Recordando a Unamuno

Por alguna extrañamente súbita asociación de ideas, saltó de mi arca de pandora, nada más ni nada menos que un apacible y entrañable personaje: Don Miguel de Unamuno, filósofo español, perteneciente a la llamada “Generación del 18”. Ciertamente, no comparto su pensamiento filosófico, aunque como es lógico, no es posible negar aquellos fundamentos irrefutables que, de manera especial, sustentan su obra “Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos”, por ejemplo, cuando afirma: “el conocimiento está al servicio de la necesidad de vivir, y primariamente al servicio del instinto de conservación personal”.
Filosofía aparte, vino a mi memoria un incidente acaecido en la ilustre Universidad de Salamanca, de la que precisamente D. Miguel de Unamuno era su ilustre Rector. Fue la mañana del 12 de octubre de 1936, cuando irrumpió en el Paraninfo el General Millán-Astray, tullido de brazo y pierna, al grito de ‘Abajo la inteligencia, viva la muerte’; pacientemente, con el peso de sus 72 años y con firmeza el Rector improvisó su discurso que lo cerró lapidariamente con la frase que se volvió célebre: “Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir.”
D. Miguel de Unamuno falleció pocos meses después del incidente. La Guerra Civil Española se prolongó hasta el año 1939 y el General Francisco Franco gobernó España hasta su muerte en 1975, año en que se reinstauró la monarquía por disposición del propio Generalísimo. Más de cuatro décadas después, sigue pendiendo sobre los pueblos de España aquella interpretación de la vida que preocupara durante toda su vida a D. Miguel de Unamuno: el sentimiento trágico. Cataluña se aferra a su sentimiento de independencia y de él se contagian también Galicia, el País Vasco y otras minorías; todo esto en circunstancias de una agitada Europa cada vez más sacudida por complejos desacuerdos políticos y económicos, no solo al interior de la Unión, sino también con los EE.UU., acicateados principalmente por erráticas ambiciones geopolíticas y el pretendido manejo bélico de las relaciones internacionales respecto de las potencias orientales: Rusia, China e India.
¿Tenía razón D. Miguel de Unamuno cuando reclamaba no europeizar España, sino por el contrario, españolizar Europa? En todo caso, el sentimiento trágico de la vida parece ciertamente ser una constante. (O)

Recordando a Unamuno

Por alguna extrañamente súbita asociación de ideas, saltó de mi arca de pandora, nada más ni nada menos que un apacible y entrañable personaje: Don Miguel de Unamuno, filósofo español, perteneciente a la llamada “Generación del 18”. Ciertamente, no comparto su pensamiento filosófico, aunque como es lógico, no es posible negar aquellos fundamentos irrefutables que, de manera especial, sustentan su obra “Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos”, por ejemplo, cuando afirma: “el conocimiento está al servicio de la necesidad de vivir, y primariamente al servicio del instinto de conservación personal”.
Filosofía aparte, vino a mi memoria un incidente acaecido en la ilustre Universidad de Salamanca, de la que precisamente D. Miguel de Unamuno era su ilustre Rector. Fue la mañana del 12 de octubre de 1936, cuando irrumpió en el Paraninfo el General Millán-Astray, tullido de brazo y pierna, al grito de ‘Abajo la inteligencia, viva la muerte’; pacientemente, con el peso de sus 72 años y con firmeza el Rector improvisó su discurso que lo cerró lapidariamente con la frase que se volvió célebre: “Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir.”
D. Miguel de Unamuno falleció pocos meses después del incidente. La Guerra Civil Española se prolongó hasta el año 1939 y el General Francisco Franco gobernó España hasta su muerte en 1975, año en que se reinstauró la monarquía por disposición del propio Generalísimo. Más de cuatro décadas después, sigue pendiendo sobre los pueblos de España aquella interpretación de la vida que preocupara durante toda su vida a D. Miguel de Unamuno: el sentimiento trágico. Cataluña se aferra a su sentimiento de independencia y de él se contagian también Galicia, el País Vasco y otras minorías; todo esto en circunstancias de una agitada Europa cada vez más sacudida por complejos desacuerdos políticos y económicos, no solo al interior de la Unión, sino también con los EE.UU., acicateados principalmente por erráticas ambiciones geopolíticas y el pretendido manejo bélico de las relaciones internacionales respecto de las potencias orientales: Rusia, China e India.
¿Tenía razón D. Miguel de Unamuno cuando reclamaba no europeizar España, sino por el contrario, españolizar Europa? En todo caso, el sentimiento trágico de la vida parece ciertamente ser una constante. (O)