Piedra

Seguimos recorriendo nuestras cansadas rutas empedradas en turbulentos caminos, mientras los fariseos y escribas de nuestros tiempos acumulan parvas de piedras para avasallar los heridos rostros de nuestras patrias intimidadas, rasgadas y sumidas en impagables deudas.

Este quinto Domingo de Cuaresma, el evangelio según San Juan nos refresca cuando Jesús dejaba su espacio de oración en el monte de los olivos y se dirigía al templo, donde una multitud acorralaba a una mujer que iba a ser ejecutada a pedradas de acuerdo a la ley de Moisés por haber cometido adulterio. Los tiempos de Jesús no son tan diferentes a los nuestros, si observamos detenidamente, las leyes escritas en las asambleas constituyentes de nuestras patrias, ¿Cuántas de ellas defienden los derechos de las mujeres? ¿Hay injerencia de los poderes ecleciales en las leyes para impedir los derechos de las mujeres? ¿Cuántas leyes son como piedras en contra de los derechos de las mujeres?

Jesús miró el rostro opulento de los fariseos y escribas, quienes agitaron al pueblo, luego agachó su rostro y empezó a escribir en el suelo con su dedo. Como insistían a que se le acuse, se paró con autoridad y les retó: el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Y se volvió a agachar y siguió escribiendo. Al oír aquellas palabras, los acusadores empezaron a escabullirse hasta que dejaron solo a Jesús y a la mujer.

Jesús, en profunda solidaridad, preguntó a la mujer: ¿Dónde están los que te acusaban? Sorprendida, le contestó: se han ido Señor. Lleno en ternura, Jesús le dijo: tampoco yo te condeno, sigue adelante y trata de no cometer otro error. Qué frágiles somos los humanos para condenar, inspirados en corrientes y tormentas de ideologías machistas, qué difícil nos es perdonar a quienes son víctimas de estructuras políticas patriarcales. ¿Por qué solo a la mujer se le tilda de adúltera y al hombre no?

Vivimos en una época profundamente vulnerable en donde las piedras están sofisticadamente entrenadas en las fogatas de odio para golpear a diestra y siniestra y las usamos con demasiada frecuencia, creando incertidumbre en nuestras familias, sociedades y naciones. Muchas veces, los medios de comunicación masivos y redes sociales actúan como sutiles y sofisticadas piedras listas para ejecutar a tantos inocentes. Si Jesús intervino con voz, autoridad y reflexión crítica ante una estructura política-religiosa hipócrita. ¿Qué harás tu en esta Cuaresma? ¿Condenarás, agitarás, llevarás tu piedra, ejecutarás, harás un acto de justicia, reconciliarás o perdonarás?

Piedra

Seguimos recorriendo nuestras cansadas rutas empedradas en turbulentos caminos, mientras los fariseos y escribas de nuestros tiempos acumulan parvas de piedras para avasallar los heridos rostros de nuestras patrias intimidadas, rasgadas y sumidas en impagables deudas.

Este quinto Domingo de Cuaresma, el evangelio según San Juan nos refresca cuando Jesús dejaba su espacio de oración en el monte de los olivos y se dirigía al templo, donde una multitud acorralaba a una mujer que iba a ser ejecutada a pedradas de acuerdo a la ley de Moisés por haber cometido adulterio. Los tiempos de Jesús no son tan diferentes a los nuestros, si observamos detenidamente, las leyes escritas en las asambleas constituyentes de nuestras patrias, ¿Cuántas de ellas defienden los derechos de las mujeres? ¿Hay injerencia de los poderes ecleciales en las leyes para impedir los derechos de las mujeres? ¿Cuántas leyes son como piedras en contra de los derechos de las mujeres?

Jesús miró el rostro opulento de los fariseos y escribas, quienes agitaron al pueblo, luego agachó su rostro y empezó a escribir en el suelo con su dedo. Como insistían a que se le acuse, se paró con autoridad y les retó: el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Y se volvió a agachar y siguió escribiendo. Al oír aquellas palabras, los acusadores empezaron a escabullirse hasta que dejaron solo a Jesús y a la mujer.

Jesús, en profunda solidaridad, preguntó a la mujer: ¿Dónde están los que te acusaban? Sorprendida, le contestó: se han ido Señor. Lleno en ternura, Jesús le dijo: tampoco yo te condeno, sigue adelante y trata de no cometer otro error. Qué frágiles somos los humanos para condenar, inspirados en corrientes y tormentas de ideologías machistas, qué difícil nos es perdonar a quienes son víctimas de estructuras políticas patriarcales. ¿Por qué solo a la mujer se le tilda de adúltera y al hombre no?

Vivimos en una época profundamente vulnerable en donde las piedras están sofisticadamente entrenadas en las fogatas de odio para golpear a diestra y siniestra y las usamos con demasiada frecuencia, creando incertidumbre en nuestras familias, sociedades y naciones. Muchas veces, los medios de comunicación masivos y redes sociales actúan como sutiles y sofisticadas piedras listas para ejecutar a tantos inocentes. Si Jesús intervino con voz, autoridad y reflexión crítica ante una estructura política-religiosa hipócrita. ¿Qué harás tu en esta Cuaresma? ¿Condenarás, agitarás, llevarás tu piedra, ejecutarás, harás un acto de justicia, reconciliarás o perdonarás?