Política y acoso

El proceso electoral venidero no deja, en realidad, de ser determinante para el futuro inmediato del país: sus resultados serán la expresión del estado de ánimo de una población que se acostumbró a ratificar su acuerdo con la política implementada desde Carondelet: entonces, había certezas y confianza en el mejoramiento de la economía ciudadana. ¿Cuál es la situación actual?
Para comenzar, la proliferación de agrupaciones que aspiran a ganarse el voto del soberano ha sido inusitada: ¿expresión de una ampliación del espectro democrático o de la diversidad ideológica? No, apenas de números que no tienen el menor significado para los intereses de la ciudadanía; una diversidad de rostros, conocidos y desconocidos, en busca de sus mejores efectos fotográficos. ¿Sus propuestas de trabajo?, bueno, son parte de la formalidad electoral y básicamente están a cargo de un sociólogo recomendado; la campaña es tarea de buenas o malas empresas publicitarias; la motivación?, trágicamente es problema del acoso al oponente: hay que convencer a los electores que el fulano fue parte del gobierno de la década ganada, o sea, es ¡corrupto! Todo está mercantilizado: por estudios previos, particularmente en parroquias de escaso electorado, no es difícil identificar las preferencias electorales: el problema está resuelto: ya se alteró el padrón electoral con la inscripción de los votantes necesarios para ganar, no importa que quien sufraga ni siquiera conozca el recinto donde lo hará.
Era cuántica! No priman los intereses de la ciudadanía y menos aún la materialización de los derechos humanos. No prima el ser humano, prima la financiarización del capital: solo prima la ‘obra pública’: el tranvía, la superautopista de ocho carriles para llegar a Gualaceo en 20 minutos, la super-circunvalación que eleve la plusvalía de mis terrenitos que por ahora no me rinden nada; hacer lo que hizo el zutano en la ciudad de tal país, levantar el programa que fue ‘todo un éxito’ en un ignoto país.
El ciudadano de a pie que cada mañana se levanta para ganar el pan con que alimentará a sus hijos necesita de cosas mucho más simples y elementales: debe tener la certeza de que en la tarde, cuando regrese a su ‘dulce hogar’, su familia pueda descansar con el estómago lleno, dormir con tranquilidad, recuperar fuerzas y en la mañana, lleno de energía y siga siendo un ser humano. Simplemente: ¡UN SER HUMANO! ¡Que  al final el elector gane la certeza de ser socialmente útil! (O)
Si la ideología no es la razón de las alianzas políticas, entonces su razón son los intereses económicos. ¡Negocios son negocios!

Política y acoso

El proceso electoral venidero no deja, en realidad, de ser determinante para el futuro inmediato del país: sus resultados serán la expresión del estado de ánimo de una población que se acostumbró a ratificar su acuerdo con la política implementada desde Carondelet: entonces, había certezas y confianza en el mejoramiento de la economía ciudadana. ¿Cuál es la situación actual?
Para comenzar, la proliferación de agrupaciones que aspiran a ganarse el voto del soberano ha sido inusitada: ¿expresión de una ampliación del espectro democrático o de la diversidad ideológica? No, apenas de números que no tienen el menor significado para los intereses de la ciudadanía; una diversidad de rostros, conocidos y desconocidos, en busca de sus mejores efectos fotográficos. ¿Sus propuestas de trabajo?, bueno, son parte de la formalidad electoral y básicamente están a cargo de un sociólogo recomendado; la campaña es tarea de buenas o malas empresas publicitarias; la motivación?, trágicamente es problema del acoso al oponente: hay que convencer a los electores que el fulano fue parte del gobierno de la década ganada, o sea, es ¡corrupto! Todo está mercantilizado: por estudios previos, particularmente en parroquias de escaso electorado, no es difícil identificar las preferencias electorales: el problema está resuelto: ya se alteró el padrón electoral con la inscripción de los votantes necesarios para ganar, no importa que quien sufraga ni siquiera conozca el recinto donde lo hará.
Era cuántica! No priman los intereses de la ciudadanía y menos aún la materialización de los derechos humanos. No prima el ser humano, prima la financiarización del capital: solo prima la ‘obra pública’: el tranvía, la superautopista de ocho carriles para llegar a Gualaceo en 20 minutos, la super-circunvalación que eleve la plusvalía de mis terrenitos que por ahora no me rinden nada; hacer lo que hizo el zutano en la ciudad de tal país, levantar el programa que fue ‘todo un éxito’ en un ignoto país.
El ciudadano de a pie que cada mañana se levanta para ganar el pan con que alimentará a sus hijos necesita de cosas mucho más simples y elementales: debe tener la certeza de que en la tarde, cuando regrese a su ‘dulce hogar’, su familia pueda descansar con el estómago lleno, dormir con tranquilidad, recuperar fuerzas y en la mañana, lleno de energía y siga siendo un ser humano. Simplemente: ¡UN SER HUMANO! ¡Que  al final el elector gane la certeza de ser socialmente útil! (O)
Si la ideología no es la razón de las alianzas políticas, entonces su razón son los intereses económicos. ¡Negocios son negocios!