Son solo medios

La comunicación social es una herramienta que beneficia a la sociedad, facilitando la participación informada de los ciudadanos en los procesos del desarrollo humano. Los medios de comunicación unen a la gente en la búsqueda de propósitos y objetivos comunes, y son necesarios e indispensables en la conformación de las sociedades democráticas. Sin embargo, los medios de comunicación también pueden usarse para bloquear a la comunidad y menoscabar el bien integral de las personas alienándolas, marginándolas o aislándolas; arrastrándolas hacia comunidades perversas organizadas alrededor de valores falsos y destructivos; favoreciendo la hostilidad y el conflicto; criticando excesivamente a los demás; y presentando lo que es soez y degradante con un aspecto atractivo e ignorando o ridiculizando lo que eleva y ennoblece, favoreciendo la trivialidad y la banalidad.
La Iglesia como institución, no ha podido escapar a ese ataque mediático. ¿Será porque víctima de sus propios escarnios, ha puesto en evidencia la matriz del pecado que subyace en la humanidad de sus miembros? Las simplificaciones mediáticas dejan a su inmensa obra, incluyendo la Buena Nueva del Evangelio en un evidente “fuera de juego”, por usar una metáfora deportiva. Además porque las categorías mediáticas no sirven para medir estos fenómenos.
Será por esto, que el Papa Francisco en una entrevista concedida al periodista español Jordi Évole del canal La Sexta, transmitida el 31 de marzo anterior, alertó sobre cuatro pecados o cuatro actitudes en las que pueden caer los periodistas y los medios de comunicación, “que los amenazan continuamente y de las cuales tienen que defenderse”.  “La desinformación: doy la noticia pero doy solo la mitad. La otra mitad no la doy”. “La calumnia: El medio de comunicación tiene tanto poder frente a las masas, la gente, que puede calumniar impunemente.  Además, ¿quién le va a hacer juicio? Nadie”. “La difamación, que es más sutil todavía. Porque toda persona tiene derecho a la reputación… te traen una mancha de antes y te la tiran ahora”. “La coprofilia, que consiste en el amor a la cosa sucia, a los escándalos. Hay medios que viven de publicitar escándalos sean o no verdaderos”.
Son cuestionamientos especialmente graves para quienes tienen alguna responsabilidad en el vasto y complejo campo de la comunicación. Ya que, a pesar de su inmenso poder, son y seguirán siendo solo medios, es decir, instrumentos, herramientas disponibles. (O)
No solo se transmite y se recibe información a través de los medios, sino que las personas alimentan la vida misma.

Son solo medios

La comunicación social es una herramienta que beneficia a la sociedad, facilitando la participación informada de los ciudadanos en los procesos del desarrollo humano. Los medios de comunicación unen a la gente en la búsqueda de propósitos y objetivos comunes, y son necesarios e indispensables en la conformación de las sociedades democráticas. Sin embargo, los medios de comunicación también pueden usarse para bloquear a la comunidad y menoscabar el bien integral de las personas alienándolas, marginándolas o aislándolas; arrastrándolas hacia comunidades perversas organizadas alrededor de valores falsos y destructivos; favoreciendo la hostilidad y el conflicto; criticando excesivamente a los demás; y presentando lo que es soez y degradante con un aspecto atractivo e ignorando o ridiculizando lo que eleva y ennoblece, favoreciendo la trivialidad y la banalidad.
La Iglesia como institución, no ha podido escapar a ese ataque mediático. ¿Será porque víctima de sus propios escarnios, ha puesto en evidencia la matriz del pecado que subyace en la humanidad de sus miembros? Las simplificaciones mediáticas dejan a su inmensa obra, incluyendo la Buena Nueva del Evangelio en un evidente “fuera de juego”, por usar una metáfora deportiva. Además porque las categorías mediáticas no sirven para medir estos fenómenos.
Será por esto, que el Papa Francisco en una entrevista concedida al periodista español Jordi Évole del canal La Sexta, transmitida el 31 de marzo anterior, alertó sobre cuatro pecados o cuatro actitudes en las que pueden caer los periodistas y los medios de comunicación, “que los amenazan continuamente y de las cuales tienen que defenderse”.  “La desinformación: doy la noticia pero doy solo la mitad. La otra mitad no la doy”. “La calumnia: El medio de comunicación tiene tanto poder frente a las masas, la gente, que puede calumniar impunemente.  Además, ¿quién le va a hacer juicio? Nadie”. “La difamación, que es más sutil todavía. Porque toda persona tiene derecho a la reputación… te traen una mancha de antes y te la tiran ahora”. “La coprofilia, que consiste en el amor a la cosa sucia, a los escándalos. Hay medios que viven de publicitar escándalos sean o no verdaderos”.
Son cuestionamientos especialmente graves para quienes tienen alguna responsabilidad en el vasto y complejo campo de la comunicación. Ya que, a pesar de su inmenso poder, son y seguirán siendo solo medios, es decir, instrumentos, herramientas disponibles. (O)
No solo se transmite y se recibe información a través de los medios, sino que las personas alimentan la vida misma.