Recordando Guernica

El genio de Picasso gravó para siempre con su pincel el recuerdo de uno de los más horrendos crímenes de lesa humanidad: el bombardeo a Guernica que, como ha sido reconocido históricamente, no representaba ningún objetivo estratégico en la guerra civil que se libraba en España en la primavera de 1937. ¿Qué motivó su destrucción? El militarismo alemán, había avanzado ya bastante en sus preparativos para la II Guerra Mundial y requería con urgencia poner a prueba la eficacia de su más reciente arma: la aviación. El atardecer del 26 de Abril, de 16:30 a 19:30 la compañía alemana Cóndor ametralló desde el aire a la población civil y dejó caer bombas incendiarias sobre una localidad que carecía de un Cuerpo de Bomberos. Por cierto, en la operación también participó una cuadrilla aérea italiana.
Hoy, pasadas 8 décadas, tambores de guerra vuelven a sonar y parecería que cada vez más el poder económico mundial afina lo que sería el tercer conflicto planetario. Claro, las condiciones geopolíticas no son las mismas que engendraron las dos guerras precedentes, como tampoco el nivel de desarrollo técnico. Europa no desea volver a servir de escenario de una nueva conflagración; los gobernantes de las principales potencias saben bien que no pueden enviar a sus connacionales a morir en los campos de batalla, como tampoco quieren asistir a la destrucción de sus ciudades. Pero el poder económico, particularmente los fabricantes de armas, están, como diría una vecina, con hambre atrasada: las “pequeñas” guerras provocadas por las revoluciones de colores, no son tan rentables para satisfacer su exigente demanda.
Tras las derrotas sufridas por las coaliciones bajo el paraguas de la OTAN en el Cercano Oriente, se busca desesperadamente un conflicto de envergadura en otros horizontes, por ejemplo, Extremo Oriente o el ‘patio trasero’ de los EE.UU. Mr. Trump sabe bien que no puede arriesgarse con el poderío militar de Rusia ni de China y sabe también que el petróleo, su bien más deseado, está a pocas millas de la Florida. Luego de largos estudios ‘académicos’ del Departamento de Estado y de universidades del American Project, se optó por los golpes blandos y la preparación de líderes para fortalecer la democracia al sur del Río Grande, sin embargo su engendro preferido Guaidó cada día se quema más. Esta, lógicamente, no es una razón para detenerse: es hora del plan B: guerra cibernética para destruir la democracia y la economía venezolanas. (O)

Presupuesto financiero
del 2020: Trump ha dispuesto la módica suma de 500 millones USD para destruir Venezuela.

Recordando Guernica

El genio de Picasso gravó para siempre con su pincel el recuerdo de uno de los más horrendos crímenes de lesa humanidad: el bombardeo a Guernica que, como ha sido reconocido históricamente, no representaba ningún objetivo estratégico en la guerra civil que se libraba en España en la primavera de 1937. ¿Qué motivó su destrucción? El militarismo alemán, había avanzado ya bastante en sus preparativos para la II Guerra Mundial y requería con urgencia poner a prueba la eficacia de su más reciente arma: la aviación. El atardecer del 26 de Abril, de 16:30 a 19:30 la compañía alemana Cóndor ametralló desde el aire a la población civil y dejó caer bombas incendiarias sobre una localidad que carecía de un Cuerpo de Bomberos. Por cierto, en la operación también participó una cuadrilla aérea italiana.
Hoy, pasadas 8 décadas, tambores de guerra vuelven a sonar y parecería que cada vez más el poder económico mundial afina lo que sería el tercer conflicto planetario. Claro, las condiciones geopolíticas no son las mismas que engendraron las dos guerras precedentes, como tampoco el nivel de desarrollo técnico. Europa no desea volver a servir de escenario de una nueva conflagración; los gobernantes de las principales potencias saben bien que no pueden enviar a sus connacionales a morir en los campos de batalla, como tampoco quieren asistir a la destrucción de sus ciudades. Pero el poder económico, particularmente los fabricantes de armas, están, como diría una vecina, con hambre atrasada: las “pequeñas” guerras provocadas por las revoluciones de colores, no son tan rentables para satisfacer su exigente demanda.
Tras las derrotas sufridas por las coaliciones bajo el paraguas de la OTAN en el Cercano Oriente, se busca desesperadamente un conflicto de envergadura en otros horizontes, por ejemplo, Extremo Oriente o el ‘patio trasero’ de los EE.UU. Mr. Trump sabe bien que no puede arriesgarse con el poderío militar de Rusia ni de China y sabe también que el petróleo, su bien más deseado, está a pocas millas de la Florida. Luego de largos estudios ‘académicos’ del Departamento de Estado y de universidades del American Project, se optó por los golpes blandos y la preparación de líderes para fortalecer la democracia al sur del Río Grande, sin embargo su engendro preferido Guaidó cada día se quema más. Esta, lógicamente, no es una razón para detenerse: es hora del plan B: guerra cibernética para destruir la democracia y la economía venezolanas. (O)

Presupuesto financiero
del 2020: Trump ha dispuesto la módica suma de 500 millones USD para destruir Venezuela.