Morlacos y croatas

La montaña o ruleta rusa del mundial llega a su fin y las dos selecciones que, por su juego y capacidad, han demostrado ser las más sólidas del torneo se darán cita el domingo en Moscú para jugar un partido de fútbol inédito en estas instancias. Francia, el equipo más completo puesto por puesto, enfrenta a Croacia, la sorpresa de Rusia 2018, el equipo “chico”, aunque esté igualmente plagado de estrellas, que se ha robado el corazón de los aficionados.

Es un partido de “pronóstico reservado” como dicen nuestros sabiondos comentaristas futboleros, pues cualquiera puede ganar siendo, en efecto, ese tipo de desafíos donde la sed de victoria hace que los jugadores lleven a límites extremos su capacidad de sacrificio deportivo. En lo personal creo que Croacia ha demostrado ya lo que tenia que demostrar y que Francia será el campeón, pero hay que esperar el juego.

Para los sudamericanos es triste, de cualquier forma, constatar la supremacía del fútbol europeo durante las dos últimas décadas y no contar con representantes en estas instancias. Sin embargo, la afición al futbol hace que lancemos nuestras apuestas simplemente por amor al deporte y por afinidades que pueden resultar azarosas.

Por ejemplo, la Morlaquía, inevitable referencia para los cuencanos, resulta ser un antiguo pais europeo, ya desaparecido, que estuvo ubicado en el norte de Dalmacia, donde hoy es Croacia, lo cual hace que miremos con simpatía a Modric y compañía. Aunque si preguntamos en la calle seguramente poquísimas personas podrán decir cuál es el origen del famoso apodo que nos identifica en el país, lo cierto es que esa sola relación debería ser suficiente para que Cuenca entera apoye al equipo croata, la tierra de unos “primos lejanos” aunque no haya apellidos terminados en “ich” en la ciudad, salvo si imaginamos un equipo integrado por Velich, Malich o Alvaradich. Pero no se confunda, lector, si escucha hablar sobre el equipo morlaco, no es la selección de Croacia, es el querido Cuenquita.

El fútbol, refugio de tristezas, complejos y alegrías de la masculinidad contemporánea, celebrará este domingo el triunfo de un equipo de hijos de inmigrantes africanos, o de la pequeña nación convertida en potencia deportiva. A nosotros solo nos queda disfrutar. (O)

Morlacos y croatas

La montaña o ruleta rusa del mundial llega a su fin y las dos selecciones que, por su juego y capacidad, han demostrado ser las más sólidas del torneo se darán cita el domingo en Moscú para jugar un partido de fútbol inédito en estas instancias. Francia, el equipo más completo puesto por puesto, enfrenta a Croacia, la sorpresa de Rusia 2018, el equipo “chico”, aunque esté igualmente plagado de estrellas, que se ha robado el corazón de los aficionados.

Es un partido de “pronóstico reservado” como dicen nuestros sabiondos comentaristas futboleros, pues cualquiera puede ganar siendo, en efecto, ese tipo de desafíos donde la sed de victoria hace que los jugadores lleven a límites extremos su capacidad de sacrificio deportivo. En lo personal creo que Croacia ha demostrado ya lo que tenia que demostrar y que Francia será el campeón, pero hay que esperar el juego.

Para los sudamericanos es triste, de cualquier forma, constatar la supremacía del fútbol europeo durante las dos últimas décadas y no contar con representantes en estas instancias. Sin embargo, la afición al futbol hace que lancemos nuestras apuestas simplemente por amor al deporte y por afinidades que pueden resultar azarosas.

Por ejemplo, la Morlaquía, inevitable referencia para los cuencanos, resulta ser un antiguo pais europeo, ya desaparecido, que estuvo ubicado en el norte de Dalmacia, donde hoy es Croacia, lo cual hace que miremos con simpatía a Modric y compañía. Aunque si preguntamos en la calle seguramente poquísimas personas podrán decir cuál es el origen del famoso apodo que nos identifica en el país, lo cierto es que esa sola relación debería ser suficiente para que Cuenca entera apoye al equipo croata, la tierra de unos “primos lejanos” aunque no haya apellidos terminados en “ich” en la ciudad, salvo si imaginamos un equipo integrado por Velich, Malich o Alvaradich. Pero no se confunda, lector, si escucha hablar sobre el equipo morlaco, no es la selección de Croacia, es el querido Cuenquita.

El fútbol, refugio de tristezas, complejos y alegrías de la masculinidad contemporánea, celebrará este domingo el triunfo de un equipo de hijos de inmigrantes africanos, o de la pequeña nación convertida en potencia deportiva. A nosotros solo nos queda disfrutar. (O)