Niñez LGBTI

El sábado pasado, en sendas marchas, grupos conservadores, antiderechos, y grupos de activistas LGBTI salieron a las calles. Con lemas como “por las familias naturales”, “el matrimonio es entre hombre y mujer” y “con mis hijos no te metas” se posiciona el miedo social hacia el avance de los derechos de las disidencias que tiene como origen el desconocimiento y el prejuicio.
En 2012 asistí en la Plaza de la Merced a mi primer plantón por el día del Orgullo LGBTI. Éramos pocos, no pasábamos de veinte. Año a año se sumaron personas de otras ciudades y países, de todas las edades. En las últimas marchas somos miles, ya no decenas. Y ya no tenemos miedo. El apoyo a la marcha crece porque los activismos rompen prejuicios y estigmas y la ciudadanía comprende que reconocer los derechos de un sector no es afectar los derechos de otros, sino, simplemente, ampliar el marco de protección de la igualdad, la libertad y la dignidad humanas.
Se utiliza a menudo la referencia a la niñez como pretexto en discursos que promueven el prejuicio, el estigma y el odio. ¿Quién piensa en los niños? se preguntan los conservadores. A esa pregunta yo respondo con otra ¿quién piensa en la niñez LGBTI?
Desde pequeña he tenido cercanía con personas no heterosexuales. Me consta que la condición homosexual o trans no es el problema. El problema son las reglas arbitrarias que dan el lugar de ilegitimidad a expresiones naturales y antiguas como la vida en el planeta. Decía Foucault que el homosexual como especie es una creación del siglo XIX, es decir, nunca antes se etiquetó a una persona en función de sus prácticas sexuales.
Es muy grave lo que pasa. Ahora se difunden rumores terribles, que asustan a una sociedad donde la educación en derechos humanos y sexuales es nula o escasa. Con la aprobación del matrimonio igualitario el siguiente paso es la adopción, dicen. Los homosexuales perversos quieren adoptar niños para abusar de ellos y obligarlos a cambiar de sexo, mutilándolos. Puedo comprender el terror de personas sin información hacia este panorama apocalíptico. No puedo entender que haya gente con autoridad y poder que difunda mentiras.
Mientras tanto, ¿quién piensa en la niñez LGBTI? Nadie va a convertir a nadie en homosexual. Sí vamos a luchar porque todas las personas, sean o no LGBTI tengan los mismos derechos desde la infancia, si de verdad nos importa la infancia. (O)
El problema son las reglas arbitrarias que dan el lugar de ilegitimidad a expresiones naturales y antiguas como la vida en el planeta.

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mARÍA JOSÉ MACHADO

Niñez LGBTI

El sábado pasado, en sendas marchas, grupos conservadores, antiderechos, y grupos de activistas LGBTI salieron a las calles. Con lemas como “por las familias naturales”, “el matrimonio es entre hombre y mujer” y “con mis hijos no te metas” se posiciona el miedo social hacia el avance de los derechos de las disidencias que tiene como origen el desconocimiento y el prejuicio.
En 2012 asistí en la Plaza de la Merced a mi primer plantón por el día del Orgullo LGBTI. Éramos pocos, no pasábamos de veinte. Año a año se sumaron personas de otras ciudades y países, de todas las edades. En las últimas marchas somos miles, ya no decenas. Y ya no tenemos miedo. El apoyo a la marcha crece porque los activismos rompen prejuicios y estigmas y la ciudadanía comprende que reconocer los derechos de un sector no es afectar los derechos de otros, sino, simplemente, ampliar el marco de protección de la igualdad, la libertad y la dignidad humanas.
Se utiliza a menudo la referencia a la niñez como pretexto en discursos que promueven el prejuicio, el estigma y el odio. ¿Quién piensa en los niños? se preguntan los conservadores. A esa pregunta yo respondo con otra ¿quién piensa en la niñez LGBTI?
Desde pequeña he tenido cercanía con personas no heterosexuales. Me consta que la condición homosexual o trans no es el problema. El problema son las reglas arbitrarias que dan el lugar de ilegitimidad a expresiones naturales y antiguas como la vida en el planeta. Decía Foucault que el homosexual como especie es una creación del siglo XIX, es decir, nunca antes se etiquetó a una persona en función de sus prácticas sexuales.
Es muy grave lo que pasa. Ahora se difunden rumores terribles, que asustan a una sociedad donde la educación en derechos humanos y sexuales es nula o escasa. Con la aprobación del matrimonio igualitario el siguiente paso es la adopción, dicen. Los homosexuales perversos quieren adoptar niños para abusar de ellos y obligarlos a cambiar de sexo, mutilándolos. Puedo comprender el terror de personas sin información hacia este panorama apocalíptico. No puedo entender que haya gente con autoridad y poder que difunda mentiras.
Mientras tanto, ¿quién piensa en la niñez LGBTI? Nadie va a convertir a nadie en homosexual. Sí vamos a luchar porque todas las personas, sean o no LGBTI tengan los mismos derechos desde la infancia, si de verdad nos importa la infancia. (O)
El problema son las reglas arbitrarias que dan el lugar de ilegitimidad a expresiones naturales y antiguas como la vida en el planeta.

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mARÍA JOSÉ MACHADO