Paridad y vicealcaldía

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María José Machado Arévalo

Para Mary Beard la exclusión de las mujeres del discurso público en la Antigüedad grecolatina inicia con la Odisea de Homero, cuando Telémaco calla a su madre, Penélope; o cuando Aristófanes dedica una comedia a la fantasía de mujeres gobernantes. En 1405 Christine de Pizan en La ciudad de las damas crea una urbe imaginaria en la que viven mujeres ilustres. Era una época lejana de los conceptos modernos de ciudadanía y feminismo, pero desde entonces se expresaba la ausencia de las mujeres en política como una injusticia.  
Cuenca tuvo reinas de belleza desde 1924 pero la primera concejala llegaría sesenta años después, en 1984. De 1990 hasta 2000 desaparecen las mujeres del Concejo Cantonal (Palacios, 2014). Desde 1997 fue obligatoria en el Ecuador la aplicación progresiva de cuotas hasta alcanzar la paridad, principio constitucional resultado de la lucha del movimiento de mujeres. Se denunció el machismo vivido en partidos políticos, campañas electorales y ejercicio de funciones públicas; así como los desafíos que las políticas experimentan en sus hogares y gestiones: dificultad de conciliar y discriminación por desventajas estructurales.
Los resultados de las últimas elecciones son decepcionantes en términos de equidad. En Azuay ninguna mujer alcaldesa en quince municipios y solo dos presidentas de 61 juntas parroquiales. En Cuenca solo dos mujeres concejalas de quince, el 13%. Esto se debe a que solo 7 de 38 listas fueron encabezadas por mujeres, un 18,42%. Se consolidó un casi monopolio masculino en el poder local, retroceso en relación con el Concejo Cantonal saliente, que llegó a tener hasta 13 mujeres.
El Art. 317 del COOTAD manda que en sesión inaugural del Concejo Cantonal se elegirá de entre sus miembros a la segunda autoridad del ejecutivo del correspondiente gobierno, de acuerdo con el principio de paridad entre mujeres y hombres en donde fuere posible. La imposibilidad de designar a una mujer como vicealcaldesa únicamente tendría lugar de no existir concejalas. Este expreso mandato no se ha inobservado hasta el momento. La ausencia o escasez de mujeres nos priva de voz pública, representación y poder y naturaliza la violencia de la jerarquía de géneros. Observar la paridad en la elección de la vicealcaldesa es legal y justo, para equilibrar en algo el poder masculino que ha vuelto a indicadores locales de los años ochenta, que creíamos superados. (O)

Paridad y vicealcaldía

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María José Machado Arévalo

Para Mary Beard la exclusión de las mujeres del discurso público en la Antigüedad grecolatina inicia con la Odisea de Homero, cuando Telémaco calla a su madre, Penélope; o cuando Aristófanes dedica una comedia a la fantasía de mujeres gobernantes. En 1405 Christine de Pizan en La ciudad de las damas crea una urbe imaginaria en la que viven mujeres ilustres. Era una época lejana de los conceptos modernos de ciudadanía y feminismo, pero desde entonces se expresaba la ausencia de las mujeres en política como una injusticia.  
Cuenca tuvo reinas de belleza desde 1924 pero la primera concejala llegaría sesenta años después, en 1984. De 1990 hasta 2000 desaparecen las mujeres del Concejo Cantonal (Palacios, 2014). Desde 1997 fue obligatoria en el Ecuador la aplicación progresiva de cuotas hasta alcanzar la paridad, principio constitucional resultado de la lucha del movimiento de mujeres. Se denunció el machismo vivido en partidos políticos, campañas electorales y ejercicio de funciones públicas; así como los desafíos que las políticas experimentan en sus hogares y gestiones: dificultad de conciliar y discriminación por desventajas estructurales.
Los resultados de las últimas elecciones son decepcionantes en términos de equidad. En Azuay ninguna mujer alcaldesa en quince municipios y solo dos presidentas de 61 juntas parroquiales. En Cuenca solo dos mujeres concejalas de quince, el 13%. Esto se debe a que solo 7 de 38 listas fueron encabezadas por mujeres, un 18,42%. Se consolidó un casi monopolio masculino en el poder local, retroceso en relación con el Concejo Cantonal saliente, que llegó a tener hasta 13 mujeres.
El Art. 317 del COOTAD manda que en sesión inaugural del Concejo Cantonal se elegirá de entre sus miembros a la segunda autoridad del ejecutivo del correspondiente gobierno, de acuerdo con el principio de paridad entre mujeres y hombres en donde fuere posible. La imposibilidad de designar a una mujer como vicealcaldesa únicamente tendría lugar de no existir concejalas. Este expreso mandato no se ha inobservado hasta el momento. La ausencia o escasez de mujeres nos priva de voz pública, representación y poder y naturaliza la violencia de la jerarquía de géneros. Observar la paridad en la elección de la vicealcaldesa es legal y justo, para equilibrar en algo el poder masculino que ha vuelto a indicadores locales de los años ochenta, que creíamos superados. (O)