Sexo y familia (II)

Foto cortesía.

La sexualidad se constituye por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, culturales, religiosos y espirituales. Los derechos sexuales promueven la libertad de decidir y ejercer plenamente la sexualidad, sin embargo el ejercicio de esos derechos sexuales se debe hacer con responsabilidad, reconociendo y aceptando las consecuencias.
Una de esas consecuencias, es la procreación, derecho fundamental y de la más alta responsabilidad. Procreación en el seno de una familia, que es el lugar natural en donde esta relación de reciprocidad y comunión entre el hombre y la mujer encuentra su plena actuación. En ella, el hombre y la mujer unidos en la elección libre y consciente del pacto de amor conyugal, realizan “una totalidad en la que entran todos los elementos de la persona: reclamo del cuerpo y del instinto, fuerza del sentimiento y de la afectividad, aspiración del espíritu y la voluntad”, como bien lo señala el Catecismo de la Iglesia Católica N° 1643.
La familia es una realidad antropológica, y en consecuencia, una realidad social, en cada cultura; calificarla con conceptos de naturaleza ideológica, que tienen fuerza sólo en un momento de la historia y después decaen, significa traicionar su valor.
La familia como lugar natural en la que se realizan plenamente la reciprocidad y la complementariedad entre el hombre y la mujer, precede al mismo orden sociopolítico del Estado, cuya libre actividad legislativa debe tenerlo en cuenta y darle el justo reconocimiento.
Es racionalmente comprensible que en la naturaleza misma de la familia capaz de engendrar y procrear, se fundan dos derechos fundamentales que siempre deben ser respaldados y garantizados. El primero es el derecho de la familia a ser reconocida como el principal espacio pedagógico primario para la formación de los hijos; y el derecho a la educación sobre la identidad sexual y la afectividad, que no puede ser totalmente delegado, ideologizado o usurpado por otros.
No es cuestión de generar odio contra los defensores de estos principios. Ni endosarle la sentencia a la abuela de la casa, como los que: “tragan ostias y cagan diablos”, porque la abuela cuando habla “Abre su boca con sabiduría, y hay enseñanza de amor en su lengua” (Prov 31,26).  Sabe que del fruto de la unión entre un hombre y una mujer vienen los hijos al mundo; y sentencia con añoranza: “Si hubiera sabido cuán maravilloso es tener nietos, los hubiera tenido primero”. (O)

La sexualidad se constituye por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, culturales, religiosos (...)

Sexo y familia (II)

Foto cortesía.

La sexualidad se constituye por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, culturales, religiosos y espirituales. Los derechos sexuales promueven la libertad de decidir y ejercer plenamente la sexualidad, sin embargo el ejercicio de esos derechos sexuales se debe hacer con responsabilidad, reconociendo y aceptando las consecuencias.
Una de esas consecuencias, es la procreación, derecho fundamental y de la más alta responsabilidad. Procreación en el seno de una familia, que es el lugar natural en donde esta relación de reciprocidad y comunión entre el hombre y la mujer encuentra su plena actuación. En ella, el hombre y la mujer unidos en la elección libre y consciente del pacto de amor conyugal, realizan “una totalidad en la que entran todos los elementos de la persona: reclamo del cuerpo y del instinto, fuerza del sentimiento y de la afectividad, aspiración del espíritu y la voluntad”, como bien lo señala el Catecismo de la Iglesia Católica N° 1643.
La familia es una realidad antropológica, y en consecuencia, una realidad social, en cada cultura; calificarla con conceptos de naturaleza ideológica, que tienen fuerza sólo en un momento de la historia y después decaen, significa traicionar su valor.
La familia como lugar natural en la que se realizan plenamente la reciprocidad y la complementariedad entre el hombre y la mujer, precede al mismo orden sociopolítico del Estado, cuya libre actividad legislativa debe tenerlo en cuenta y darle el justo reconocimiento.
Es racionalmente comprensible que en la naturaleza misma de la familia capaz de engendrar y procrear, se fundan dos derechos fundamentales que siempre deben ser respaldados y garantizados. El primero es el derecho de la familia a ser reconocida como el principal espacio pedagógico primario para la formación de los hijos; y el derecho a la educación sobre la identidad sexual y la afectividad, que no puede ser totalmente delegado, ideologizado o usurpado por otros.
No es cuestión de generar odio contra los defensores de estos principios. Ni endosarle la sentencia a la abuela de la casa, como los que: “tragan ostias y cagan diablos”, porque la abuela cuando habla “Abre su boca con sabiduría, y hay enseñanza de amor en su lengua” (Prov 31,26).  Sabe que del fruto de la unión entre un hombre y una mujer vienen los hijos al mundo; y sentencia con añoranza: “Si hubiera sabido cuán maravilloso es tener nietos, los hubiera tenido primero”. (O)

La sexualidad se constituye por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, culturales, religiosos (...)