¡Nunca más!

Los levantamientos populares, suscitados en varios países latinoamericanos, en un ambiente de protesta, pero al mismo tiempo de violencia, caos y represión son -sin lugar a duda- una crítica al sistema neoliberal dominante y expresan la necesidad urgente de construir una agenda social, plural, sin discriminaciones y con alternativas reales de transformación, que nazcan del diálogo, los consensos y la reflexión de todas las voces.


Las reivindicaciones de los marginados y discriminados de nuestros pueblos, frente a las lógicas totalitarias del mercado, deben permitir la construcción de un Estado de derechos.


Para el filósofo chileno Helio Gallardo los derechos humanos no son naturales, sino que por el contrario son racionalidades sociales, que comprenden conflictos, poder, luchas sociales, contradicciones y simbologías; enfrentando por ejemplo la racionalidad individualista (primera generación de derechos) con una racionalidad colectiva (derechos de segunda generación). Aquí, es donde se produce el conflicto y comienza la contradicción entre quienes defienden los derechos individuales pero condenan los colectivos.


Por ejemplo, el golpe militar chileno del 11 de septiembre de 1973 significó un corte profundo. No se trataba de un golpe militar tradicional mediante el cual un grupo militar asume el gobierno, asegurando la continuidad de una sociedad burguesa ya instalada. El golpe militar chileno fue un golpe de Seguridad Nacional.
La política de la Junta Militar chilena apuntó a un cambio de la sociedad entera. No se trataba simplemente de eliminar toda huella de la política de la Unidad Popular, sino de transformar desde las raíces mismas al capitalismo que había existido con anterioridad. Un capitalismo de reformas, de carácter intervencionista, que había dado lugar a la existencia de una amplia sociedad civil en la cual las organizaciones populares habían tenido un lugar legítimo e importante.

En efecto, la Unidad Popular no había hecho más que llevar a cabo este mismo reformismo más allá de los límites de la propia estructura capitalista.
46 años después, el pueblo chileno está buscando tirar abajo ese modelo deducido de los principios de una totalización del mercado capitalista, e impuesto en medio del terrorismo de Estado, que significó según cifras oficiales 28.459 casos de víctimas de tortura; 2.125 víctimas ejecutadas y 1.102 desaparecidas. Además, unas 200.000 personas sufrieron el exilio. ¡Esto nunca más! (O)

La objeción está entre los que defienden los derechos individuales, incluido el mercado liberal, pero condenan los colectivos.

¡Nunca más!

Los levantamientos populares, suscitados en varios países latinoamericanos, en un ambiente de protesta, pero al mismo tiempo de violencia, caos y represión son -sin lugar a duda- una crítica al sistema neoliberal dominante y expresan la necesidad urgente de construir una agenda social, plural, sin discriminaciones y con alternativas reales de transformación, que nazcan del diálogo, los consensos y la reflexión de todas las voces.


Las reivindicaciones de los marginados y discriminados de nuestros pueblos, frente a las lógicas totalitarias del mercado, deben permitir la construcción de un Estado de derechos.


Para el filósofo chileno Helio Gallardo los derechos humanos no son naturales, sino que por el contrario son racionalidades sociales, que comprenden conflictos, poder, luchas sociales, contradicciones y simbologías; enfrentando por ejemplo la racionalidad individualista (primera generación de derechos) con una racionalidad colectiva (derechos de segunda generación). Aquí, es donde se produce el conflicto y comienza la contradicción entre quienes defienden los derechos individuales pero condenan los colectivos.


Por ejemplo, el golpe militar chileno del 11 de septiembre de 1973 significó un corte profundo. No se trataba de un golpe militar tradicional mediante el cual un grupo militar asume el gobierno, asegurando la continuidad de una sociedad burguesa ya instalada. El golpe militar chileno fue un golpe de Seguridad Nacional.
La política de la Junta Militar chilena apuntó a un cambio de la sociedad entera. No se trataba simplemente de eliminar toda huella de la política de la Unidad Popular, sino de transformar desde las raíces mismas al capitalismo que había existido con anterioridad. Un capitalismo de reformas, de carácter intervencionista, que había dado lugar a la existencia de una amplia sociedad civil en la cual las organizaciones populares habían tenido un lugar legítimo e importante.

En efecto, la Unidad Popular no había hecho más que llevar a cabo este mismo reformismo más allá de los límites de la propia estructura capitalista.
46 años después, el pueblo chileno está buscando tirar abajo ese modelo deducido de los principios de una totalización del mercado capitalista, e impuesto en medio del terrorismo de Estado, que significó según cifras oficiales 28.459 casos de víctimas de tortura; 2.125 víctimas ejecutadas y 1.102 desaparecidas. Además, unas 200.000 personas sufrieron el exilio. ¡Esto nunca más! (O)

La objeción está entre los que defienden los derechos individuales, incluido el mercado liberal, pero condenan los colectivos.