Mujer a Mujer

Hay jóvenes con iniciativa que emprenden obras dignas y son capaces de irse contra la resistencia social. Hace 25 años, con la confluencia de reflexión y pasión, de crítica genuina y a la vez audaz, nace la Corporación Mujer a Mujer. La época era propicia para nuevas maneras de entender y poner en práctica el principio de igualdad para mostrar soterradas formas de discriminación escondidas en prácticas profundamente jerárquicas; años en los que un nutrido número de mujeres con formación académica y política con nexos feministas del continente, buscaban evidenciar de manera crítica la realidad social de múltiples inequidades. En esos años, la cooperación internacional estimulaba las demandas que la sociedad civil organizada planteaba para hacer frente a las profundas desigualdades sociales. El movimiento feminista se había fortalecido, múltiples voces de mujeres irrumpieron en la política para hacer frente a las formas de dominación patriarcal. Dos profesionales con espíritu crítico, honesto, íntegro, emprendieron la difícil tarea de crear un centro para atención a mujeres víctimas de violencia. Quizá el espíritu optimista y la pasión que pusieron en la creación hicieron contra-peso a las dificultades a las que se vieron expuestas.Las dos profesionales de las que nace la idea, y las ganas de sacar adelante el centro, fueron Rocío Salgado, abogada de profesión; y Libia Cajamarca, socióloga. A ellas se sumaron María Augusta Iturralde, Diana Espinosa, Mercedes Espinosa y dieron vida a la Corporación Mujer a Mujer, primer centro de atención a mujeres víctimas de violencia en Cuenca y la región. Las socias fundadoras juntaron esfuerzo y coraje en el empeño mutuo para sacar adelante el centro. Todavía recuerdo, dice Beatriz Orellana S., una activista de calidad, la persistente tenacidad con la que las socias fundadoras luchaban para que la Corporación se mantenga; las instituciones jurídicas, las leyes, la formación profesional de ese entonces, si no eran ajenas a las demandas de las mujeres, eran profundamente hostiles. Para los años de creación de la Corporación Mujer a Mujer, las propias leyes justificaban expresiones de violencia; la creación de las primeras comisarías de la mujer constituyeron un significativo avance en la visibilización de la violencia; posteriormente, la presión del movimiento de mujeres, dio lugar, por primera vez en el Ecuador a la creación de una ley que pusiera en el centro de la atención a la mujer como víctima de violencia dentro de la familia. (O)
Hoy cierra un ciclo de lucha de la Corporación que emprendió la defensa a la mujer, a las que damos gracias por su fortaleza.

Mujer a Mujer

Hay jóvenes con iniciativa que emprenden obras dignas y son capaces de irse contra la resistencia social. Hace 25 años, con la confluencia de reflexión y pasión, de crítica genuina y a la vez audaz, nace la Corporación Mujer a Mujer. La época era propicia para nuevas maneras de entender y poner en práctica el principio de igualdad para mostrar soterradas formas de discriminación escondidas en prácticas profundamente jerárquicas; años en los que un nutrido número de mujeres con formación académica y política con nexos feministas del continente, buscaban evidenciar de manera crítica la realidad social de múltiples inequidades. En esos años, la cooperación internacional estimulaba las demandas que la sociedad civil organizada planteaba para hacer frente a las profundas desigualdades sociales. El movimiento feminista se había fortalecido, múltiples voces de mujeres irrumpieron en la política para hacer frente a las formas de dominación patriarcal. Dos profesionales con espíritu crítico, honesto, íntegro, emprendieron la difícil tarea de crear un centro para atención a mujeres víctimas de violencia. Quizá el espíritu optimista y la pasión que pusieron en la creación hicieron contra-peso a las dificultades a las que se vieron expuestas.Las dos profesionales de las que nace la idea, y las ganas de sacar adelante el centro, fueron Rocío Salgado, abogada de profesión; y Libia Cajamarca, socióloga. A ellas se sumaron María Augusta Iturralde, Diana Espinosa, Mercedes Espinosa y dieron vida a la Corporación Mujer a Mujer, primer centro de atención a mujeres víctimas de violencia en Cuenca y la región. Las socias fundadoras juntaron esfuerzo y coraje en el empeño mutuo para sacar adelante el centro. Todavía recuerdo, dice Beatriz Orellana S., una activista de calidad, la persistente tenacidad con la que las socias fundadoras luchaban para que la Corporación se mantenga; las instituciones jurídicas, las leyes, la formación profesional de ese entonces, si no eran ajenas a las demandas de las mujeres, eran profundamente hostiles. Para los años de creación de la Corporación Mujer a Mujer, las propias leyes justificaban expresiones de violencia; la creación de las primeras comisarías de la mujer constituyeron un significativo avance en la visibilización de la violencia; posteriormente, la presión del movimiento de mujeres, dio lugar, por primera vez en el Ecuador a la creación de una ley que pusiera en el centro de la atención a la mujer como víctima de violencia dentro de la familia. (O)
Hoy cierra un ciclo de lucha de la Corporación que emprendió la defensa a la mujer, a las que damos gracias por su fortaleza.