Querubines

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Lo último de Padre Hernán Astudillo

La madrugada del 27 de abril la Amazonía dormía en turbulentas pesadillas, cobijada con su espesa niebla, lluvias, truenos y relámpagos mientras en sus rutas avanzaban un grupo de emprendedores jóvenes, llevando en sus siluetas ternuras fértiles, al tercer festival de danza Amazónica en Sucumbíos, a donde iban a celebrar el Día de la Danza con una de sus presentaciones.
Inesperadamente en la vía Loreto-Tena, límites de las provincias Napo-Orellana, el puente Pinguyo se convirtió en escenario de cantos, llantos, gritos, oraciones y ritos.
El silencio adolorido entre oscuro verdor, místico olor a guarumbo, pino y humedosos arbustos ofrendaban al más allá coreografías espirituales de aquellas jóvenes danzarinas y jóvenes danzarines en los incontenibles suspiros de Paola Acevedo Morocho, Taiz Ordóñez Valencia, Cristian Cárdenas Cárdenas, Dayana Ochoa, Katherine Haro y Cristian Yanza.
¡Puente Pinguyo, te convertiste en santuario de nuestros danzarines!
Y mientras el pequeño caudal se contagiaba del cáliz inocente, en un instante mágico las corrientes inquietas empezaron a danzar al ritmo de tundulis y en su natural jornal, cientos de afluentes se integraron en su generosa comparsa con inquietos selváticos silbidos, bombos, pingullos, trutrucas, charangos, mandolines, quenas y violines que van danzando entre salto y salto de torrentosas corrientes, cascadas, largas sábanas de agua hasta llegar al majestuoso Amazonas y finalmente al Atlántico.
‘Pacha Nua Huayra’ revives en tus pintorescos colores espirituales de tus ofrendadas criaturas, con ritmos y sagrados movimientos, en los heridos rostros de estos arañados continentes, sumergidos en ruidos, miedos, odios, guerras, ambiciones y traiciones.
Revives para sanar y danzar esperanzas en las herméticas fronteras armadas y militarizadas que le negaron ver el rostro transfigurado de aquella migrante madre que pierde a una de las danzarinas.
Hoy saltas de nube en nube buscando a tu incansable peregrina consumida por el hambre de una fábrica para finalmente abrazarla, despedirse y besar sus lágrimas tenidas de incontenible dolor.
¡Se fueron danzando! ¡Se quedan danzando! y ¡continuarán danzando en las artísticas siluetas de millones de jóvenes y señoritas heroicas luchadoras por la vida...! (O)
¡Se fueron danzando! ¡Se quedan danzando! ¡Continuarán danzando en las artísticas siluetas de millones de jóvenes...!

Querubines

La madrugada del 27 de abril la Amazonía dormía en turbulentas pesadillas, cobijada con su espesa niebla, lluvias, truenos y relámpagos mientras en sus rutas avanzaban un grupo de emprendedores jóvenes, llevando en sus siluetas ternuras fértiles, al tercer festival de danza Amazónica en Sucumbíos, a donde iban a celebrar el Día de la Danza con una de sus presentaciones.
Inesperadamente en la vía Loreto-Tena, límites de las provincias Napo-Orellana, el puente Pinguyo se convirtió en escenario de cantos, llantos, gritos, oraciones y ritos.
El silencio adolorido entre oscuro verdor, místico olor a guarumbo, pino y humedosos arbustos ofrendaban al más allá coreografías espirituales de aquellas jóvenes danzarinas y jóvenes danzarines en los incontenibles suspiros de Paola Acevedo Morocho, Taiz Ordóñez Valencia, Cristian Cárdenas Cárdenas, Dayana Ochoa, Katherine Haro y Cristian Yanza.
¡Puente Pinguyo, te convertiste en santuario de nuestros danzarines!
Y mientras el pequeño caudal se contagiaba del cáliz inocente, en un instante mágico las corrientes inquietas empezaron a danzar al ritmo de tundulis y en su natural jornal, cientos de afluentes se integraron en su generosa comparsa con inquietos selváticos silbidos, bombos, pingullos, trutrucas, charangos, mandolines, quenas y violines que van danzando entre salto y salto de torrentosas corrientes, cascadas, largas sábanas de agua hasta llegar al majestuoso Amazonas y finalmente al Atlántico.
‘Pacha Nua Huayra’ revives en tus pintorescos colores espirituales de tus ofrendadas criaturas, con ritmos y sagrados movimientos, en los heridos rostros de estos arañados continentes, sumergidos en ruidos, miedos, odios, guerras, ambiciones y traiciones.
Revives para sanar y danzar esperanzas en las herméticas fronteras armadas y militarizadas que le negaron ver el rostro transfigurado de aquella migrante madre que pierde a una de las danzarinas.
Hoy saltas de nube en nube buscando a tu incansable peregrina consumida por el hambre de una fábrica para finalmente abrazarla, despedirse y besar sus lágrimas tenidas de incontenible dolor.
¡Se fueron danzando! ¡Se quedan danzando! y ¡continuarán danzando en las artísticas siluetas de millones de jóvenes y señoritas heroicas luchadoras por la vida...! (O)
¡Se fueron danzando! ¡Se quedan danzando! ¡Continuarán danzando en las artísticas siluetas de millones de jóvenes...!

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Lo último de Padre Hernán Astudillo