Pobreza y dignidad…

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Lo último de Tito Astudillo Sarmiento

Cuando Mayra Arenas nos habla de pobreza nos enfrenta con profundas reflexiones que, sin lugar a dudas, generan nuevas aristas de pensamiento mucho más amplias y solidarias, cuando, por el contrario, el señor entrenador de la selección nacional de fútbol, Hernán Darío Gómez nos habla de pobreza nos provoca la indignación de enfrentar la resignación de un: no se puede, nunca se ha podido; rematado por un “no me contrataron para que me vaya bien en la copa…”.
Me pregunto ¿A quién?, o ¿Dónde le contratan a uno para que le vaya mal? Existen esos trabajos con sueldos de más de cien mil dólares (sí, cien mil dólares), no, no anuales, mensuales; correcto, entendió bien y con justicia se asustó, cien mil dólares mensuales para que el vaya como el vaya, sin evaluación ni consecuencias, es más con licencia para que la mediocridad sea la vara de conducta cotidiana.
Que digna pobreza nos mostraron Paraguay o Colombia llevando a penales a los favoritos o Perú eliminando al más rico, que digna pobreza la venezolana que cae luchando, la japonesa que se va en primera ronda, más allá del trillado con la satisfacción de haberlo dejado todo, con la convicción de que cuando vuelvan serán más fuertes y llegarán más lejos.
Decirnos que por no haber ganado nada no tenemos derecho a soñarlo y hacerlo, piensa el brillante estratega que lo contratamos para seguir perdiendo, ¿piensa acaso que para eso se le paga en un mes lo que muchos ganan o ganamos en casi una década?
En verdad me pregunto ¿Qué se ha creído este señor? Venir a tratarnos de pobres y pretender con ese trato maquillar un trabajo mediocre, condicionando un “si me echan me pagan todo”, me pregunto ¿Qué se le debe pagar? Si aún no lo ha trabajado, quiere que le respetemos su contrato, respete usted nuestra dignidad y el esfuerzo con que salimos adelante en cada jornada, respete nuestros sueños y nuestro derecho a construirlos, respete a esta gran generación de futbolistas ecuatorianos que merecen algo más que un mediocre convencido de su pobreza en el banco diciéndoles: “tratemos de que no nos hagan más goles”…
Pobre es una cosa, mediocre es otra, porque más allá de las condiciones están las decisiones, las que tomamos y caminamos, sobre las que nos edificamos, sobre las cuales nos trazamos metas que, con esfuerzo y constancia, perseguimos.
Pobre, mediocre y simplón es el razonamiento del “no me contrataron para que me vaya bien en la copa” como si la dignidad de nuestro himno puede cantarse con orgullo solo donde usted crea que le contrataron para que le vaya bien. (O)
Pobre, mediocre y simplón es el razonamiento del “no me contrataron para que me vaya bien en la copa”…

Pobreza y dignidad…

Cuando Mayra Arenas nos habla de pobreza nos enfrenta con profundas reflexiones que, sin lugar a dudas, generan nuevas aristas de pensamiento mucho más amplias y solidarias, cuando, por el contrario, el señor entrenador de la selección nacional de fútbol, Hernán Darío Gómez nos habla de pobreza nos provoca la indignación de enfrentar la resignación de un: no se puede, nunca se ha podido; rematado por un “no me contrataron para que me vaya bien en la copa…”.
Me pregunto ¿A quién?, o ¿Dónde le contratan a uno para que le vaya mal? Existen esos trabajos con sueldos de más de cien mil dólares (sí, cien mil dólares), no, no anuales, mensuales; correcto, entendió bien y con justicia se asustó, cien mil dólares mensuales para que el vaya como el vaya, sin evaluación ni consecuencias, es más con licencia para que la mediocridad sea la vara de conducta cotidiana.
Que digna pobreza nos mostraron Paraguay o Colombia llevando a penales a los favoritos o Perú eliminando al más rico, que digna pobreza la venezolana que cae luchando, la japonesa que se va en primera ronda, más allá del trillado con la satisfacción de haberlo dejado todo, con la convicción de que cuando vuelvan serán más fuertes y llegarán más lejos.
Decirnos que por no haber ganado nada no tenemos derecho a soñarlo y hacerlo, piensa el brillante estratega que lo contratamos para seguir perdiendo, ¿piensa acaso que para eso se le paga en un mes lo que muchos ganan o ganamos en casi una década?
En verdad me pregunto ¿Qué se ha creído este señor? Venir a tratarnos de pobres y pretender con ese trato maquillar un trabajo mediocre, condicionando un “si me echan me pagan todo”, me pregunto ¿Qué se le debe pagar? Si aún no lo ha trabajado, quiere que le respetemos su contrato, respete usted nuestra dignidad y el esfuerzo con que salimos adelante en cada jornada, respete nuestros sueños y nuestro derecho a construirlos, respete a esta gran generación de futbolistas ecuatorianos que merecen algo más que un mediocre convencido de su pobreza en el banco diciéndoles: “tratemos de que no nos hagan más goles”…
Pobre es una cosa, mediocre es otra, porque más allá de las condiciones están las decisiones, las que tomamos y caminamos, sobre las que nos edificamos, sobre las cuales nos trazamos metas que, con esfuerzo y constancia, perseguimos.
Pobre, mediocre y simplón es el razonamiento del “no me contrataron para que me vaya bien en la copa” como si la dignidad de nuestro himno puede cantarse con orgullo solo donde usted crea que le contrataron para que le vaya bien. (O)
Pobre, mediocre y simplón es el razonamiento del “no me contrataron para que me vaya bien en la copa”…

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Lo último de Tito Astudillo Sarmiento