Navidad sin ella

Los hijos... ¿a qué hora crecieron?, ya no son niños pero para mi siempre los serán, los regalos en un momento cambiaron dejaron de ser juguetes para convertirse en ropa, aparatos virtuales o un sobre con algo de dinero, ya no será del gusto de papá y mamá, respetaremos la petición de ellos. Llegó la Navidad, otra Navidad y  la brisa más leve que entra nos dice de un mal presentimiento estremecedor, es tu ausencia dulce Cristina; prepararemos una sencilla celebracion sin tí.  La  cena, las reuniones  seguiran todos los años, mas nunca compartiremos contigo físicamente;  lazos frágiles los de la existencia en donde tenemos que comprender sin alternativa las dos caras de esa moneda: la vida y la muerte. Ya no hay quien me acompañe a las novenas del barrio, la última en casa de Lorena, bien recuerdo  en el silencio de tu alma bienhechora,  rezabas sin mover los labios,  tenías la mirada  triste en tus ojos fijos  tal vez presentías un destino injusto.  Parece una mentira el no verte caminar por la casa   ajetreada arreglando las flores de pascua,  no oirte entusiasta trayendo el pavo para la cena sugiriendonos a los más queridos que nos  acompañarán en la mesa. Las primeras decisiones  empezaban a ser de tí y de tus hemanos, nuestra opinión empieza a ceder a la de los hijos cuando crecen.  Cada quien tiene su tiempo, entusiasmada, preciosa sugiendome siempre la compra  de un producto bueno,  tu manera ágil de hacer sencillas aún las cosas más tediosas que bien ganaban  alabanzas mias. Son dos Navidades sin ella, dos fechas que no logro comprender a la insensatez sin nombre que me quito parte de mi vida, más bien estas celebraciones me dan a brindar  nuevamente el cóctel amargo de ese dolor que no pasa, que me hace preguntar lo que no tiene respuesta.
No hay consejos  para expiar la pena   de la hija ausente, fruto dulce de juventud; y son las navidades en donde más se siente la silla vacia, la copa extendida, el brindis de cada hijo con las frases venturosas transmutadas en estrecho  abrazo de familiaridad, solo falta el de ella, que de seguro su energía esta presente.  Hay que tener resilencia, que el tiempo es el único amigo que aplacará el impacto. Me siento como el agua que no tiene cauce, soy  el ciego que se golpea cada instante  en su recuerdo y mis brazos estarán eternamente extendidos a ese abrazo de despedida  que nunca le pude dar. Duerme Ángel querido, fruto de mi sangre. Triste Navidad // Por ti mi Cris/ (O)

Navidad sin ella

Los hijos... ¿a qué hora crecieron?, ya no son niños pero para mi siempre los serán, los regalos en un momento cambiaron dejaron de ser juguetes para convertirse en ropa, aparatos virtuales o un sobre con algo de dinero, ya no será del gusto de papá y mamá, respetaremos la petición de ellos. Llegó la Navidad, otra Navidad y  la brisa más leve que entra nos dice de un mal presentimiento estremecedor, es tu ausencia dulce Cristina; prepararemos una sencilla celebracion sin tí.  La  cena, las reuniones  seguiran todos los años, mas nunca compartiremos contigo físicamente;  lazos frágiles los de la existencia en donde tenemos que comprender sin alternativa las dos caras de esa moneda: la vida y la muerte. Ya no hay quien me acompañe a las novenas del barrio, la última en casa de Lorena, bien recuerdo  en el silencio de tu alma bienhechora,  rezabas sin mover los labios,  tenías la mirada  triste en tus ojos fijos  tal vez presentías un destino injusto.  Parece una mentira el no verte caminar por la casa   ajetreada arreglando las flores de pascua,  no oirte entusiasta trayendo el pavo para la cena sugiriendonos a los más queridos que nos  acompañarán en la mesa. Las primeras decisiones  empezaban a ser de tí y de tus hemanos, nuestra opinión empieza a ceder a la de los hijos cuando crecen.  Cada quien tiene su tiempo, entusiasmada, preciosa sugiendome siempre la compra  de un producto bueno,  tu manera ágil de hacer sencillas aún las cosas más tediosas que bien ganaban  alabanzas mias. Son dos Navidades sin ella, dos fechas que no logro comprender a la insensatez sin nombre que me quito parte de mi vida, más bien estas celebraciones me dan a brindar  nuevamente el cóctel amargo de ese dolor que no pasa, que me hace preguntar lo que no tiene respuesta.
No hay consejos  para expiar la pena   de la hija ausente, fruto dulce de juventud; y son las navidades en donde más se siente la silla vacia, la copa extendida, el brindis de cada hijo con las frases venturosas transmutadas en estrecho  abrazo de familiaridad, solo falta el de ella, que de seguro su energía esta presente.  Hay que tener resilencia, que el tiempo es el único amigo que aplacará el impacto. Me siento como el agua que no tiene cauce, soy  el ciego que se golpea cada instante  en su recuerdo y mis brazos estarán eternamente extendidos a ese abrazo de despedida  que nunca le pude dar. Duerme Ángel querido, fruto de mi sangre. Triste Navidad // Por ti mi Cris/ (O)