¿Santa Ana de los cuatro ríos?

En las pasadas fiestas de noviembre nuevamente aparecieron titulares aludiendo a Santa Ana de los cuatro ríos, título que, según los expertos, incluyendo el Historiador Oficial de la ciudad, Juan Cordero Íñiguez, nunca fue oficial, y surgió probablemente por el comedimiento de algún devoto sacerdote, y desde entonces se repite en periódicos y revistas.

   Cuenca de los cuatro ríos, es título suficiente, claro, sencillo, significativo.   Alude a su naturaleza.   El río Tomebamba, con su barranco, debería ser el ícono o símbolo de su reconocimiento e identidad ante el mundo.   Ícono dinámico, amigable, atractivo, pues el río, con sus árboles, veredas, senderos, avenidas, puentes, su barranco de casas de diversos estilos e historias, muestra los variados matices de la identidad cuencana.

   Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1999, reconocida como el primer lugar latinoamericano para los turistas y jubilados, entre los 50 mejores lugares históricos del mundo, premiada por la Organización de Ciudades Patrimonio y Mejor destino de aventura (Diners 11 16), reconocida como “Ciudad Verde Global” por Hábitat III (El Telégrafo 06 11 16), con su Cajas, Reserva de la Biósfera, desde 2013, requiere precisar su nombre y sus signos de identidad.   La Catedral, como símbolo de la fe de su pueblo, ya ha jugado su rol por mucho tiempo, y seguirá jugando, pero acompañando al barranco, ponderado no solo por los cuencanos sino por amigos entrañables como Fernando Tinajero.   

    Y es indispensable clarificar otros aspectos menores de la vida cotidiana, como evitar que se cante en su himno popular “sonreír de castañuelas” (como si las castañuelas sonrieran) en lugar de la bella metáfora de “con reír de castañuelas”.  O corregir publicaciones como la sección Caleidoscopio de la Revista Vamos de Latam (06 16) que pone entre las fotos de letreros de las ciudades de América Latina uno que dice Calle Gran Colombia, agregando al pie, Cuenca, Colombia.

   Cuenca de los cuatro ríos, pero explicando que está asentada sobre la ciudad que fuera la Guapondelig de los Cañaris, pues cuando Hurtado de Mendoza mandó a fundarla, por su paisaje y su barranco similar a la homónima de su ciudad natal en España, fue porque ya se la conocía como habitada por sus gentes ancestrales e incluso por pioneros españoles.

  Ya se sabe que es católica, cuna de literatos, centro académico de alta calidad, pero no hace falta agregar lo de Santa Ana, ni el nombre de la ciudad griega, ni siquiera que es ciudad universitaria.   Es Cuenca, de los cuatro ríos. (O)

¿Santa Ana de los cuatro ríos?

En las pasadas fiestas de noviembre nuevamente aparecieron titulares aludiendo a Santa Ana de los cuatro ríos, título que, según los expertos, incluyendo el Historiador Oficial de la ciudad, Juan Cordero Íñiguez, nunca fue oficial, y surgió probablemente por el comedimiento de algún devoto sacerdote, y desde entonces se repite en periódicos y revistas.

   Cuenca de los cuatro ríos, es título suficiente, claro, sencillo, significativo.   Alude a su naturaleza.   El río Tomebamba, con su barranco, debería ser el ícono o símbolo de su reconocimiento e identidad ante el mundo.   Ícono dinámico, amigable, atractivo, pues el río, con sus árboles, veredas, senderos, avenidas, puentes, su barranco de casas de diversos estilos e historias, muestra los variados matices de la identidad cuencana.

   Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1999, reconocida como el primer lugar latinoamericano para los turistas y jubilados, entre los 50 mejores lugares históricos del mundo, premiada por la Organización de Ciudades Patrimonio y Mejor destino de aventura (Diners 11 16), reconocida como “Ciudad Verde Global” por Hábitat III (El Telégrafo 06 11 16), con su Cajas, Reserva de la Biósfera, desde 2013, requiere precisar su nombre y sus signos de identidad.   La Catedral, como símbolo de la fe de su pueblo, ya ha jugado su rol por mucho tiempo, y seguirá jugando, pero acompañando al barranco, ponderado no solo por los cuencanos sino por amigos entrañables como Fernando Tinajero.   

    Y es indispensable clarificar otros aspectos menores de la vida cotidiana, como evitar que se cante en su himno popular “sonreír de castañuelas” (como si las castañuelas sonrieran) en lugar de la bella metáfora de “con reír de castañuelas”.  O corregir publicaciones como la sección Caleidoscopio de la Revista Vamos de Latam (06 16) que pone entre las fotos de letreros de las ciudades de América Latina uno que dice Calle Gran Colombia, agregando al pie, Cuenca, Colombia.

   Cuenca de los cuatro ríos, pero explicando que está asentada sobre la ciudad que fuera la Guapondelig de los Cañaris, pues cuando Hurtado de Mendoza mandó a fundarla, por su paisaje y su barranco similar a la homónima de su ciudad natal en España, fue porque ya se la conocía como habitada por sus gentes ancestrales e incluso por pioneros españoles.

  Ya se sabe que es católica, cuna de literatos, centro académico de alta calidad, pero no hace falta agregar lo de Santa Ana, ni el nombre de la ciudad griega, ni siquiera que es ciudad universitaria.   Es Cuenca, de los cuatro ríos. (O)