Poder a la sombra

En vísperas de la asunción al poder del nuevo presidente ecuatoriano, un columnista guayaquileño escribía: <¿Tendrá efectivamente Lenín Moreno la posibilidad de introducir no solo un estilo distinto, sino criterios y propuestas diferentes al momento de ejercer el poder de manera efectiva, o estará supeditado a que se origine una especie de poder tras el poder que someta su ejercicio presidencial a la voluntad política de su antecesor?>
Concordemos con el periodista en mención  cuando señala que “una de las situaciones más estudiadas a nivel de ciencia política es el denominado poder tras el poder que se origina cuando quien realmente mueve la estructura básica del poder, en algunos casos con discreción, en otras de forma abierta y militante, es un actor político distinto del gobernante”. En efecto, desde antes de la instauración del Estado nación, la historia de las más rancias monarquías registra casos –no pocos- de ejercicio del poder tras bastidores. Quizás el de Rasputín ya en el ocaso del zarismo en Rusia sea uno de los más polémicos. El problema del ejercicio real del poder, sigue y seguirá siendo en las modernas democracias una incógnita. Se admite con frecuencia que quien se instala en la Casa Blanca por la decisión del soberano es solamente un inquilino y que el verdadero poder es invisible. En la práctica, los países pequeños han pasado a ser piezas importantes en la geopolítica internacional, no precisamente por su capacidad de influencia en el concierto de los organismos internacionales, sino en función de las riquezas  naturales, particularmente del subsuelo, de las que son y deberían ser propietarios.
Debo reconocer que el articulista que alertó sobre la posible existencia de un poder a la sombra tras el régimen que se instalaría el 25 de mayo de 20l7, no estaba muy equivocado. Sin embargo, más que esperar un acierto, su vaticinio se sustentaba en un ferviente deseo de que se agote la década ganada, es decir, que a la casa de gobierno  llegue un consejero tras bastidores. No deja de llamar la atención que al día siguiente de haberse instalado en el Palacio de Gobierno el nuevo mandatario, otro columnista haya afirmado categóricamente que un personaje, no precisamente afín al antecesor, “ya tiene oficina en Carondelet”.
El tiempo sigue su marcha. Durante los 21 meses de gobierno el ciudadano común tiene la certeza de que la ruta trazada por el Gobierno actual, se distancia cada día más de la anterior. (O)

El actor político que está a la sombra  del que gobierna es quien ejerce en realidad el poder y controla el Estado.

Poder a la sombra

En vísperas de la asunción al poder del nuevo presidente ecuatoriano, un columnista guayaquileño escribía: <¿Tendrá efectivamente Lenín Moreno la posibilidad de introducir no solo un estilo distinto, sino criterios y propuestas diferentes al momento de ejercer el poder de manera efectiva, o estará supeditado a que se origine una especie de poder tras el poder que someta su ejercicio presidencial a la voluntad política de su antecesor?>
Concordemos con el periodista en mención  cuando señala que “una de las situaciones más estudiadas a nivel de ciencia política es el denominado poder tras el poder que se origina cuando quien realmente mueve la estructura básica del poder, en algunos casos con discreción, en otras de forma abierta y militante, es un actor político distinto del gobernante”. En efecto, desde antes de la instauración del Estado nación, la historia de las más rancias monarquías registra casos –no pocos- de ejercicio del poder tras bastidores. Quizás el de Rasputín ya en el ocaso del zarismo en Rusia sea uno de los más polémicos. El problema del ejercicio real del poder, sigue y seguirá siendo en las modernas democracias una incógnita. Se admite con frecuencia que quien se instala en la Casa Blanca por la decisión del soberano es solamente un inquilino y que el verdadero poder es invisible. En la práctica, los países pequeños han pasado a ser piezas importantes en la geopolítica internacional, no precisamente por su capacidad de influencia en el concierto de los organismos internacionales, sino en función de las riquezas  naturales, particularmente del subsuelo, de las que son y deberían ser propietarios.
Debo reconocer que el articulista que alertó sobre la posible existencia de un poder a la sombra tras el régimen que se instalaría el 25 de mayo de 20l7, no estaba muy equivocado. Sin embargo, más que esperar un acierto, su vaticinio se sustentaba en un ferviente deseo de que se agote la década ganada, es decir, que a la casa de gobierno  llegue un consejero tras bastidores. No deja de llamar la atención que al día siguiente de haberse instalado en el Palacio de Gobierno el nuevo mandatario, otro columnista haya afirmado categóricamente que un personaje, no precisamente afín al antecesor, “ya tiene oficina en Carondelet”.
El tiempo sigue su marcha. Durante los 21 meses de gobierno el ciudadano común tiene la certeza de que la ruta trazada por el Gobierno actual, se distancia cada día más de la anterior. (O)

El actor político que está a la sombra  del que gobierna es quien ejerce en realidad el poder y controla el Estado.