Recuperar la memoria

Visto

La humanidad siempre ha tratado de expresar sus sentimientos y aspiraciones a través de acciones y obras de arte que, con el paso del tiempo, se convierten en íconos y patrimonio que debe protegerse y ser conservado para salvaguardar la memoria colectiva de los pueblos.
Nuestra sociedad está cada vez más interesada en experimentar nuevas sensaciones estéticas y culturales; nuestra tarea es hacer comprender a las nuevas generaciones que de dichas experiencias forma parte la memoria histórica que ellas han heredado y que están llamadas a transmitir íntegramente. No se pretende otra cosa que despertar del sueño una memoria de un pasado cultural que, para muchos, es poco conocido y menos valorado, pero que necesita ser recuperado, protegido y reconocido un regalo que las generaciones pasadas nos dejaron en testimonio de lo que constituyó, a su vez, su único legado: la memoria imperecedera del significado que para ellas tuvieron las cosas y los lugares.
Por esta vía, los bienes culturales se convierten en auténticos documentos patrimoniales que testimonian cómo se ha ido conservando esa memoria histórica, al mismo tiempo que nos invitan a poner todo nuestro empeño en seguir conservándola.
Pero la ciudadanía parece inclinarse, más bien, hacia los bienes arqueológicos e históricos por dos motivos principales: ocio y negocio. Hoy, con mayor formación y tiempo libre que hace unos lustros, la prioridad es entretener a muchos, lo cual no está mal, de ninguna manera, pues en sus actuales formas de presentación in situ los vestigios se relacionan muy bien con el turismo alternativo y el ocio activo. Se trata de encontrar un equilibrio.
Cuando los bienes arqueológicos se disponen al público, lo que debe ofrecerse es una experiencia formada por la conjunción de la contemplación, del paseo o cualquier otra forma de contacto con ese vestigio, y los valores intelectuales que el observador obtiene del contacto. 
Aunque sus efectos son apenas conocidos por las grandes mayorías, por recientes, la información en tiempo real, la imagen como fórmula de acceso al pasado, la realidad virtual para reconstruir e ilustrar los vestigios, etc., están dando un nuevo vuelco a la manera de aproximarnos y entender el patrimonio. Debemos ser conscientes del papel de instituciones, profesionales y medios de comunicación para conjugar procedimientos con las demandas sociales y patrimoniales a favor de la memoria colectiva. (O)

Recuperar la memoria

La humanidad siempre ha tratado de expresar sus sentimientos y aspiraciones a través de acciones y obras de arte que, con el paso del tiempo, se convierten en íconos y patrimonio que debe protegerse y ser conservado para salvaguardar la memoria colectiva de los pueblos.
Nuestra sociedad está cada vez más interesada en experimentar nuevas sensaciones estéticas y culturales; nuestra tarea es hacer comprender a las nuevas generaciones que de dichas experiencias forma parte la memoria histórica que ellas han heredado y que están llamadas a transmitir íntegramente. No se pretende otra cosa que despertar del sueño una memoria de un pasado cultural que, para muchos, es poco conocido y menos valorado, pero que necesita ser recuperado, protegido y reconocido un regalo que las generaciones pasadas nos dejaron en testimonio de lo que constituyó, a su vez, su único legado: la memoria imperecedera del significado que para ellas tuvieron las cosas y los lugares.
Por esta vía, los bienes culturales se convierten en auténticos documentos patrimoniales que testimonian cómo se ha ido conservando esa memoria histórica, al mismo tiempo que nos invitan a poner todo nuestro empeño en seguir conservándola.
Pero la ciudadanía parece inclinarse, más bien, hacia los bienes arqueológicos e históricos por dos motivos principales: ocio y negocio. Hoy, con mayor formación y tiempo libre que hace unos lustros, la prioridad es entretener a muchos, lo cual no está mal, de ninguna manera, pues en sus actuales formas de presentación in situ los vestigios se relacionan muy bien con el turismo alternativo y el ocio activo. Se trata de encontrar un equilibrio.
Cuando los bienes arqueológicos se disponen al público, lo que debe ofrecerse es una experiencia formada por la conjunción de la contemplación, del paseo o cualquier otra forma de contacto con ese vestigio, y los valores intelectuales que el observador obtiene del contacto. 
Aunque sus efectos son apenas conocidos por las grandes mayorías, por recientes, la información en tiempo real, la imagen como fórmula de acceso al pasado, la realidad virtual para reconstruir e ilustrar los vestigios, etc., están dando un nuevo vuelco a la manera de aproximarnos y entender el patrimonio. Debemos ser conscientes del papel de instituciones, profesionales y medios de comunicación para conjugar procedimientos con las demandas sociales y patrimoniales a favor de la memoria colectiva. (O)

Visto