Subsidios y diezmos

La ciudadanía parece estar conmocionada por el tema que ha sido la noticia principal de los últimos días: los subsidios. ¿Son buenos o malos? Ni lo uno, ni lo otro. El ‘subsidio’ es una medida de política económica utilizada en todos los países del orbe; su carácter depende, lógicamente, de los objetivos de esa política, pudiendo suceder que como resultado de su aplicación unos actores se sientan beneficiados y otros perjudicados. Me explico: desde mediados del siglo pasado, EE.UU. y los países de la Unión Europea subsidian la exportación de su producción agrícola; esta práctica beneficia a sus productores, en perjuicio de los productores de los países del llamado tercer mundo.
En el caso ecuatoriano, el subsidio más cuestionado durante la última década, ha sido el aplicado para el consumo del gas y la gasolina. En el caso del primero, desde que el país entró en la era petrolera, se convirtió en el principal energético, tanto de consumo doméstico como industrial. Recordemos que a pesar de habernos convertido en exportadores de petróleo, al mismo tiempo, hemos sido y seguimos siendo importadores de gas licuado. El GLP convertido en una codiciada mercancía no podía dejar de incidir en la política nacional con la consecuente incidencia en los diferentes actores. Aún no se ha borrado de la memoria la escena en la Plaza de la Independencia, cuando el residente de turno en Carondelet, luego de anunciar el consabido paquetazo con la elevación del costo del gas, incapaz de detener la furia popular, comenzó a dar pie atrás reduciendo el monto anunciado a retazos para finalmente salir en huida desesperada. El subsidio al gas y a la gasolina es nuevamente motivo de política casera. La obra pública ha sido satanizada y, casi como un paquetazo anunciado gota a gota, se la identifica con el mal de todos los males: el subsidio. No sorprende que el FMI, por medio de su vocera Christine Lagarde, recomendó que las naciones se encaminen hacia la eliminación de los subsidios a los combustibles considerando que solo contribuyen a la quema de combustibles fósiles y afectan al medio ambiente. Al anuncio de la elevación del costo de las gasolinas siguió otro: se ofreció un subsidio primero de 50, luego de 100 dólares mensuales, a los dueños de taxis y de vehículos de transporte pesado. En todo caso esta resultaría ser una compensación para un grupo de personas específicas y, por tanto, se trataría concretamente del pago de diezmos. (O)
EE.UU. y la Unión Europea, entre los más grandes contaminadores del medio ambiente, ¿escucharán la recomendación de Lagarde?

Subsidios y diezmos

La ciudadanía parece estar conmocionada por el tema que ha sido la noticia principal de los últimos días: los subsidios. ¿Son buenos o malos? Ni lo uno, ni lo otro. El ‘subsidio’ es una medida de política económica utilizada en todos los países del orbe; su carácter depende, lógicamente, de los objetivos de esa política, pudiendo suceder que como resultado de su aplicación unos actores se sientan beneficiados y otros perjudicados. Me explico: desde mediados del siglo pasado, EE.UU. y los países de la Unión Europea subsidian la exportación de su producción agrícola; esta práctica beneficia a sus productores, en perjuicio de los productores de los países del llamado tercer mundo.
En el caso ecuatoriano, el subsidio más cuestionado durante la última década, ha sido el aplicado para el consumo del gas y la gasolina. En el caso del primero, desde que el país entró en la era petrolera, se convirtió en el principal energético, tanto de consumo doméstico como industrial. Recordemos que a pesar de habernos convertido en exportadores de petróleo, al mismo tiempo, hemos sido y seguimos siendo importadores de gas licuado. El GLP convertido en una codiciada mercancía no podía dejar de incidir en la política nacional con la consecuente incidencia en los diferentes actores. Aún no se ha borrado de la memoria la escena en la Plaza de la Independencia, cuando el residente de turno en Carondelet, luego de anunciar el consabido paquetazo con la elevación del costo del gas, incapaz de detener la furia popular, comenzó a dar pie atrás reduciendo el monto anunciado a retazos para finalmente salir en huida desesperada. El subsidio al gas y a la gasolina es nuevamente motivo de política casera. La obra pública ha sido satanizada y, casi como un paquetazo anunciado gota a gota, se la identifica con el mal de todos los males: el subsidio. No sorprende que el FMI, por medio de su vocera Christine Lagarde, recomendó que las naciones se encaminen hacia la eliminación de los subsidios a los combustibles considerando que solo contribuyen a la quema de combustibles fósiles y afectan al medio ambiente. Al anuncio de la elevación del costo de las gasolinas siguió otro: se ofreció un subsidio primero de 50, luego de 100 dólares mensuales, a los dueños de taxis y de vehículos de transporte pesado. En todo caso esta resultaría ser una compensación para un grupo de personas específicas y, por tanto, se trataría concretamente del pago de diezmos. (O)
EE.UU. y la Unión Europea, entre los más grandes contaminadores del medio ambiente, ¿escucharán la recomendación de Lagarde?