Recordando la historia

Se dice, en el argot popular, que ‘la voz del pueblo es la voz de Dios’. No lo discuto, más aun cuando la propia Década Ganada fue posible precisamente escuchando la voz del soberano. No solo en Ecuador sino también en otros países, por lo menos, de nuestra Patria Grande, el recurso de la Consulta Popular ha sido con frecuencia utilizado, admitámoslo, no siempre con buenas intenciones. Durante el gobierno de León Febres Cordero, también se llamó a consulta con la finalidad de acomodar la Constitución a los caprichos de quien se consideraba el ‘dueño del país’. Pese a tener, supuestamente todo a su favor –poder económico y mediático-, el resultado fue un rotundo NO a las aspiraciones del presidente de turno.
Más memorable, dadas las circunstancias en que se hizo uso de este indudable derecho democrático, fue la consulta convocada por el dictador Pinochet quien quiso, no solo eternizarse en el poder, sino imponer para eternas memorias una Constitución pinochetista al pueblo chileno. ¿Quién podía dudar que bajo el terror dictatorial, con todos los poderes controlados, incluido sobre todo el electoral, y con el visto bueno del imperio del norte, se podía perder una consulta plebiscitaria? El 5 de octubre de 1988, luego de 15 años de sangrienta dictadura el pueblo de Neruda y Salvador Allende le dijo NO en las urnas al dictador.
¿Qué se pretende hoy en nuestro país con la convocatoria a una curiosa consulta-referendum? Es evidente que la mayoría de cuestiones motivo de la convocatoria, pueden ser resueltas vía decreto ejecutivo o procedimientos parlamentarios legítimos como una reforma legal o el juicio político, en tanto otras, simplemente van en contra del ordenamiento jurídico constitucional. No, la intencionalidad es otra, eminentemente de carácter político. La restauración conservadora busca aceleradamente desmontar la Década Ganada, no se contenta con que el triunfo de Alianza País le haya sido entregado en un acto de traición a la voluntad manifiesta del soberano, exige sacar fuera de combate a los actores principales AP y su líder Rafael Correa. En esta línea la restauración conservadora coincide con la aspiración del imperio del norte: borrar lo que consideran ‘malos ejemplos’ surgidos en este iniciado s.XXI en lo que consideraron siempre su “patio trasero”.
En el supuesto no consentido de que la Corte Constitucional de paso a la consulta, al soberano solo le queda una opción en las urnas: NO!

Recordando la historia

Se dice, en el argot popular, que ‘la voz del pueblo es la voz de Dios’. No lo discuto, más aun cuando la propia Década Ganada fue posible precisamente escuchando la voz del soberano. No solo en Ecuador sino también en otros países, por lo menos, de nuestra Patria Grande, el recurso de la Consulta Popular ha sido con frecuencia utilizado, admitámoslo, no siempre con buenas intenciones. Durante el gobierno de León Febres Cordero, también se llamó a consulta con la finalidad de acomodar la Constitución a los caprichos de quien se consideraba el ‘dueño del país’. Pese a tener, supuestamente todo a su favor –poder económico y mediático-, el resultado fue un rotundo NO a las aspiraciones del presidente de turno.
Más memorable, dadas las circunstancias en que se hizo uso de este indudable derecho democrático, fue la consulta convocada por el dictador Pinochet quien quiso, no solo eternizarse en el poder, sino imponer para eternas memorias una Constitución pinochetista al pueblo chileno. ¿Quién podía dudar que bajo el terror dictatorial, con todos los poderes controlados, incluido sobre todo el electoral, y con el visto bueno del imperio del norte, se podía perder una consulta plebiscitaria? El 5 de octubre de 1988, luego de 15 años de sangrienta dictadura el pueblo de Neruda y Salvador Allende le dijo NO en las urnas al dictador.
¿Qué se pretende hoy en nuestro país con la convocatoria a una curiosa consulta-referendum? Es evidente que la mayoría de cuestiones motivo de la convocatoria, pueden ser resueltas vía decreto ejecutivo o procedimientos parlamentarios legítimos como una reforma legal o el juicio político, en tanto otras, simplemente van en contra del ordenamiento jurídico constitucional. No, la intencionalidad es otra, eminentemente de carácter político. La restauración conservadora busca aceleradamente desmontar la Década Ganada, no se contenta con que el triunfo de Alianza País le haya sido entregado en un acto de traición a la voluntad manifiesta del soberano, exige sacar fuera de combate a los actores principales AP y su líder Rafael Correa. En esta línea la restauración conservadora coincide con la aspiración del imperio del norte: borrar lo que consideran ‘malos ejemplos’ surgidos en este iniciado s.XXI en lo que consideraron siempre su “patio trasero”.
En el supuesto no consentido de que la Corte Constitucional de paso a la consulta, al soberano solo le queda una opción en las urnas: NO!