Mesa servida

Hace un año, una vez instalado en Carondelet, el nuevo presidente anunció al país: ‘La mesa no está servida’. Tenía razón. La pregunta es: ¿Para quién? Han transcurrido 12 meses de un parsimonioso actuar, con seguridad teniendo en cuenta como lo recomienda la sabiduría popular: “Cuando estés apurado actúa con calma”. Al inicio fueron los diálogos: cada sector invitado presentó el menú de su preferencia y luego evidentemente era necesario tomarse el tiempo suficiente para tratar de satisfacer a todos los paladares, consultar el bolsillo –entiéndase el erario nacional-, y también seleccionar el equipo de chefs de manera que todo quede como exige una mesa bien servida.
Desde luego, hubo que hacer algunos reajustes en el inicial equipo de gobierno, comenzando por reducir la vicepresidencia a figura decorativa, quizás recordando lo que un anterior jefe de gobierno había sentenciado: ‘el vicepresidente es un golpista en potencia’. A continuación fue menester agradecer los servicios prestados a quienes en realidad no eran sino funcionarios de ocasión; en su lugar paulatinamente fueron llegando los verdaderos elegidos, cumpliendo, unas veces las debidas coartadas, otras, verónicas de por medio –a gusto de nostálgicos taurinos- y también ¿por qué no? una finta de cintura, para decirlo en el argot de los fanáticos del fútbol.
Hoy, hay que reconocerlo, la mesa está servida. La seguridad interna y externa del país ha sido entregada, como desde hace mucho lo reclamaban quienes se formaron en la Escuela de las Américas, a los militares; su titular, columnista del principal vocero del poder mediático, ha debido dejar su oficina en Washington para retornar al Ministerio de las FF.AA. La dirección de la política económica está en manos, como no, del Comité Empresarial Ecuatoriano, cuyo presidente ha debido excusarse para evitar que se hable de un posible conflicto de intereses. La partidocracia se hizo cargo de la delicadísima tarea de depurar el aparto del Estado. Los tirapiedras o perseguidos políticos, como prefieren que se los llame, están recuperando sus espacios perdidos. En el Parlamento, escenario real de la lucha política, se libra la batalla por archivar o nó los avances de la legislación lograda en la Década Ganada.
En fin, pasados doce meses, nadie puede decir que el gobierno no esté trabajando. La pregunta es: ¿A favor de quién? Cada ciudadano ecuatoriano debe meditar honestamente en la respuesta. (O)

Mesa servida

Hace un año, una vez instalado en Carondelet, el nuevo presidente anunció al país: ‘La mesa no está servida’. Tenía razón. La pregunta es: ¿Para quién? Han transcurrido 12 meses de un parsimonioso actuar, con seguridad teniendo en cuenta como lo recomienda la sabiduría popular: “Cuando estés apurado actúa con calma”. Al inicio fueron los diálogos: cada sector invitado presentó el menú de su preferencia y luego evidentemente era necesario tomarse el tiempo suficiente para tratar de satisfacer a todos los paladares, consultar el bolsillo –entiéndase el erario nacional-, y también seleccionar el equipo de chefs de manera que todo quede como exige una mesa bien servida.
Desde luego, hubo que hacer algunos reajustes en el inicial equipo de gobierno, comenzando por reducir la vicepresidencia a figura decorativa, quizás recordando lo que un anterior jefe de gobierno había sentenciado: ‘el vicepresidente es un golpista en potencia’. A continuación fue menester agradecer los servicios prestados a quienes en realidad no eran sino funcionarios de ocasión; en su lugar paulatinamente fueron llegando los verdaderos elegidos, cumpliendo, unas veces las debidas coartadas, otras, verónicas de por medio –a gusto de nostálgicos taurinos- y también ¿por qué no? una finta de cintura, para decirlo en el argot de los fanáticos del fútbol.
Hoy, hay que reconocerlo, la mesa está servida. La seguridad interna y externa del país ha sido entregada, como desde hace mucho lo reclamaban quienes se formaron en la Escuela de las Américas, a los militares; su titular, columnista del principal vocero del poder mediático, ha debido dejar su oficina en Washington para retornar al Ministerio de las FF.AA. La dirección de la política económica está en manos, como no, del Comité Empresarial Ecuatoriano, cuyo presidente ha debido excusarse para evitar que se hable de un posible conflicto de intereses. La partidocracia se hizo cargo de la delicadísima tarea de depurar el aparto del Estado. Los tirapiedras o perseguidos políticos, como prefieren que se los llame, están recuperando sus espacios perdidos. En el Parlamento, escenario real de la lucha política, se libra la batalla por archivar o nó los avances de la legislación lograda en la Década Ganada.
En fin, pasados doce meses, nadie puede decir que el gobierno no esté trabajando. La pregunta es: ¿A favor de quién? Cada ciudadano ecuatoriano debe meditar honestamente en la respuesta. (O)