Palabra

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Lo último de Padre Hernán Astudillo

 El evangelio de este domingo es como un huracán insostenible que sopla y recorre las entrañas enfermas de una sociedad completamente desarticulada de valores humanos.
San Juan nos refresca la firme ternura de Jesús cuando nos dice: “ El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él y haremos en Él nuestra morada”.
Teológicamente, la palabra tiene una riqueza profundamente humana, la palabra es una álgida expresión teórico-práctica, derramada de amor en las responsabilidades de todo ser humano, en sus experiencias pastorales, políticas, económicas y culturales.
Juan continua refrescando su profética voz cuando dice:  “Y Dios se hizo carne o verbo y habitó entre nosotros”, habitó entre nosotros y nosotras, para inspirarnos a construir pasos, caminos, puentes y responsabilidades llenas de amor.
En nuestros tiempos vemos como políticos de chatarra o religiosos retrógrados usan y abusan con fines personales el contenido y significado de la Palabra. Jesús en sus agitadas caminatas siente la presencia viva del Espíritu Santo, dador y generador de vida en abundancia, luz transparente que desnuda las maldades del ser humano y que inspira espacios de reconciliación.
Juan vuelve a recodarnos en la dinámica tinta descrita en el evangelio de este domingo otra vez diciendo: “La Paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo.
No pierdan la paz ni se acobarden”.  
Es preciso en nuestros tiempos llenos de vulnerablidades mantener con valentía, la paz como efecto de  justicia y la justicia como la expresión más noble de la palabra.
Y el Espíritu, iluminando huellas transformadoras, concienciadoras e integradoras en una praxis equitativa, creativa, emprendedora, participativa y democrática.
El liderazgo en las múltiples diversidades de nuestras comunidades, sociedades, países, continentes y Planeta necesitan ser evaluados en las humildes caminatas del sustancial contenido de la Palabra y Espíritu como voz profética, como puente de información transparente, como canto y poesía rebelde de millones de oprimidos en busca de esperanza. (O)
Es preciso en nuestros tiempos  mantener con valentía, la paz como efecto de  justicia y la justicia como la expresión de la palabra.

Palabra

 El evangelio de este domingo es como un huracán insostenible que sopla y recorre las entrañas enfermas de una sociedad completamente desarticulada de valores humanos.
San Juan nos refresca la firme ternura de Jesús cuando nos dice: “ El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él y haremos en Él nuestra morada”.
Teológicamente, la palabra tiene una riqueza profundamente humana, la palabra es una álgida expresión teórico-práctica, derramada de amor en las responsabilidades de todo ser humano, en sus experiencias pastorales, políticas, económicas y culturales.
Juan continua refrescando su profética voz cuando dice:  “Y Dios se hizo carne o verbo y habitó entre nosotros”, habitó entre nosotros y nosotras, para inspirarnos a construir pasos, caminos, puentes y responsabilidades llenas de amor.
En nuestros tiempos vemos como políticos de chatarra o religiosos retrógrados usan y abusan con fines personales el contenido y significado de la Palabra. Jesús en sus agitadas caminatas siente la presencia viva del Espíritu Santo, dador y generador de vida en abundancia, luz transparente que desnuda las maldades del ser humano y que inspira espacios de reconciliación.
Juan vuelve a recodarnos en la dinámica tinta descrita en el evangelio de este domingo otra vez diciendo: “La Paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo.
No pierdan la paz ni se acobarden”.  
Es preciso en nuestros tiempos llenos de vulnerablidades mantener con valentía, la paz como efecto de  justicia y la justicia como la expresión más noble de la palabra.
Y el Espíritu, iluminando huellas transformadoras, concienciadoras e integradoras en una praxis equitativa, creativa, emprendedora, participativa y democrática.
El liderazgo en las múltiples diversidades de nuestras comunidades, sociedades, países, continentes y Planeta necesitan ser evaluados en las humildes caminatas del sustancial contenido de la Palabra y Espíritu como voz profética, como puente de información transparente, como canto y poesía rebelde de millones de oprimidos en busca de esperanza. (O)
Es preciso en nuestros tiempos  mantener con valentía, la paz como efecto de  justicia y la justicia como la expresión de la palabra.

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Lo último de Padre Hernán Astudillo