Mi hermano José

Visto

Quienes lo conocen desde hace tiempo le decían que debería salir a algún país del mundo cuando termine su ejercicio como ministro del interior, por la cantidad industrial de enemigos que ha provocado el ejercicio de su causa, y muchos de ellos hoy se han transformado en trolls o simples seguidores de trolls que no paran de envilecer su imagen juzgándola anticipadamente en los vertederos digitales de las redes sociales. Su caso resulta una paradoja en épocas donde se exclama que la justicia ha vuelto por sus fueros para liberarse de toda injerencia externa pero antes de que ninguna causa haya sido iniciada y mucho menos terminada ya se sentencia como culpable a una persona. Linchamiento de imagen, puro y duro, asesinato de reputación deliberado y sostenido, agravado por el “fuego amigo” producto de los errores cometidos, a través de una de las estrategias más repudiables del linchamiento social: el insulto. Epítetos ruines e indignos repetidos “ad vomitum”, es decir, utilizados hasta la náusea para el descrédito y la descalificación de quien ha arriesgado y arriesga su vida y la de su familia. El más común de ellos hace referencia a su talla como si ser tocho hubiese sido un obstáculo para el desmantelamiento de estructuras criminales que actuaban con total impunidad en la capital y en la costa ecuatoriana.
El caso de mi hermano José Serrano devela, en gran medida, los profundos y serios complejos de los que padecen sus mayores detractores políticos y mediáticos, querubines sin pecado concebidos, prevalidos de la impunidad propia del anonimato de las hordas trollescas que los apoyan atacándolo en carga montón y convirtiéndolo en un cabeza de turco o chivo expiatorio con el que buscan saciar las bajas pasiones que dicen aborrecer y combatir. Pura farsa e hipocresía. Si es que hay algún indicio ¡que se presente donde corresponde y que se siga el debido proceso! Y que se deje de lado el show. Pero no es el caso, lo que demuestra que en esta patria dolorida la tradición de usar las instituciones como cartas de un juego de barajas está escrita desde su fundación republicana.
Quienes te conocemos y queremos, hermano, de verdad, expresamos nuestra preocupación por ti y tu integridad física así como nuestro respaldo moral, aupado en la memoria de los ausentes que velan para protegerte de tus enemigos. (O)
Linchamiento de imagen, puro y duro, asesinato de reputación deliberado y sostenido, agravado por el “fuego amigo” producto de los errores cometidos.

Mi hermano José

Quienes lo conocen desde hace tiempo le decían que debería salir a algún país del mundo cuando termine su ejercicio como ministro del interior, por la cantidad industrial de enemigos que ha provocado el ejercicio de su causa, y muchos de ellos hoy se han transformado en trolls o simples seguidores de trolls que no paran de envilecer su imagen juzgándola anticipadamente en los vertederos digitales de las redes sociales. Su caso resulta una paradoja en épocas donde se exclama que la justicia ha vuelto por sus fueros para liberarse de toda injerencia externa pero antes de que ninguna causa haya sido iniciada y mucho menos terminada ya se sentencia como culpable a una persona. Linchamiento de imagen, puro y duro, asesinato de reputación deliberado y sostenido, agravado por el “fuego amigo” producto de los errores cometidos, a través de una de las estrategias más repudiables del linchamiento social: el insulto. Epítetos ruines e indignos repetidos “ad vomitum”, es decir, utilizados hasta la náusea para el descrédito y la descalificación de quien ha arriesgado y arriesga su vida y la de su familia. El más común de ellos hace referencia a su talla como si ser tocho hubiese sido un obstáculo para el desmantelamiento de estructuras criminales que actuaban con total impunidad en la capital y en la costa ecuatoriana.
El caso de mi hermano José Serrano devela, en gran medida, los profundos y serios complejos de los que padecen sus mayores detractores políticos y mediáticos, querubines sin pecado concebidos, prevalidos de la impunidad propia del anonimato de las hordas trollescas que los apoyan atacándolo en carga montón y convirtiéndolo en un cabeza de turco o chivo expiatorio con el que buscan saciar las bajas pasiones que dicen aborrecer y combatir. Pura farsa e hipocresía. Si es que hay algún indicio ¡que se presente donde corresponde y que se siga el debido proceso! Y que se deje de lado el show. Pero no es el caso, lo que demuestra que en esta patria dolorida la tradición de usar las instituciones como cartas de un juego de barajas está escrita desde su fundación republicana.
Quienes te conocemos y queremos, hermano, de verdad, expresamos nuestra preocupación por ti y tu integridad física así como nuestro respaldo moral, aupado en la memoria de los ausentes que velan para protegerte de tus enemigos. (O)
Linchamiento de imagen, puro y duro, asesinato de reputación deliberado y sostenido, agravado por el “fuego amigo” producto de los errores cometidos.

Visto