaria como la dramática, se ha nutrido directamente de fuentes de vanguardia. Hay momentos en que las ideas parecen hablar más fuerte que su escritura, lo cual es comprensible pues, hay que tenerlo claro, se trata de obras que están pensadas para ser puestas en escena, es decir, si bien su medio es la escritura su fin es la acción dramática. Esa es la esencia del teatro. Esa es la esencia de los personajes de Herrera. (O)


Hay momentos en que las ideas parecen hablar más fuerte que su escritura... se trata de obras que están pensadas para ser puestas en escena.

Telmo Herrera

Quisiera comenzar esta reflexión sobre el libro titulado “Personajes”, de Telmo Herrera (Mira, 1948), subrayando el hecho de que él es un personaje en sí mismo. Me explico. Cuando conocí a Telmo, a quien antes había visto como un excéntrico experto en lucha libre, con una barba muy larga en una obra de ficción de Viviana Cordero, es decir como personaje de un film ecuatoriano y también de quien había escuchado hablar por su larga trayectoria en el teatro parisino, tuve la impresión de que estaba ante alguien sin duda especial. Generoso, observador, paciente, pero también firme y directo, Telmo cultiva la conversación de sobremesa como un verdadero subgénero literario y está adornado por la curiosa característica de que le gusta abrazar a las personas. Es, además de director de teatro, novelista y actor, también artista plástico. Es decir, como diríamos coloquialmente, es todo un personaje.


Por supuesto, el título de la obra hace referencia al mundo dramático, específicamente a aquellas entidades espirituales creadas en y por el intelecto de un autor que se materializan en el cuerpo de terceras personas conocidas bajo el nombre o seudónimo de algún actor o actriz, seres de quienes podemos decir, o sospechar, que habitan siempre al límite de algún tipo de psicopatología de trastorno de la personalidad y que tienen por oficio dar vida a personajes de toda índole. Precisamente, el volumen publicado por la editorial española Atopía reúne 9 obras que comparten características formales y que, a su vez, expresan el universo temático de este autor ecuatoriano en exilio espiritual en Francia ¿Por qué digo esto? Porque Telmo Herrera si bien vive por más de cuarenta años en París no ha perdido algo que solo puedo identificar como su profunda ecuatorianidad ¿Qué significa eso? No sé cómo explicarlo. Es como cuando un fantasma identifica a otro en un salón repleto de gente. Los dos lo saben pero nadie más puede hacerlo. Lo cierto es que nunca cortó lazos completamente con su país de origen. Sin embargo su creación, tanto la literaria como la dramática, se ha nutrido directamente de fuentes de vanguardia. Hay momentos en que las ideas parecen hablar más fuerte que su escritura, lo cual es comprensible pues, hay que tenerlo claro, se trata de obras que están pensadas para ser puestas en escena, es decir, si bien su medio es la escritura su fin es la acción dramática. Esa es la esencia del teatro. Esa es la esencia de los personajes de Herrera. (O)


Hay momentos en que las ideas parecen hablar más fuerte que su escritura... se trata de obras que están pensadas para ser puestas en escena.

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