Reformar el CPCCS

La reforma o eliminación - suena a reforma o revolución de Rosa Luxemburgo -   del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), es el tema actual en la discusión jurídica y política del país. No obstante, este debate debe ser visto a la luz de dos hechos históricos que ya son parte de nuestra historia: 1) el régimen de la partidocracia y 2) la década ganada. A pocos días de haber celebrado el décimo cumpleaños de nuestra Constitución, nuestro mayor imperativo es hacer un balance de su eficacia causal o normativa. Sin lograr clarificar los avances y retrocesos que ha generado la aplicación de las normas constitucionales, será insostenible empezar a diseñar las modificaciones necesarias que se deben realizar a nuestra Carta Magna, es decir, sería inadmisible diseñar reformas institucionales sin ese examen previo.


En ese sentido, el CPCCS ha sido visto por una parte de la ciudadanía, como el órgano que permitió el control de la participación ciudadana, la ineficacia del control social y el acaparamiento de las altas autoridades del Estado en manos del correísmo. Sin ser adepto a esta perspectiva, o un fundamentalista del anti-correísmo, no podemos negar, que parte de estas aseveraciones en sí, son la descripción de la realidad que se configuró gracias a este órgano. Sin embargo, está prohibido olvidar, que, en el régimen de la partidocracia, los derechos políticos estaban restringidos al voto, la fiscalización estuvo en ciernes, a tal punto que ni con la creación de la Comisión de Control Cívico de la Corrupción, se logró combatir efectivamente este mal. Además, se debe señalar que en el Congreso Nacional se elegían a las altas autoridades, mediante el maniqueo político, la componenda e incluso el inolvidable personaje del “hombre del maletín”.


En síntesis, en el régimen de la partidocracia o el de la década ganada, han existido déficits en la calidad de la democracia, en las formas de control social y en la elección de autoridades. Estos deben ser tomados como evidencia empírica de que no podemos volver a comenzar el periplo desde el clásico diseño constitucional liberal-representativo, sino debemos busca una amplia participación ciudadana. El problema del buen funcionamiento de las instituciones puede encontrar una respuesta plausible, en la mejora del diseño constitucional, es decir la reforma que permita corregir los errores del pasado. (O)

Reformar el CPCCS

La reforma o eliminación - suena a reforma o revolución de Rosa Luxemburgo -   del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), es el tema actual en la discusión jurídica y política del país. No obstante, este debate debe ser visto a la luz de dos hechos históricos que ya son parte de nuestra historia: 1) el régimen de la partidocracia y 2) la década ganada. A pocos días de haber celebrado el décimo cumpleaños de nuestra Constitución, nuestro mayor imperativo es hacer un balance de su eficacia causal o normativa. Sin lograr clarificar los avances y retrocesos que ha generado la aplicación de las normas constitucionales, será insostenible empezar a diseñar las modificaciones necesarias que se deben realizar a nuestra Carta Magna, es decir, sería inadmisible diseñar reformas institucionales sin ese examen previo.


En ese sentido, el CPCCS ha sido visto por una parte de la ciudadanía, como el órgano que permitió el control de la participación ciudadana, la ineficacia del control social y el acaparamiento de las altas autoridades del Estado en manos del correísmo. Sin ser adepto a esta perspectiva, o un fundamentalista del anti-correísmo, no podemos negar, que parte de estas aseveraciones en sí, son la descripción de la realidad que se configuró gracias a este órgano. Sin embargo, está prohibido olvidar, que, en el régimen de la partidocracia, los derechos políticos estaban restringidos al voto, la fiscalización estuvo en ciernes, a tal punto que ni con la creación de la Comisión de Control Cívico de la Corrupción, se logró combatir efectivamente este mal. Además, se debe señalar que en el Congreso Nacional se elegían a las altas autoridades, mediante el maniqueo político, la componenda e incluso el inolvidable personaje del “hombre del maletín”.


En síntesis, en el régimen de la partidocracia o el de la década ganada, han existido déficits en la calidad de la democracia, en las formas de control social y en la elección de autoridades. Estos deben ser tomados como evidencia empírica de que no podemos volver a comenzar el periplo desde el clásico diseño constitucional liberal-representativo, sino debemos busca una amplia participación ciudadana. El problema del buen funcionamiento de las instituciones puede encontrar una respuesta plausible, en la mejora del diseño constitucional, es decir la reforma que permita corregir los errores del pasado. (O)