Por la mujer

Visto

Dentro del catálogo de crímenes posibles, la violación es el acto más repulsivo, cobarde y vil de la sociedad machista. Pero no es, sin embargo, más que la punta del iceberg de todas las violencias, de tipo sexual o no, que puede sufrir una persona en nuestros días. Imaginemos por un momento el trauma y la herida perpetua, la cicatriz espiritual, y muchas veces física, el hueco en el alma que por el resto de su vida deberá portar el ser humano que haya sido objeto de una violación. Es inimaginable. Y en el caso de las mujeres, además, con el altísimo riesgo de llevar un embarazo fruto de tan abominable acto. Pensemos en las decenas de adolescentes que han sido víctimas de una cosa parecida y por un momento ocupemos su lugar. Por tal motivo, hay que ser tajantes al decir que no se puede invocar ningún tipo de creencia para defender la tortura que implica una gestación de este tipo y que la mujer debe tener la posibilidad legal de interrumpir dicho embarazo por ser fruto de una violación. Debe ser ley.
Es un debate ineludible y una verdadera encrucijada de nuestro proceso civilizatorio. Individual y colectivamente debemos enfrentar la hipocresía social que nos hace mirar hacia otro lado cuando debemos abordar temas llamados incómodos, o tabús, para, muy fácilmente, juzgar y sentenciar a las víctimas ¿Por qué iba vestida así? ¿Por qué no estaba en casa con sus padres? Algo habrá hecho para provocar a sus violadores. Porque es más fácil señalar con el dedo, girar la cabeza, hacer como que no nos enteramos del sufrimiento de una persona violada, vejada física y moralmente, es más fácil eso que pensar en los derechos que asisten a la víctima para reparar o detener una parte del daño.
Nada justifica la violencia y no es no. Esa es la única verdad. Hay que decirlo alto y fuerte. La opción de que una mujer pueda interrumpir el embarazo fruto de una violación debe estar garantizado en la ley porque las sociedades deben proteger a sus ciudadanos ante todo y esta es una forma de hacerlo. No nos engañemos, si los hombres pudiésemos quedar  embarazados el aborto, no solo en casos de violación, estuviese más que garantizado. Por tal motivo, no es suficiente con castigar al violador, muchas veces un pariente cercano, sino que la mujer debe poder, además, decidir si interrumpe o no el posible embarazo. Porque hoy las mujeres están condenadas a la clandestinidad, la muerte y a las consecuencias del mercado negro del aborto inseguro después de haber sido violadas y eso no puede seguir pasando. (O)

Por la mujer

Dentro del catálogo de crímenes posibles, la violación es el acto más repulsivo, cobarde y vil de la sociedad machista. Pero no es, sin embargo, más que la punta del iceberg de todas las violencias, de tipo sexual o no, que puede sufrir una persona en nuestros días. Imaginemos por un momento el trauma y la herida perpetua, la cicatriz espiritual, y muchas veces física, el hueco en el alma que por el resto de su vida deberá portar el ser humano que haya sido objeto de una violación. Es inimaginable. Y en el caso de las mujeres, además, con el altísimo riesgo de llevar un embarazo fruto de tan abominable acto. Pensemos en las decenas de adolescentes que han sido víctimas de una cosa parecida y por un momento ocupemos su lugar. Por tal motivo, hay que ser tajantes al decir que no se puede invocar ningún tipo de creencia para defender la tortura que implica una gestación de este tipo y que la mujer debe tener la posibilidad legal de interrumpir dicho embarazo por ser fruto de una violación. Debe ser ley.
Es un debate ineludible y una verdadera encrucijada de nuestro proceso civilizatorio. Individual y colectivamente debemos enfrentar la hipocresía social que nos hace mirar hacia otro lado cuando debemos abordar temas llamados incómodos, o tabús, para, muy fácilmente, juzgar y sentenciar a las víctimas ¿Por qué iba vestida así? ¿Por qué no estaba en casa con sus padres? Algo habrá hecho para provocar a sus violadores. Porque es más fácil señalar con el dedo, girar la cabeza, hacer como que no nos enteramos del sufrimiento de una persona violada, vejada física y moralmente, es más fácil eso que pensar en los derechos que asisten a la víctima para reparar o detener una parte del daño.
Nada justifica la violencia y no es no. Esa es la única verdad. Hay que decirlo alto y fuerte. La opción de que una mujer pueda interrumpir el embarazo fruto de una violación debe estar garantizado en la ley porque las sociedades deben proteger a sus ciudadanos ante todo y esta es una forma de hacerlo. No nos engañemos, si los hombres pudiésemos quedar  embarazados el aborto, no solo en casos de violación, estuviese más que garantizado. Por tal motivo, no es suficiente con castigar al violador, muchas veces un pariente cercano, sino que la mujer debe poder, además, decidir si interrumpe o no el posible embarazo. Porque hoy las mujeres están condenadas a la clandestinidad, la muerte y a las consecuencias del mercado negro del aborto inseguro después de haber sido violadas y eso no puede seguir pasando. (O)

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