¿Otra vez el IVA?

El vicepresidente de la República, Otto Sonnenholzner, indicó el jueves anterior en una entrevista radial, que el gobierno se encuentra analizando distintos escenarios que podrían incorporarse como reformas legales en la reforma tributaria del proyecto de Ley de Fomento Productivo 2. Indicó que el gobierno no tiene afanes recaudatorios sino que le interesa incrementar los niveles de bancarización en el país. Esto incluiría una eventual alza del IVA, como parte de los acuerdos con el FMI; aunque el ministro de finanzas no quiso confirmarlo.
La intervención del FMI en la economía de cualquier país del mundo representa el fin de su soberanía. Por tanto, la supuesta globalización económica, en términos liberales, no significa otra cosa que una transferencia del poder de los Estados a las fuerzas económicas del mercado, controlado por los organismos financieros internacionales.
Cuando los Estados transfieren el poder a esas instituciones que no ha elegido nadie, sin vínculos con los sectores sociales y sin ningún tipo de rendición de cuentas a la ciudadanía, nos topamos con el gravísimo problema de que a cada momento les envían una suerte de mensajes a “nuestros” gobernantes: “No mandan ustedes, mandamos nosotros”.
La deuda externa bajo los condicionamientos del FMI, chupa la sangre de los países en crisis. Para salvar a los bancos y en nombre de aumentar la productividad y el empleo, arrasan la sociedad, desemplean, privatizan o concesionan –como es la palabra de moda- bienes públicos que constituyen la joya de la corona (telecomunicaciones, hidroeléctricas, petróleo, carreteras), disminuyen los salarios, eliminan impuestos a los ricos, retrasan la edad de jubilación, flexibilizan la oferta laboral, etc.
Esto va más allá, de cuando Karl Marx, consideraba que el capital vive de la explotación de la fuerza de trabajo pero no de la venta de vidas. Sin embargo, ya en 1847 en la Miseria de la Filosofía, él intuía: “Ha llegado, por último, un tiempo en que todo lo que los hombres habían considerado inalienable se ha vuelto objeto de cambio, de tráfico, y podría alienarse. Un tiempo en el que las cosas que hasta entonces eran comunicadas, pero jamás intercambiadas; dadas, pero nunca vendidas; adquiridas pero jamás compradas, como la virtud, el amor, la opinión, la ciencia y la conciencia, han pasado a ser comercio. Reina el tiempo de la corrupción general y de la venalidad universal... en el que todo se lleva al mercado”. (O)
Ha llegado un tiempo en que todo lo que se consideraba inalienable se ha vuelto objeto de cambio, de tráfico y podría alienarse.

¿Otra vez el IVA?

El vicepresidente de la República, Otto Sonnenholzner, indicó el jueves anterior en una entrevista radial, que el gobierno se encuentra analizando distintos escenarios que podrían incorporarse como reformas legales en la reforma tributaria del proyecto de Ley de Fomento Productivo 2. Indicó que el gobierno no tiene afanes recaudatorios sino que le interesa incrementar los niveles de bancarización en el país. Esto incluiría una eventual alza del IVA, como parte de los acuerdos con el FMI; aunque el ministro de finanzas no quiso confirmarlo.
La intervención del FMI en la economía de cualquier país del mundo representa el fin de su soberanía. Por tanto, la supuesta globalización económica, en términos liberales, no significa otra cosa que una transferencia del poder de los Estados a las fuerzas económicas del mercado, controlado por los organismos financieros internacionales.
Cuando los Estados transfieren el poder a esas instituciones que no ha elegido nadie, sin vínculos con los sectores sociales y sin ningún tipo de rendición de cuentas a la ciudadanía, nos topamos con el gravísimo problema de que a cada momento les envían una suerte de mensajes a “nuestros” gobernantes: “No mandan ustedes, mandamos nosotros”.
La deuda externa bajo los condicionamientos del FMI, chupa la sangre de los países en crisis. Para salvar a los bancos y en nombre de aumentar la productividad y el empleo, arrasan la sociedad, desemplean, privatizan o concesionan –como es la palabra de moda- bienes públicos que constituyen la joya de la corona (telecomunicaciones, hidroeléctricas, petróleo, carreteras), disminuyen los salarios, eliminan impuestos a los ricos, retrasan la edad de jubilación, flexibilizan la oferta laboral, etc.
Esto va más allá, de cuando Karl Marx, consideraba que el capital vive de la explotación de la fuerza de trabajo pero no de la venta de vidas. Sin embargo, ya en 1847 en la Miseria de la Filosofía, él intuía: “Ha llegado, por último, un tiempo en que todo lo que los hombres habían considerado inalienable se ha vuelto objeto de cambio, de tráfico, y podría alienarse. Un tiempo en el que las cosas que hasta entonces eran comunicadas, pero jamás intercambiadas; dadas, pero nunca vendidas; adquiridas pero jamás compradas, como la virtud, el amor, la opinión, la ciencia y la conciencia, han pasado a ser comercio. Reina el tiempo de la corrupción general y de la venalidad universal... en el que todo se lleva al mercado”. (O)
Ha llegado un tiempo en que todo lo que se consideraba inalienable se ha vuelto objeto de cambio, de tráfico y podría alienarse.