Reflexión

Polvo eres y en polvo te convertirás… El miércoles de ceniza marca el inicio de la cuaresma, periodo de reflexión y abstinencia, que representa los cuarenta días que Jesucristo pasó en ayuno y oración en el desierto.
Podríamos preguntarnos: “¿la existencia humana y personal de Jesús es tan dudosa como la de Osiris?”; y, entonces, desde la doctrina de Levi, emerge una respuesta contundente “¿cómo se atrevería uno a afirmarlo, ya que Jesucristo vive todavía en sus obras, está presente en su espíritu, ya que ha cambiado y seguramente transfigurará la faz entera de la Tierra?”.
En “El Egipto Interior”, Souzenelle nos presenta un Jesús simbólico, nos enfrenta con la necesidad de dar un paso trascendental, dejando de lado tanto la “realidad histórica” y su debate, cuanto lo prodigioso de lo increíble, es decir, no importa tanto que el agua se convierta en vino, sino su sentido metafórico, es decir, el mensaje que subyace al milagro…
Desde esta perspectiva el Cristo histórico no es o no debería ser el centro de atención y debate, el debate debería (siempre debió) tejerse en torno al mensaje; así: devolver la vida podría ser un símil del nacimiento iniciático, de la muerte del neófito a una vida de vicio, para regresar renovado a un constante tallar la piedra bruta en busca de la virtud, un espiral: conocerse, enfrentarse y vencerse uno mismo; pues, como dice Galeano “no somos más que lo que hacemos para cambiar lo que somos”…
Cristo desde el mensaje que subyace en el prodigio nos reta a caminar, más allá de las instituciones y estrategias, con pasos nuevos, un compromiso que parte desde el interior hacia un propósito inquebrantable por ser aquello que estamos llamados a ser, seres humanos íntegros: solidarios y recíprocos.
Del carnaval a la cuaresma, el simbólico miércoles de ceniza nos recuerda que la carne es polvo y a ella regresa, pero nosotros somos producto de una conciencia superior una chispa o soplo divino y a él deberíamos buscar el eterno retorno…
Sea la cuaresma un reencuentro con la conciencia, un reencuentro con nuestros valores, con nuestros credos y convicciones; un reencuentro que nos permita trascender de la espiritualidad del templo a la espiritualidad del mundo profano, trascender de los golpes de pecho a las conductas renovadas, de los propósitos a las acciones, de los rencores a las reconciliaciones, de las vendettas a las manos tendidas…
Sea la cuaresma camino cierto de renovación desde un reentender al Cristo simbólico más que discutir un Cristo histórico, pues, como dice Levi su existencia es innegable al entender que: “el hombre se ha vuelto un símbolo y es así como se hizo Dios”. (O)
Como dice Levi, su existencia es innegable al entender que: “el hombre se ha vuelto un símbolo y es así como se hizo Dios”.

Reflexión

Polvo eres y en polvo te convertirás… El miércoles de ceniza marca el inicio de la cuaresma, periodo de reflexión y abstinencia, que representa los cuarenta días que Jesucristo pasó en ayuno y oración en el desierto.
Podríamos preguntarnos: “¿la existencia humana y personal de Jesús es tan dudosa como la de Osiris?”; y, entonces, desde la doctrina de Levi, emerge una respuesta contundente “¿cómo se atrevería uno a afirmarlo, ya que Jesucristo vive todavía en sus obras, está presente en su espíritu, ya que ha cambiado y seguramente transfigurará la faz entera de la Tierra?”.
En “El Egipto Interior”, Souzenelle nos presenta un Jesús simbólico, nos enfrenta con la necesidad de dar un paso trascendental, dejando de lado tanto la “realidad histórica” y su debate, cuanto lo prodigioso de lo increíble, es decir, no importa tanto que el agua se convierta en vino, sino su sentido metafórico, es decir, el mensaje que subyace al milagro…
Desde esta perspectiva el Cristo histórico no es o no debería ser el centro de atención y debate, el debate debería (siempre debió) tejerse en torno al mensaje; así: devolver la vida podría ser un símil del nacimiento iniciático, de la muerte del neófito a una vida de vicio, para regresar renovado a un constante tallar la piedra bruta en busca de la virtud, un espiral: conocerse, enfrentarse y vencerse uno mismo; pues, como dice Galeano “no somos más que lo que hacemos para cambiar lo que somos”…
Cristo desde el mensaje que subyace en el prodigio nos reta a caminar, más allá de las instituciones y estrategias, con pasos nuevos, un compromiso que parte desde el interior hacia un propósito inquebrantable por ser aquello que estamos llamados a ser, seres humanos íntegros: solidarios y recíprocos.
Del carnaval a la cuaresma, el simbólico miércoles de ceniza nos recuerda que la carne es polvo y a ella regresa, pero nosotros somos producto de una conciencia superior una chispa o soplo divino y a él deberíamos buscar el eterno retorno…
Sea la cuaresma un reencuentro con la conciencia, un reencuentro con nuestros valores, con nuestros credos y convicciones; un reencuentro que nos permita trascender de la espiritualidad del templo a la espiritualidad del mundo profano, trascender de los golpes de pecho a las conductas renovadas, de los propósitos a las acciones, de los rencores a las reconciliaciones, de las vendettas a las manos tendidas…
Sea la cuaresma camino cierto de renovación desde un reentender al Cristo simbólico más que discutir un Cristo histórico, pues, como dice Levi su existencia es innegable al entender que: “el hombre se ha vuelto un símbolo y es así como se hizo Dios”. (O)
Como dice Levi, su existencia es innegable al entender que: “el hombre se ha vuelto un símbolo y es así como se hizo Dios”.