Notre Dame

Visto

Ochocientos años de historia se esfumaron en el lapso de 16 horas. Lo que no pudo la guerra lo hicieron las llamas. Sin duda Nerón hubiese estado feliz viendo arder el icono de París, el mismo que había sobrevivido la revolución francesa, dos conflictos mundiales y la ocupación nazi, pero que nada pudo hacer frente a la negligencia de una compañía de restauración y sus operarios, porque si bien no está determinada aun la causa precisa del incendio, que destruyó el techo y la flecha de la más famosa catedral gótica del mundo, se ha descartado la hipótesis terrorista y se privilegia la del “accidente.” Una colilla de tabaco mal apagado y ¡ups! adiós historia. “Shit happens” se dice en inglés. Qué vamos a hacer. Pasa hasta en las mejores familias. Fue sin querer queriendo.
La multitud de turistas que había llegado hasta la “ile de la cité” para visitar el famoso monumento que Víctor Hugo transformó literariamente en refugio de su jorobado Quasimodo, de pronto se encontraba en primera fila con la boca abierta registrando en cámaras y celulares lo que será, sin duda, uno de los más famosos incendios de la historia. Veámoslo desde esa óptica: esa gente podrá decir “yo vi quemarse a Notre Dame.” Menudo privilegio. Pero casi tanto estupor como el del incendio ha causado, al menos me lo causa a mí, la avalancha de donaciones para la restauración que en menos de 48 horas alcanzó la friolera de mil millones de dólares. A ver, si bien ya nunca será la misma iglesia el dinero no va a faltar para reconstruirla, lo cual es encomiable, cómo dudarlo, pero en este mundo donde no faltan las causas nobles para que los capitalistas aporten su “granito de arena” el gesto que en principio arrancó aplausos se transformó, rápidamente, en un espectáculo de mayúscula y obscena hipocresía. Recordemos, por ejemplo, que para el proyecto Yasuní ITT, que Ecuador propuso al mundo, se fijó la meta de tres mil millones de dólares en compensación, de los cuales se alcanzaron apenas 30 ¿Acaso salvar la biodiversidad del planeta no era tan importante como reconstruir hoy el techo de la famosa catedral? Podría añadir un largo etcétera. Y es que, obviamente, es más chic salir en la lista de aportantes de la reconstrucción de Notre Dame, lo cual me recuerda las indulgencias que vendían los Papas allá por el siglo XI, o ¿será acaso el fervor religioso el que mueve tan grandes billeteras? Me estremecen más las lágrimas de los vecinos de la iglesia, parisinos de cepa, que se han sentido amputados ante la tragedia. Su catedral ya nunca será la misma. (O)
Pero casi tanto estupor como el del incendio ha causado, al menos me lo causa a mí, la avalancha de donaciones para la restauración.

Notre Dame

Ochocientos años de historia se esfumaron en el lapso de 16 horas. Lo que no pudo la guerra lo hicieron las llamas. Sin duda Nerón hubiese estado feliz viendo arder el icono de París, el mismo que había sobrevivido la revolución francesa, dos conflictos mundiales y la ocupación nazi, pero que nada pudo hacer frente a la negligencia de una compañía de restauración y sus operarios, porque si bien no está determinada aun la causa precisa del incendio, que destruyó el techo y la flecha de la más famosa catedral gótica del mundo, se ha descartado la hipótesis terrorista y se privilegia la del “accidente.” Una colilla de tabaco mal apagado y ¡ups! adiós historia. “Shit happens” se dice en inglés. Qué vamos a hacer. Pasa hasta en las mejores familias. Fue sin querer queriendo.
La multitud de turistas que había llegado hasta la “ile de la cité” para visitar el famoso monumento que Víctor Hugo transformó literariamente en refugio de su jorobado Quasimodo, de pronto se encontraba en primera fila con la boca abierta registrando en cámaras y celulares lo que será, sin duda, uno de los más famosos incendios de la historia. Veámoslo desde esa óptica: esa gente podrá decir “yo vi quemarse a Notre Dame.” Menudo privilegio. Pero casi tanto estupor como el del incendio ha causado, al menos me lo causa a mí, la avalancha de donaciones para la restauración que en menos de 48 horas alcanzó la friolera de mil millones de dólares. A ver, si bien ya nunca será la misma iglesia el dinero no va a faltar para reconstruirla, lo cual es encomiable, cómo dudarlo, pero en este mundo donde no faltan las causas nobles para que los capitalistas aporten su “granito de arena” el gesto que en principio arrancó aplausos se transformó, rápidamente, en un espectáculo de mayúscula y obscena hipocresía. Recordemos, por ejemplo, que para el proyecto Yasuní ITT, que Ecuador propuso al mundo, se fijó la meta de tres mil millones de dólares en compensación, de los cuales se alcanzaron apenas 30 ¿Acaso salvar la biodiversidad del planeta no era tan importante como reconstruir hoy el techo de la famosa catedral? Podría añadir un largo etcétera. Y es que, obviamente, es más chic salir en la lista de aportantes de la reconstrucción de Notre Dame, lo cual me recuerda las indulgencias que vendían los Papas allá por el siglo XI, o ¿será acaso el fervor religioso el que mueve tan grandes billeteras? Me estremecen más las lágrimas de los vecinos de la iglesia, parisinos de cepa, que se han sentido amputados ante la tragedia. Su catedral ya nunca será la misma. (O)
Pero casi tanto estupor como el del incendio ha causado, al menos me lo causa a mí, la avalancha de donaciones para la restauración.

Visto