Michel Temer atrapado

En el Seminario Internacional ‘Democracia y Fuerzas Armadas en Sudamérica’ –CORDES, Quito 4 al 6 de julio de 1988- bajo la conducción y con la participación de Fernando Bustamante, el representante de las Fuerzas Armadas del Brasil Geraldo Lesbat Cavagnari Filho, puntualizaba: En cierta forma, la dictadura militar era sensible a la expectativa de democratización del segmento moderno de la sociedad civil, cuando recordaba las intenciones democráticas del golpe de 1964. Explotó estas intenciones cuando vio que era necesario mantener dicha expectativa en forma permanente para que se organice el pluripartidismo no como condición de la democracia, sino como condición para dificultar la unión de la oposición política con la sociedad civil. Claro, en el argot de Lesbat Cavagnari, la oposición política significa las fuerzas sociales y de izquierda.
Al momento de retirarse del poder, los golpistas asumieron por su propia voluntad la ‘obligación’ de ser garantes de la democracia en el Brasil y para ello armaron todo ese entramado que ciertamente dificulta el ejercicio democrático en el gigante sudamericano. Salvo el Partido de los Trabajadores –PT-, todos los demás actores políticos ‘legales’ obtuvieron el visto bueno de la dictadura para que funcionase ‘la democracia representativa’. Producto de ello, más la ‘generosa’ mano de la corrupción,  es lo que podemos constatar en el accionar del parlamento brasileño. Más de doscientos legisladores fueron promovidos y ganaron las elecciones precisamente para, en el momento oportuno, dar el ‘golpe parlamentario’ y destituir a la Presidenta Dilma Rousseff. En la actualidad, muchos de esos diputados y senadores están enjuiciados y algunos ya guardan prisión. Pese a todas las maniobras, las acusaciones contra Temer no pueden ser desentendidas y poco a poco van cerrando el cerco que, finalmente, tendrá que concluir con la única solución posible: su destitución como presidente.
Lo que hoy retarda ese momento, es que los ‘garantes’ de la democracia brasileña encuentren una salida que les permita seguir monitoreando el futuro de ese país. ¿Será posible? Según la Constitución, heredada de la dictadura, es la Comisión Parlamentaria la encargada de autorizar el juicio penal contra el Presidente; una comisión de 66 diputados, de los cuales 40 son afines a Temer. Pero lo que nadie puede pasar por alto –ni los parlamentarios, ni los poderes económico y mediático- es la realidad que ha quedado al descubierto luego de las revelaciones de corrupción del poder político y, menos aún, que la crisis económica del país se acrecienta cada día que pasa.
Desde aquí, esperamos que sea finalmente el pueblo del Brasil quien diga la última palabra.(O)

Michel Temer atrapado

En el Seminario Internacional ‘Democracia y Fuerzas Armadas en Sudamérica’ –CORDES, Quito 4 al 6 de julio de 1988- bajo la conducción y con la participación de Fernando Bustamante, el representante de las Fuerzas Armadas del Brasil Geraldo Lesbat Cavagnari Filho, puntualizaba: En cierta forma, la dictadura militar era sensible a la expectativa de democratización del segmento moderno de la sociedad civil, cuando recordaba las intenciones democráticas del golpe de 1964. Explotó estas intenciones cuando vio que era necesario mantener dicha expectativa en forma permanente para que se organice el pluripartidismo no como condición de la democracia, sino como condición para dificultar la unión de la oposición política con la sociedad civil. Claro, en el argot de Lesbat Cavagnari, la oposición política significa las fuerzas sociales y de izquierda.
Al momento de retirarse del poder, los golpistas asumieron por su propia voluntad la ‘obligación’ de ser garantes de la democracia en el Brasil y para ello armaron todo ese entramado que ciertamente dificulta el ejercicio democrático en el gigante sudamericano. Salvo el Partido de los Trabajadores –PT-, todos los demás actores políticos ‘legales’ obtuvieron el visto bueno de la dictadura para que funcionase ‘la democracia representativa’. Producto de ello, más la ‘generosa’ mano de la corrupción,  es lo que podemos constatar en el accionar del parlamento brasileño. Más de doscientos legisladores fueron promovidos y ganaron las elecciones precisamente para, en el momento oportuno, dar el ‘golpe parlamentario’ y destituir a la Presidenta Dilma Rousseff. En la actualidad, muchos de esos diputados y senadores están enjuiciados y algunos ya guardan prisión. Pese a todas las maniobras, las acusaciones contra Temer no pueden ser desentendidas y poco a poco van cerrando el cerco que, finalmente, tendrá que concluir con la única solución posible: su destitución como presidente.
Lo que hoy retarda ese momento, es que los ‘garantes’ de la democracia brasileña encuentren una salida que les permita seguir monitoreando el futuro de ese país. ¿Será posible? Según la Constitución, heredada de la dictadura, es la Comisión Parlamentaria la encargada de autorizar el juicio penal contra el Presidente; una comisión de 66 diputados, de los cuales 40 son afines a Temer. Pero lo que nadie puede pasar por alto –ni los parlamentarios, ni los poderes económico y mediático- es la realidad que ha quedado al descubierto luego de las revelaciones de corrupción del poder político y, menos aún, que la crisis económica del país se acrecienta cada día que pasa.
Desde aquí, esperamos que sea finalmente el pueblo del Brasil quien diga la última palabra.(O)