¿Quién arma la guerra a los asesinos, malvados y terroristas?

La cruel matanza ocurrida en Las Vegas ha dejado estupefactos, conmovidos y perplejos a quienes amamos la paz. Un maniático, loco, asesino o quien sabe qué, desde la ventana de un hotel, disparó a mansalva a una multitud que asistía a un concierto de música country. El criminal, armado con una docena de rifles, dejó como saldo 60 víctimas mortales y más de medio millar de heridos. Hoy, el mundo lamenta semejante tragedia humana. Miles de personas lloran el dolor de ausencia de sus seres queridos. ¿Qué y quién motivó al asesino para que cometa semejante barbaridad? La respuesta no hay que buscarla simplemente en la psicología, sino fundamentalmente en la economía y en la política, es decir, en la economía política. En primer lugar, la pregunta es: ¿quién permite la libre distribución y venta de armas de fuego para armar a la sociedad civil? La respuesta es: la política, esto es, los gobernantes. En segundo lugar, cabe interrogarse: ¿por qué se fabrican, venden y trafican armas de fuego ( lo mismo que armas químicas, biológicas y tantas otras de exterminio de la especie humana). La respuesta está en la economía del lucro sin fin, alejado de la ética. Inclusive, la producción de armas condiciona muchos de los guarismos macroeconómicos. Se tiene el convencimiento que, si se para la producción de armas, cae el PIB y el empleo. Debería preguntarse también: ¿quiénes financian las campañas electorales en aquellos países que cuentan con fuerte presencia de la industria armamentista?, ¿acaso no son los fabricantes de armas importantes financistas de sus candidatos más próximos?

En contra vía del único camino de y para la Paz, que es la Paz, la geopolítica global, jamás -y nunca lo hará- ha promovido un desarme en serio, todo lo contrario, el armamentismo está ahí: ‘vivito y matando’. ¿Quién suministra las armas para la guerra, el terrorismo, los asesinos, los malvados? Por supuesto que los fabricantes de armas, domiciliados, sobre todo, en el Norte. Y, claro, como el trabajo "socialmente necesario" debe realizarse, caso contrario se vuelve innecesario, hay que vender las armas y, si se venden, hay que usarlas y, por lo tanto, hay que matar con urgencia, porque pronto la obsolescencia podría dejar ‘armas nuevas de paquete’ sin haberlas usado. La malvada condición del armamentista radica en evitar que la fabricación se convierta en ‘trabajo y valor socialmente necesario’. De lo contrario, se detiene o se deprime el mágico ciclo del capital productivo y financiero. ¿Será pedir demasiado a las Naciones Unidas y a cada uno de los ciudadanos del mundo, a los estados, países y naciones, que paren el armamentismo, aún a riesgo de una fuerte depresión económica?, ¿es posible, cuando menos, que el mundo converja en la decisión política de desarmar a la sociedad civil?

Tal como va el mundo, seguiremos llorando y lamentando impotentes más y más asesinatos. Hay que convencerse que mientras el lucro sin fin de la fabricación de armas se mantenga y se potencie, surgirán más y más locos, esquizofrénicos, criminales y asesinos. ¿Será posible humanizar la política?, ¿la Paz sin armas es una utopía posible?

Por cada bala asesina que se atore en la garganta de los cañones y no se convierta en papeles verdes que entran a los bolsillos de fabricantes y traficantes, crecerán mil niños y un millón de blancas sonrisas inocentes; por cada niño que crezca, habrá un cielo de esperanzas; por cada niño que sonría, habrá una espiga; por cada espiga, se cocerán mil y un panes morenos en acogedores lares y cabañas; por cada pan, jugará un niño en los apacibles jardines de la vida y florecerán eternas primaveras. (O)  

¿Quién arma la guerra a los asesinos, malvados y terroristas?

La cruel matanza ocurrida en Las Vegas ha dejado estupefactos, conmovidos y perplejos a quienes amamos la paz. Un maniático, loco, asesino o quien sabe qué, desde la ventana de un hotel, disparó a mansalva a una multitud que asistía a un concierto de música country. El criminal, armado con una docena de rifles, dejó como saldo 60 víctimas mortales y más de medio millar de heridos. Hoy, el mundo lamenta semejante tragedia humana. Miles de personas lloran el dolor de ausencia de sus seres queridos. ¿Qué y quién motivó al asesino para que cometa semejante barbaridad? La respuesta no hay que buscarla simplemente en la psicología, sino fundamentalmente en la economía y en la política, es decir, en la economía política. En primer lugar, la pregunta es: ¿quién permite la libre distribución y venta de armas de fuego para armar a la sociedad civil? La respuesta es: la política, esto es, los gobernantes. En segundo lugar, cabe interrogarse: ¿por qué se fabrican, venden y trafican armas de fuego ( lo mismo que armas químicas, biológicas y tantas otras de exterminio de la especie humana). La respuesta está en la economía del lucro sin fin, alejado de la ética. Inclusive, la producción de armas condiciona muchos de los guarismos macroeconómicos. Se tiene el convencimiento que, si se para la producción de armas, cae el PIB y el empleo. Debería preguntarse también: ¿quiénes financian las campañas electorales en aquellos países que cuentan con fuerte presencia de la industria armamentista?, ¿acaso no son los fabricantes de armas importantes financistas de sus candidatos más próximos?

En contra vía del único camino de y para la Paz, que es la Paz, la geopolítica global, jamás -y nunca lo hará- ha promovido un desarme en serio, todo lo contrario, el armamentismo está ahí: ‘vivito y matando’. ¿Quién suministra las armas para la guerra, el terrorismo, los asesinos, los malvados? Por supuesto que los fabricantes de armas, domiciliados, sobre todo, en el Norte. Y, claro, como el trabajo "socialmente necesario" debe realizarse, caso contrario se vuelve innecesario, hay que vender las armas y, si se venden, hay que usarlas y, por lo tanto, hay que matar con urgencia, porque pronto la obsolescencia podría dejar ‘armas nuevas de paquete’ sin haberlas usado. La malvada condición del armamentista radica en evitar que la fabricación se convierta en ‘trabajo y valor socialmente necesario’. De lo contrario, se detiene o se deprime el mágico ciclo del capital productivo y financiero. ¿Será pedir demasiado a las Naciones Unidas y a cada uno de los ciudadanos del mundo, a los estados, países y naciones, que paren el armamentismo, aún a riesgo de una fuerte depresión económica?, ¿es posible, cuando menos, que el mundo converja en la decisión política de desarmar a la sociedad civil?

Tal como va el mundo, seguiremos llorando y lamentando impotentes más y más asesinatos. Hay que convencerse que mientras el lucro sin fin de la fabricación de armas se mantenga y se potencie, surgirán más y más locos, esquizofrénicos, criminales y asesinos. ¿Será posible humanizar la política?, ¿la Paz sin armas es una utopía posible?

Por cada bala asesina que se atore en la garganta de los cañones y no se convierta en papeles verdes que entran a los bolsillos de fabricantes y traficantes, crecerán mil niños y un millón de blancas sonrisas inocentes; por cada niño que crezca, habrá un cielo de esperanzas; por cada niño que sonría, habrá una espiga; por cada espiga, se cocerán mil y un panes morenos en acogedores lares y cabañas; por cada pan, jugará un niño en los apacibles jardines de la vida y florecerán eternas primaveras. (O)