Outsider político

El último año del s.XX el electorado del país pudo constatar la presencia del primer candidato outsider en la política: Lucio Gutiérrez, ex-coronel del Ejército ecuatoriano, fue elegido en segunda vuelta Presidente Constitucional de la República. Ajeno a la política partidista, distante de los poderes, económico y mediático, derrotó en las urnas a lo más pesado de la partidocracia: Rodrigo Borja Cevallos, Osvaldo Hurtado Larrea y León Roldós Aguilera, además de Álvaro Noboa.
Por cierto hay que recordar que cumpliendo sus tareas militares le correspondió ser edecán de los presidentes Abdalá Bucaram y su sucesor Fabián Alarcón, lo que sin duda alguna le permitió compenetrarse de la cotidianeidad política de Carondelet. El 21 de Enero de 2000, el Coronel Gutiérrez encabezó una rebelión que sacó del poder al Presidente Yamil Mahuad y, si bien se conformó un Triunvirato, a la media noche fue restituido el orden constitucional con la asunción al poder del Vicepresidente Gustavo Noboa Bejarano.
Ante la ciudadanía, Lucio Gutiérrez era en realidad un outsider, sin una identidad política definida, sin el apoyo del poder mediático y, menos aún, del poder económico. Su intento golpista lo pagó con su expulsión de las filas militares, cuatro meses de prisión y un exilio, solicitado, al Brasil. Su candidatura fue promocionada por la CONAIE y el MPD. Su entrada a la segunda vuelta electoral, fue sorpresiva; la presencia de Alfredo Palacio, prestigioso médico guayaquileño, pasó desapercibida por el electorado y el hecho real es que el propio candidato vicepresidencial prefirió el bajo perfil.
Ya instalado en el Poder, en visita a los EE.UU. se declaró su mejor amigo.
Transcurridas casi dos década desde entonces, el proceso electoral último, llama la atención por los resultados concretados, particularmente en las ciudades de Quito y Cuenca, en las que triunfan candidatos que no estaban en los registros de las élites políticas. ¿Estamos asistiendo en realidad al predominio de candidatos ‘forasteros’ –hablando en castellano-, al margen de la política? O, se trata más concretamente del predominio de una política desideologizada? Posiblemente es aún temprano para poder calificar con acierto lo sucedido, más allá de que efectivamente la ciudadanía quiso expresar su descontento con la envejecida dirigencia enclaustrada en el servicio público. Demos tiempo al tiempo. (O)
El ejercicio del poder público es imposible al margen de la ideología, pues sin ella se convierte simplemente en manejo mercantil.

Outsider político

El último año del s.XX el electorado del país pudo constatar la presencia del primer candidato outsider en la política: Lucio Gutiérrez, ex-coronel del Ejército ecuatoriano, fue elegido en segunda vuelta Presidente Constitucional de la República. Ajeno a la política partidista, distante de los poderes, económico y mediático, derrotó en las urnas a lo más pesado de la partidocracia: Rodrigo Borja Cevallos, Osvaldo Hurtado Larrea y León Roldós Aguilera, además de Álvaro Noboa.
Por cierto hay que recordar que cumpliendo sus tareas militares le correspondió ser edecán de los presidentes Abdalá Bucaram y su sucesor Fabián Alarcón, lo que sin duda alguna le permitió compenetrarse de la cotidianeidad política de Carondelet. El 21 de Enero de 2000, el Coronel Gutiérrez encabezó una rebelión que sacó del poder al Presidente Yamil Mahuad y, si bien se conformó un Triunvirato, a la media noche fue restituido el orden constitucional con la asunción al poder del Vicepresidente Gustavo Noboa Bejarano.
Ante la ciudadanía, Lucio Gutiérrez era en realidad un outsider, sin una identidad política definida, sin el apoyo del poder mediático y, menos aún, del poder económico. Su intento golpista lo pagó con su expulsión de las filas militares, cuatro meses de prisión y un exilio, solicitado, al Brasil. Su candidatura fue promocionada por la CONAIE y el MPD. Su entrada a la segunda vuelta electoral, fue sorpresiva; la presencia de Alfredo Palacio, prestigioso médico guayaquileño, pasó desapercibida por el electorado y el hecho real es que el propio candidato vicepresidencial prefirió el bajo perfil.
Ya instalado en el Poder, en visita a los EE.UU. se declaró su mejor amigo.
Transcurridas casi dos década desde entonces, el proceso electoral último, llama la atención por los resultados concretados, particularmente en las ciudades de Quito y Cuenca, en las que triunfan candidatos que no estaban en los registros de las élites políticas. ¿Estamos asistiendo en realidad al predominio de candidatos ‘forasteros’ –hablando en castellano-, al margen de la política? O, se trata más concretamente del predominio de una política desideologizada? Posiblemente es aún temprano para poder calificar con acierto lo sucedido, más allá de que efectivamente la ciudadanía quiso expresar su descontento con la envejecida dirigencia enclaustrada en el servicio público. Demos tiempo al tiempo. (O)
El ejercicio del poder público es imposible al margen de la ideología, pues sin ella se convierte simplemente en manejo mercantil.