Mi jefe es un algoritmo

Visto

El mundo ha cambiado. El mundo está cambiando. El mundo siempre cambiará. La velocidad de los cambios es impresio-nante. Nadie imaginó que pasaría lo que está pasando. Desde la revolución industrial hasta la revolución tecnológica del mundo de hoy los cambios ocurridos marcan una profunda transformación en las relaciones laborales, particularmente en cuanto a la llamada relación de dependencia. La flexibilización laboral a ultranza amena-za con profundizarse y ahondarse la precarización de la fuerza labo-ral. El desarrollo de procesos de trabajo -obviando las relaciones sociales de producción- que emplean plataformas digitales y generan sistemas algorítmicos sustentados en una “serie de normas o leyes específicas que hace posible la ejecución de actividades, cumpliendo una serie de pasos continuos que no causan ninguna duda a quienes ejecuten dicha actividad”. Los algoritmos se expresan mediante leguaje natural o a través de l programación o pseudo códigos y diagra-mas de flujo. De manera que los trabajadores del futuro inmediato, desarro-llarán su actividad basán-dose en un conjunto preci-so, ordenado y finito de instrucciones que conducen a la solución del problema.
Hay una serie de casos en los que el trabajo ya no requiere para su ejecución, ni siquiera de un contrato. La clásica doctrina de la relación de dependencia caracterizada por el triple concurso de: una jornada predeterminada, un salario -también preestablecido- y la subordinación a un jefe (patrono, empleador, supervisor, capataz, foreman) está perdiendo fuerza. De manera acelerada, los puestos de trabajo y las empresas (como enormes fábricas) tiende a desaparecer. Desde el punto de vista físico se están virtualizando, robotizando, “uberizando”.
El sistema económico mundial está entrando en un ciclo infernal, que puede convertirse en la catástrofe final. Los desequilibrios y desigualdades son cada vez mayores. Lo más grave está relacionado con las enormes asimetrías geográficas y sociales que provocarían explosivos a la sociedad planetaria. Las “n” revoluciones tecnológicas y el significativo e incesante aumento de la productividad desplaza al talento humano y lo convierte en un gran ejército -no industrial sino tecnológico- descartable. Millones de seres humanos desplazados por la robotizacion deambularán por las nubes en busca de un algoritmo que los necesite. Si lo consiguen, se someterán al nuevo jefe hasta que el analfabetismo tecnológico, rápidamente los descarte. Serán los nuevos “Sísifos” condenados ad infinitum a transportar de abajo arriba la pesadísima carga y nunca arribar a puerto seguro. (O)
Millones de seres humanos desplazados por la robotizacion deambularán por las nubes en busca de un algoritmo que los necesite.

Mi jefe es un algoritmo

El mundo ha cambiado. El mundo está cambiando. El mundo siempre cambiará. La velocidad de los cambios es impresio-nante. Nadie imaginó que pasaría lo que está pasando. Desde la revolución industrial hasta la revolución tecnológica del mundo de hoy los cambios ocurridos marcan una profunda transformación en las relaciones laborales, particularmente en cuanto a la llamada relación de dependencia. La flexibilización laboral a ultranza amena-za con profundizarse y ahondarse la precarización de la fuerza labo-ral. El desarrollo de procesos de trabajo -obviando las relaciones sociales de producción- que emplean plataformas digitales y generan sistemas algorítmicos sustentados en una “serie de normas o leyes específicas que hace posible la ejecución de actividades, cumpliendo una serie de pasos continuos que no causan ninguna duda a quienes ejecuten dicha actividad”. Los algoritmos se expresan mediante leguaje natural o a través de l programación o pseudo códigos y diagra-mas de flujo. De manera que los trabajadores del futuro inmediato, desarro-llarán su actividad basán-dose en un conjunto preci-so, ordenado y finito de instrucciones que conducen a la solución del problema.
Hay una serie de casos en los que el trabajo ya no requiere para su ejecución, ni siquiera de un contrato. La clásica doctrina de la relación de dependencia caracterizada por el triple concurso de: una jornada predeterminada, un salario -también preestablecido- y la subordinación a un jefe (patrono, empleador, supervisor, capataz, foreman) está perdiendo fuerza. De manera acelerada, los puestos de trabajo y las empresas (como enormes fábricas) tiende a desaparecer. Desde el punto de vista físico se están virtualizando, robotizando, “uberizando”.
El sistema económico mundial está entrando en un ciclo infernal, que puede convertirse en la catástrofe final. Los desequilibrios y desigualdades son cada vez mayores. Lo más grave está relacionado con las enormes asimetrías geográficas y sociales que provocarían explosivos a la sociedad planetaria. Las “n” revoluciones tecnológicas y el significativo e incesante aumento de la productividad desplaza al talento humano y lo convierte en un gran ejército -no industrial sino tecnológico- descartable. Millones de seres humanos desplazados por la robotizacion deambularán por las nubes en busca de un algoritmo que los necesite. Si lo consiguen, se someterán al nuevo jefe hasta que el analfabetismo tecnológico, rápidamente los descarte. Serán los nuevos “Sísifos” condenados ad infinitum a transportar de abajo arriba la pesadísima carga y nunca arribar a puerto seguro. (O)
Millones de seres humanos desplazados por la robotizacion deambularán por las nubes en busca de un algoritmo que los necesite.

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