Recordando a Houdini

El gran Houdini, el mejor escapista que recuerda la historia, nació en Budapest en 1874, pero vivió y actuó fundamentalmente en EE.UU. Entre las muchas hazañas de su vida artística, caben los escapes de cuerdas, cadenas, camisas de fuerza, todo tipo de esposas –entiéndase grilletes-barriles, jaulas, ataúdes y otras muchas situaciones, en medio de peligro inminente, de las cuales salía airoso ante un público incrédulo.
Si bien el cine se encargó de mantener vivo el recuerdo de Houdini a las nuevas generaciones luego de su muerte, hoy los ecuatorianos, diríase que tenemos la suerte de poder asistir en vivo y en directo a un inusitado escape digno ciertamente del gran escapista.
A un exfuncionario de gobierno, sobre quien existen graves presunciones de irregularidades cometidas en el ejercicio de sus funciones se encontraba bajo observación judicial y como medida cautelar se le incorporó un grillete y debía presentarse cada 15 días ante el juez.
Esa mañana, el enjuiciado se levantó, quedó pensativo mirando el grillete en su tobillo y de pronto, posiblemente recordando que debía asistir al juzgado, se sintió ofendido y humillado: no acepta las acusaciones y considera inaceptable la imposición de un rastreador.
No es que el artefacto en su tobillo lo lastime físicamente, menos aún que le impida movilizarse: gracias a la moderna tecnología, puede decirse que es imperceptible, pero lógicamente en cuanto a las propiedades físicas y mecánicas, no tiene comparación con las de los materiales de la segunda mitas del s. XIX.
¿Qué pensamientos cruzaron por su mente en ese instante? ¿En el material del que están confeccionados los modernos chalecos antibalas? ¿Quizás pensó en el grafeno, material resistente al impacto de un avión volando a mil kilómetros por hora?
Lo que resulta evidente es que resolvió emular a Houdini y salir por la puerta grande del éxito: terminó de vestirse, desayunó y se dirigió al sitio elegido para el anuncio.
Se despojó del grillete, lo arrojó al lugar previsto de manera que su localización sea fácil y el público pueda constatar que no se trata de un engaño, soltó su twiter: “soy libre”.
A diferencia del húngaro, el Houdini ecuatoriano tardará un tiempo para hacerse presente personalmente, pero de su escape no queda duda alguna. (O)

Recordando a Houdini

El gran Houdini, el mejor escapista que recuerda la historia, nació en Budapest en 1874, pero vivió y actuó fundamentalmente en EE.UU. Entre las muchas hazañas de su vida artística, caben los escapes de cuerdas, cadenas, camisas de fuerza, todo tipo de esposas –entiéndase grilletes-barriles, jaulas, ataúdes y otras muchas situaciones, en medio de peligro inminente, de las cuales salía airoso ante un público incrédulo.
Si bien el cine se encargó de mantener vivo el recuerdo de Houdini a las nuevas generaciones luego de su muerte, hoy los ecuatorianos, diríase que tenemos la suerte de poder asistir en vivo y en directo a un inusitado escape digno ciertamente del gran escapista.
A un exfuncionario de gobierno, sobre quien existen graves presunciones de irregularidades cometidas en el ejercicio de sus funciones se encontraba bajo observación judicial y como medida cautelar se le incorporó un grillete y debía presentarse cada 15 días ante el juez.
Esa mañana, el enjuiciado se levantó, quedó pensativo mirando el grillete en su tobillo y de pronto, posiblemente recordando que debía asistir al juzgado, se sintió ofendido y humillado: no acepta las acusaciones y considera inaceptable la imposición de un rastreador.
No es que el artefacto en su tobillo lo lastime físicamente, menos aún que le impida movilizarse: gracias a la moderna tecnología, puede decirse que es imperceptible, pero lógicamente en cuanto a las propiedades físicas y mecánicas, no tiene comparación con las de los materiales de la segunda mitas del s. XIX.
¿Qué pensamientos cruzaron por su mente en ese instante? ¿En el material del que están confeccionados los modernos chalecos antibalas? ¿Quizás pensó en el grafeno, material resistente al impacto de un avión volando a mil kilómetros por hora?
Lo que resulta evidente es que resolvió emular a Houdini y salir por la puerta grande del éxito: terminó de vestirse, desayunó y se dirigió al sitio elegido para el anuncio.
Se despojó del grillete, lo arrojó al lugar previsto de manera que su localización sea fácil y el público pueda constatar que no se trata de un engaño, soltó su twiter: “soy libre”.
A diferencia del húngaro, el Houdini ecuatoriano tardará un tiempo para hacerse presente personalmente, pero de su escape no queda duda alguna. (O)