¿Por qué apostatar?

El miércoles 17 de julio se realizó en Ecuador una apostasía colectiva en las ciudades de Cuenca, Quito, Ibarra, Riobamba, Guayaquil, etc., en donde 100 personas decidieron salirse de manera formal y definitiva de la Iglesia Católica Apostólica Romana, aquella que nos fue impuesta por la familia, el sistema educativo, junto a la idea del pecado, la culpa.
Existe alrededor de 100.000 víctimas de abuso sexual por sacerdotes en el mundo, de acuerdo a los casos que han sido investigados y procesados. Las víctimas alzan su voz a finales de 1990 en Estados Unidos y Australia. Con el tiempo se expandió por el mundo: Irlanda, Italia, México, Chile, España, etc. Desde el 2018 Ecuador se unió con los casos de César Cordero Moscoso y Luis Fernando Intriago, quienes fueron protegidos por la sociedad conservadora ecuatoriana y la ciega, sorda y muda institución Conferencia Episcopal ecuatoriana, arzobispos y sacerdotes que negaron de justicia a las víctimas y sus familias. De acuerdo con informes de El Vaticano, cada año se reflejan 600 denuncias por abusos sexuales en el seno de la Iglesia.
Feministas sostienen que la iglesia ha sido y es una institución patriarcal, misma que naturalizó el estereotipo de hija y madre abnegada, así como la sumisión y el dolor como propio de su género. Desde la aprobación del matrimonio civil igualitario, en un total irrespeto a la significación de que el Ecuador sea un Estado laico, la máxima cúpula ha amenazado al poder político con falsos enunciados y marchas que promueven el odio y discriminación.
El mismo día que se realizó la apostasía, en Facebook, se realizó la denuncia de dos chicos gays que han sido intimidados y acosados en redes sociales por fanáticos religiosos que mencionan, “pensaste que cambiando de fecha podrías librarte del castigo divino? Te estamos vigilando y empezaremos a gestar acciones para infligir el castigo a todos los homosexuales que no cambien su comportamiento (…) cumplirás un papel fundamental llevando el papel de pureza”. Uno de ellos narra, que, al bajarse de un taxi en Salinas, pierde la consciencia, y al levantarse el siguiente día, además de haber sido golpeado, tiene una quemadura de fierro con la palabra gay. Ecuador en pleno s.XXI,
como institución inquisidora y colonialista, han impregnado en el imaginario colectivo al empobrecimiento como requisito para la asunción a los cielos y han manipulado la ignorancia y la fe de las personas campesinas para recibir donaciones.
Apostatar, como decisión política, hace que dejemos de ser cómplices de toda su historia. (O)
La iglesia ha perpetuado ser pobre como una virtud, ser LGBTIQ+ como pecado y la impunidad ante la pederastia clerical.

¿Por qué apostatar?

El miércoles 17 de julio se realizó en Ecuador una apostasía colectiva en las ciudades de Cuenca, Quito, Ibarra, Riobamba, Guayaquil, etc., en donde 100 personas decidieron salirse de manera formal y definitiva de la Iglesia Católica Apostólica Romana, aquella que nos fue impuesta por la familia, el sistema educativo, junto a la idea del pecado, la culpa.
Existe alrededor de 100.000 víctimas de abuso sexual por sacerdotes en el mundo, de acuerdo a los casos que han sido investigados y procesados. Las víctimas alzan su voz a finales de 1990 en Estados Unidos y Australia. Con el tiempo se expandió por el mundo: Irlanda, Italia, México, Chile, España, etc. Desde el 2018 Ecuador se unió con los casos de César Cordero Moscoso y Luis Fernando Intriago, quienes fueron protegidos por la sociedad conservadora ecuatoriana y la ciega, sorda y muda institución Conferencia Episcopal ecuatoriana, arzobispos y sacerdotes que negaron de justicia a las víctimas y sus familias. De acuerdo con informes de El Vaticano, cada año se reflejan 600 denuncias por abusos sexuales en el seno de la Iglesia.
Feministas sostienen que la iglesia ha sido y es una institución patriarcal, misma que naturalizó el estereotipo de hija y madre abnegada, así como la sumisión y el dolor como propio de su género. Desde la aprobación del matrimonio civil igualitario, en un total irrespeto a la significación de que el Ecuador sea un Estado laico, la máxima cúpula ha amenazado al poder político con falsos enunciados y marchas que promueven el odio y discriminación.
El mismo día que se realizó la apostasía, en Facebook, se realizó la denuncia de dos chicos gays que han sido intimidados y acosados en redes sociales por fanáticos religiosos que mencionan, “pensaste que cambiando de fecha podrías librarte del castigo divino? Te estamos vigilando y empezaremos a gestar acciones para infligir el castigo a todos los homosexuales que no cambien su comportamiento (…) cumplirás un papel fundamental llevando el papel de pureza”. Uno de ellos narra, que, al bajarse de un taxi en Salinas, pierde la consciencia, y al levantarse el siguiente día, además de haber sido golpeado, tiene una quemadura de fierro con la palabra gay. Ecuador en pleno s.XXI,
como institución inquisidora y colonialista, han impregnado en el imaginario colectivo al empobrecimiento como requisito para la asunción a los cielos y han manipulado la ignorancia y la fe de las personas campesinas para recibir donaciones.
Apostatar, como decisión política, hace que dejemos de ser cómplices de toda su historia. (O)
La iglesia ha perpetuado ser pobre como una virtud, ser LGBTIQ+ como pecado y la impunidad ante la pederastia clerical.