Políticas contracíclicas

La historia económica del capitalismo ha demostrado su carácter cíclico. Se presentan alternadamente períodos alcistas y períodos de recesión. Los ciclos muestran momentos de expansión, boom, recesión y depresión.
La política económica pública, además de servir para atenuar las desigualdades económicas, sociales y geográficas resultantes del libre mercado, sirve para corregir o minimizar los efectos del ciclo económico.
Esta “simple” regla, casi de sentido común, exige del Estado, entre otras medidas: la creación de fuentes de trabajo, el incremento de la inversión y la reducción (temporal) de impuestos. En nuestro país, las proyecciones del PIB, reconocidas por el propio FMI, son de crecimiento negativo. Se habla por lo tanto de una recesión programada para el próximo trienio.
El “Plan Prosperidad” auspiciado por el FMI, contempla acciones pro cíclicas; es decir, orientadas a profundizar -mediante fuertes ajustes- la caída de la producción y del empleo. Los despidos masivos de empleados públicos, el aumento de los impuestos (con mayor peso de la tributación indirecta), la des-inversión (“monetizacion”) pública, la precarización laboral son algunas de las políticas comprometidas en la carta de intención firmada en marzo ante el FMI.
Estas políticas, agravarían la crítica situación económica y social. Lo ocurrido en América Latina y El Caribe en la mayoría de países de la región es muestra palpable de la eficacia de las políticas contracíclicas.
Las finanzas expansivas en circunstancias de enfriamiento económico, constituyen el camino idóneo para la reactivación del empleo y la producción. En condiciones de caída de los precios de las materias primas (commodities) los países latinoamericanos quitaron el pie del acelerador fiscal. Ahí están los resultados: para este año, el crecimiento del PIB, será prácticamente nulo.
Como “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”, soplarán nuevos vientos con nuevas políticas económicas, políticas que devuelvan al Estado la responsabilidad de ocuparse y preocuparse de lo social y de las políticas productivas activas y proactivas.
Llama la atención que, a pesar de los magros resultados, muchos gobiernos accedan el retorno del Consenso de Washington, renuncien a la soberanía y entreguen el manejo de la economía al FMI. (O)
Llama la atención que, a pesar de los magros resultados, gobiernos accedan el retorno del Consenso de Washington.

Políticas contracíclicas

La historia económica del capitalismo ha demostrado su carácter cíclico. Se presentan alternadamente períodos alcistas y períodos de recesión. Los ciclos muestran momentos de expansión, boom, recesión y depresión.
La política económica pública, además de servir para atenuar las desigualdades económicas, sociales y geográficas resultantes del libre mercado, sirve para corregir o minimizar los efectos del ciclo económico.
Esta “simple” regla, casi de sentido común, exige del Estado, entre otras medidas: la creación de fuentes de trabajo, el incremento de la inversión y la reducción (temporal) de impuestos. En nuestro país, las proyecciones del PIB, reconocidas por el propio FMI, son de crecimiento negativo. Se habla por lo tanto de una recesión programada para el próximo trienio.
El “Plan Prosperidad” auspiciado por el FMI, contempla acciones pro cíclicas; es decir, orientadas a profundizar -mediante fuertes ajustes- la caída de la producción y del empleo. Los despidos masivos de empleados públicos, el aumento de los impuestos (con mayor peso de la tributación indirecta), la des-inversión (“monetizacion”) pública, la precarización laboral son algunas de las políticas comprometidas en la carta de intención firmada en marzo ante el FMI.
Estas políticas, agravarían la crítica situación económica y social. Lo ocurrido en América Latina y El Caribe en la mayoría de países de la región es muestra palpable de la eficacia de las políticas contracíclicas.
Las finanzas expansivas en circunstancias de enfriamiento económico, constituyen el camino idóneo para la reactivación del empleo y la producción. En condiciones de caída de los precios de las materias primas (commodities) los países latinoamericanos quitaron el pie del acelerador fiscal. Ahí están los resultados: para este año, el crecimiento del PIB, será prácticamente nulo.
Como “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”, soplarán nuevos vientos con nuevas políticas económicas, políticas que devuelvan al Estado la responsabilidad de ocuparse y preocuparse de lo social y de las políticas productivas activas y proactivas.
Llama la atención que, a pesar de los magros resultados, muchos gobiernos accedan el retorno del Consenso de Washington, renuncien a la soberanía y entreguen el manejo de la economía al FMI. (O)
Llama la atención que, a pesar de los magros resultados, gobiernos accedan el retorno del Consenso de Washington.