SENAIN: ¿Ser o no ser?

Desde tiempos inmemoriales los servicios de inteligencia han sido una necesidad y mucho más en la época moderna. El gobierno de la Revolución Ciudadana, entre sus tareas principales, consideró que el país requería profesionalizar estos servicios y los reestructuró bajo competencia de Secretaría Nacional.
Es cierto que durante el último cuarto del siglo pasado el Ecuador era considerado como una isla de Paz. Particularmente el cono sur de nuestra América, víctima de la Operación Cóndor, se debatía bajo el peso de dictaduras militares encargadas de acabar ‘para siempre’ con el fantasma del comunismo. Enclavado nuestro país entre Colombia al norte, donde más de un movimiento guerrillero, así como el problema del narcotráfico y el Ejército, se mostraban renuentes a cualquier cese del fuego, y Perú al sur, Sendero Luminoso no daba tregua al derramamiento de sangre, la sociedad ecuatoriana se aferraba a la vía democrática en la búsqueda de mejores días. Ni siquiera el conflicto bélico en Paquisha pudo poner en duda esa vocación. La instalación de la base norteamericana en Manta, fue sin duda alguna una imposición de EE.UU. dentro de su objetivo de control militar de los países de la costa norte del Pacífico sur. El control del narcotráfico resultaba a todas luces un pretexto, puesto que el Plan Colombia apenas aspiraba, según declaraciones de parlamentarios norteamericanos, a reducir mas no eliminar los sembríos de coca en el vecino país.
El primer conflicto serio afrontó el gobierno de Rafael Correa fue la trágica incursión en Angostura en la que, a más del segundo al mando de las FARC y algunos estudiantes mejicanos, la única víctima ecuatoriana fue el funcionario Aisala, cuya muerte nunca ha sido aclarada. Para el gobierno, esta fue una razón más que justificada para emprender con la reestructuración y fortalecimiento de la Secretaría de Inteligencia.
En estos días, luego de incidentes suscitados en la frontera norte, Provincia de Esmeraldas, que siendo inaceptables no tienen la magnitud de lo sucedido en Angostura, llama la atención que sean la justificación para acabar con la SENAIN. El problema no pasa necesariamente por qué institución debe estar a cargo de la seguridad nacional. Lo que demanda un cuerpo de tal naturaleza es su capacidad de llevar con profesionalismo, con la debida reserva, sin la presión de intereses privados -nacionales o extranjeros- la misión de garantizar seguridad y tranquilidad a la ciudadanía y el ejercicio democrático de la gobernabilidad. Los ecuatorianos demandamos que nuestro país siga siendo una Isla de Paz. (O)

SENAIN: ¿Ser o no ser?

Desde tiempos inmemoriales los servicios de inteligencia han sido una necesidad y mucho más en la época moderna. El gobierno de la Revolución Ciudadana, entre sus tareas principales, consideró que el país requería profesionalizar estos servicios y los reestructuró bajo competencia de Secretaría Nacional.
Es cierto que durante el último cuarto del siglo pasado el Ecuador era considerado como una isla de Paz. Particularmente el cono sur de nuestra América, víctima de la Operación Cóndor, se debatía bajo el peso de dictaduras militares encargadas de acabar ‘para siempre’ con el fantasma del comunismo. Enclavado nuestro país entre Colombia al norte, donde más de un movimiento guerrillero, así como el problema del narcotráfico y el Ejército, se mostraban renuentes a cualquier cese del fuego, y Perú al sur, Sendero Luminoso no daba tregua al derramamiento de sangre, la sociedad ecuatoriana se aferraba a la vía democrática en la búsqueda de mejores días. Ni siquiera el conflicto bélico en Paquisha pudo poner en duda esa vocación. La instalación de la base norteamericana en Manta, fue sin duda alguna una imposición de EE.UU. dentro de su objetivo de control militar de los países de la costa norte del Pacífico sur. El control del narcotráfico resultaba a todas luces un pretexto, puesto que el Plan Colombia apenas aspiraba, según declaraciones de parlamentarios norteamericanos, a reducir mas no eliminar los sembríos de coca en el vecino país.
El primer conflicto serio afrontó el gobierno de Rafael Correa fue la trágica incursión en Angostura en la que, a más del segundo al mando de las FARC y algunos estudiantes mejicanos, la única víctima ecuatoriana fue el funcionario Aisala, cuya muerte nunca ha sido aclarada. Para el gobierno, esta fue una razón más que justificada para emprender con la reestructuración y fortalecimiento de la Secretaría de Inteligencia.
En estos días, luego de incidentes suscitados en la frontera norte, Provincia de Esmeraldas, que siendo inaceptables no tienen la magnitud de lo sucedido en Angostura, llama la atención que sean la justificación para acabar con la SENAIN. El problema no pasa necesariamente por qué institución debe estar a cargo de la seguridad nacional. Lo que demanda un cuerpo de tal naturaleza es su capacidad de llevar con profesionalismo, con la debida reserva, sin la presión de intereses privados -nacionales o extranjeros- la misión de garantizar seguridad y tranquilidad a la ciudadanía y el ejercicio democrático de la gobernabilidad. Los ecuatorianos demandamos que nuestro país siga siendo una Isla de Paz. (O)