PERSONALISMO

Es común la tendencia a relacionar los proyectos políticos de Estado con las personas que los impulsan; al personalizar la política mucho más factible generar pasiones, afinidades y desapegos personales y colectivos sobre un individuo, se puede construir héroes o villanos con facilidad, acorde a las circunstancias e intereses, dejando de lado conversaciones significativas sobre el alcance de las propuestas, las ideas y los impactos sociales de un nuevo estado de cosas. 
Quien lidera el cambio se puede volver “el caudillo”, “el mesías”, “el populista”, y los análisis políticos ponen los “ismos”: caudillismo, mesianismo, populismo, para caracterizar y adjetivar lo que se desea proyectar en el imaginario popular; así, se analiza el Garcianismo, el Alfarismo, el Velasquismo… para enfatizar la intolerancia de García Moreno, las luchas de Eloy Alfaro, la complacencia de Velasco Ibarra, sin profundizar las conversaciones sobre los proyectos políticos de Estado Confesional bajo el dominio clerical; de Estado Liberal que dio paso a las libertades civiles nacionales; de Estado aburguesado que permitió la corrupción manejada por las élites políticas y el nepotismo. 
El país analiza “ismos” de quienes estuvieron o están en el poder; sin debatir sobre el proyecto político del Estado del Buen Vivir vigente; sobre la igualdad entendida como el acceso universal a condiciones equitativas para el desarrollo social armónico; sobre la libertad comprendida como responsabilidad social y pensamiento abierto a nuevas fronteras de convivencia; sobre la fraternidad vista como integrar lo diverso en un propósito común. 
Mientras se discuten personal-ismos, el rumbo social previsto pierde su sistematicidad; se desarticulan los elementos que integran la proyección del futuro; se alteran las funciones del aparato estatal; se abandona la doctrina sistémica de que todos los elementos de un sistema deben cumplir un propósito común. 
Pese a que el proyecto político de Estado vigente espera productos distintos, se re-construye la vieja maquinaria estatal con piezas que ya no encajan, se intenta acoplarlas ampliando los márgenes legislativos, interviniendo en la participación y el control social, manipulando la administración de justicia. Se agranda la concentración económica, se contraen las obligaciones tributarias, se flexibilizan los derechos laborales; este aparato deforme difícilmente producirá condiciones para el Buen Vivir social. (O)

PERSONALISMO

Es común la tendencia a relacionar los proyectos políticos de Estado con las personas que los impulsan; al personalizar la política mucho más factible generar pasiones, afinidades y desapegos personales y colectivos sobre un individuo, se puede construir héroes o villanos con facilidad, acorde a las circunstancias e intereses, dejando de lado conversaciones significativas sobre el alcance de las propuestas, las ideas y los impactos sociales de un nuevo estado de cosas. 
Quien lidera el cambio se puede volver “el caudillo”, “el mesías”, “el populista”, y los análisis políticos ponen los “ismos”: caudillismo, mesianismo, populismo, para caracterizar y adjetivar lo que se desea proyectar en el imaginario popular; así, se analiza el Garcianismo, el Alfarismo, el Velasquismo… para enfatizar la intolerancia de García Moreno, las luchas de Eloy Alfaro, la complacencia de Velasco Ibarra, sin profundizar las conversaciones sobre los proyectos políticos de Estado Confesional bajo el dominio clerical; de Estado Liberal que dio paso a las libertades civiles nacionales; de Estado aburguesado que permitió la corrupción manejada por las élites políticas y el nepotismo. 
El país analiza “ismos” de quienes estuvieron o están en el poder; sin debatir sobre el proyecto político del Estado del Buen Vivir vigente; sobre la igualdad entendida como el acceso universal a condiciones equitativas para el desarrollo social armónico; sobre la libertad comprendida como responsabilidad social y pensamiento abierto a nuevas fronteras de convivencia; sobre la fraternidad vista como integrar lo diverso en un propósito común. 
Mientras se discuten personal-ismos, el rumbo social previsto pierde su sistematicidad; se desarticulan los elementos que integran la proyección del futuro; se alteran las funciones del aparato estatal; se abandona la doctrina sistémica de que todos los elementos de un sistema deben cumplir un propósito común. 
Pese a que el proyecto político de Estado vigente espera productos distintos, se re-construye la vieja maquinaria estatal con piezas que ya no encajan, se intenta acoplarlas ampliando los márgenes legislativos, interviniendo en la participación y el control social, manipulando la administración de justicia. Se agranda la concentración económica, se contraen las obligaciones tributarias, se flexibilizan los derechos laborales; este aparato deforme difícilmente producirá condiciones para el Buen Vivir social. (O)