¡Pobres, enaltecidos!

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Lo último de Padre Hernán Astudillo

Contextualizando el evangelio de este domingo según San Lucas, vemos las dos caras de liderazgos políticos en nuestros tiempos, cuando el fariseo arrogante oraba diciendo: “te doy gracias porque no soy como los hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago diezmo de todas mis ganancias”.


Desafortunadamente como hormigas desparramadas migran y emigran millones seres humanos en busca de esperanza, atemorizados por espeluznantes rugidos que hierven entre turbulencias, miedos e infatigables voces de gritos reprimidos por la doctrina del Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, OEA, ONU y sus serviles monaguillos al ritmo espiritual de políticas privadas, el ego se va institucionalizando a pasos gigantes en la manifestación exclusiva de sus negocios aberrantes en todos los rincones de la tierra.


Mientras el publicano en cambio se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo, lo único que hacía era golpearse el pecho diciendo: “Dios mío, apiádate de mí que soy un pecador”.  Al sentir el dolor de su pueblo abandonado, sin liderazgo espiritual, emocional, mental y económico.


San Lucas concluye en su reflexión: “Pues bien, yo les aseguro que este bajo a su casa justificado y aquel no; porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.


Los gritos  inagotables de este fértil continente con su preciosa diversidad cultural, al ritmo de resistencia pacífica sucumbirán los rincones ifinitos en caravanas fructíferas con abundantes frutos erguidos desde los más pobres y excluidos.


Porque los humillados desde hace 500 años serán enaltecidos en la recuperación equitativa de sus derechos y los enaltecidos serán humillados en sus perversas catedrales privadas decoradas con sus nuevos becerros de oro. (O)

¡Pobres, enaltecidos!

Contextualizando el evangelio de este domingo según San Lucas, vemos las dos caras de liderazgos políticos en nuestros tiempos, cuando el fariseo arrogante oraba diciendo: “te doy gracias porque no soy como los hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago diezmo de todas mis ganancias”.


Desafortunadamente como hormigas desparramadas migran y emigran millones seres humanos en busca de esperanza, atemorizados por espeluznantes rugidos que hierven entre turbulencias, miedos e infatigables voces de gritos reprimidos por la doctrina del Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, OEA, ONU y sus serviles monaguillos al ritmo espiritual de políticas privadas, el ego se va institucionalizando a pasos gigantes en la manifestación exclusiva de sus negocios aberrantes en todos los rincones de la tierra.


Mientras el publicano en cambio se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo, lo único que hacía era golpearse el pecho diciendo: “Dios mío, apiádate de mí que soy un pecador”.  Al sentir el dolor de su pueblo abandonado, sin liderazgo espiritual, emocional, mental y económico.


San Lucas concluye en su reflexión: “Pues bien, yo les aseguro que este bajo a su casa justificado y aquel no; porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.


Los gritos  inagotables de este fértil continente con su preciosa diversidad cultural, al ritmo de resistencia pacífica sucumbirán los rincones ifinitos en caravanas fructíferas con abundantes frutos erguidos desde los más pobres y excluidos.


Porque los humillados desde hace 500 años serán enaltecidos en la recuperación equitativa de sus derechos y los enaltecidos serán humillados en sus perversas catedrales privadas decoradas con sus nuevos becerros de oro. (O)

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