“Suits” y su imagen de los abogados

A pesar de su carácter innovador, la importancia de nuevos métodos, técnicas, o formas de enseñanza del Derecho está siempre en tela de duda, por su limitada implementación en la práctica. En este sentido, la literatura, el cine, o incluso las series de televisión pueden ser útiles para una aproximación a temas jurídicos. Sin embargo, esta vez no pretendo hacer una defensa de estas metodologías novedosas, sino realizar una breve reflexión sobre la serie “Suits”, y la imagen que denota sobre los abogados. Suits nos muestra a Harvey Specter, un abogado corporativo que trabaja en Pearson Hardman, que en una entrevista para contratar a un nuevo colega asociado, finalmente selecciona a Mike Ross, un joven exestudiante de Derecho en Harvard, sin licencia de abogado.
Este hecho será el eje fundamental de esta historia, que contiene algunos elementos cotidianos, estrambóticos, unos realistas y otros no tan apegados a la actividad del ejercicio profesional. En primer lugar, se muestra la complejidad del dilema entre la legalidad y la justicia, pues esta serie atribuye a los operadores judiciales una actitud a momentos cínica y contrapuesta a la lealtad procesal, con el fin de lograr una decisión favorable a sus intereses por más que estos sean “de buena fe”. En esta caracterización de la actividad jurídica, entra en juego una clásica discusión sobre si el irrestricto respeto a la reglas jurídicas puede conllevar a una resolución justa de un conflicto, o si para llegar a ese ideal del Derecho es necesario obviar las normas.
Asimismo, se representa a los profesionales del Derecho utilizando triquiñuelas, con el objetivo de lograr soluciones rápidas a problemas complicados, como cuando Harvey, Mike y Jessica engañan a Hardman sobre la existencia de un documento, que evidenciaría a este último como responsable de un fraude a su propia firma. Claro, alguien dirá que este ejemplo es exagerado, y, sin duda, lo es; no obstante, ¿Hasta qué punto esa caracterización de los abogados es cierta? Esa es la cuestión de fondo.
Un último retrato, quizás el más estrambótico y, para mí, controversial es la posibilidad de un lego, que no terminó la carrera de Derecho, con su impresionante memoria eidética, pueda tener mejores conocimientos, habilidades y destrezas que sus compañeros que si lo hicieron en la Universidad de Harvard. Esto nos lleva a pensar a todos quienes somos abogados: ¿Qué aprendemos en la carrera? Mi respuesta, citando a Schauer: “Pensar como un abogado.” No obstante, recomiendo que vean esta serie y generen sus propias reflexiones, críticas y objeciones.(O)

“Suits” y su imagen de los abogados

A pesar de su carácter innovador, la importancia de nuevos métodos, técnicas, o formas de enseñanza del Derecho está siempre en tela de duda, por su limitada implementación en la práctica. En este sentido, la literatura, el cine, o incluso las series de televisión pueden ser útiles para una aproximación a temas jurídicos. Sin embargo, esta vez no pretendo hacer una defensa de estas metodologías novedosas, sino realizar una breve reflexión sobre la serie “Suits”, y la imagen que denota sobre los abogados. Suits nos muestra a Harvey Specter, un abogado corporativo que trabaja en Pearson Hardman, que en una entrevista para contratar a un nuevo colega asociado, finalmente selecciona a Mike Ross, un joven exestudiante de Derecho en Harvard, sin licencia de abogado.
Este hecho será el eje fundamental de esta historia, que contiene algunos elementos cotidianos, estrambóticos, unos realistas y otros no tan apegados a la actividad del ejercicio profesional. En primer lugar, se muestra la complejidad del dilema entre la legalidad y la justicia, pues esta serie atribuye a los operadores judiciales una actitud a momentos cínica y contrapuesta a la lealtad procesal, con el fin de lograr una decisión favorable a sus intereses por más que estos sean “de buena fe”. En esta caracterización de la actividad jurídica, entra en juego una clásica discusión sobre si el irrestricto respeto a la reglas jurídicas puede conllevar a una resolución justa de un conflicto, o si para llegar a ese ideal del Derecho es necesario obviar las normas.
Asimismo, se representa a los profesionales del Derecho utilizando triquiñuelas, con el objetivo de lograr soluciones rápidas a problemas complicados, como cuando Harvey, Mike y Jessica engañan a Hardman sobre la existencia de un documento, que evidenciaría a este último como responsable de un fraude a su propia firma. Claro, alguien dirá que este ejemplo es exagerado, y, sin duda, lo es; no obstante, ¿Hasta qué punto esa caracterización de los abogados es cierta? Esa es la cuestión de fondo.
Un último retrato, quizás el más estrambótico y, para mí, controversial es la posibilidad de un lego, que no terminó la carrera de Derecho, con su impresionante memoria eidética, pueda tener mejores conocimientos, habilidades y destrezas que sus compañeros que si lo hicieron en la Universidad de Harvard. Esto nos lleva a pensar a todos quienes somos abogados: ¿Qué aprendemos en la carrera? Mi respuesta, citando a Schauer: “Pensar como un abogado.” No obstante, recomiendo que vean esta serie y generen sus propias reflexiones, críticas y objeciones.(O)