Meritocracia

Visto

Si la historia de la elección o designación de autoridades en nuestro país podría resumirse en una palabra esa seria: aristocracia.


La vehemencia de esta afirmación se sostiene en una parte en la revisión de los textos constitucionales, pero también en la experiencia mediata. Si bien en el siglo XX ya no hablamos de condes, príncipes o algún otro titulo nobiliario, si encontramos a grupos de personas que destaca en algún tipo de “excelencia” entre los demás por algún hecho. Así, cuando se elegía a alguna alta autoridad del Estado, se debía ser parte de esta estos grupos o elites, para poder acceder tan siquiera a las ternas o “listas” que entrarían en discusión en el Congreso o Senado, o en la Presidencia de la Republica.


El solo acceder a esa terna era ya un acontecimiento magnifico para alguien que no contara con el apoyo del mainstream político o de la plutocracia ecuatoriana.


La elección o designación sea de la Corte Suprema de Justicia ahora Corte Nacional de Justicia, de las Superintendencias, de los diversos órganos de control y ahora de la Corte Constitucional del Ecuador o el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social son de máxima importancia para garantizar la buena salud de la democracia.


La preocupación sobre la posibilidad de la cooptación de estas altas autoridades por un solo partido en el que únicamente pesen las razones políticas para su elección.


Justamente fue la única razón para buscar nuevas formas de elegir a estas autoridades por parte del Constituyente ecuatoriano.
Así, la Constitución ecuatoriana del 2008 en su articulo 67 numero 1, como uno de los derechos de participación esta el de “desempeñar empleos y funciones públicas con base en méritos y capacidades, y en un sistema de selección y designación transparente, incluyente, equitativo, pluralista y democrático, que garantice su participación, con criterios de equidad y paridad de género, igualdad de oportunidades para las personas con discapacidad y participación intergeneracional”. En definitiva, se fundó la meritocracia, no obstante, ante los sucesos de los últimos meses, donde se eligen a altas autoridades bajo la consigna de la “alta calidad moral”, más allá de un concurso de oposición y méritos nos lleva a que nuevamente empezamos a reinstalar esa aristocracia. Adiós meritocracia. (O)

Meritocracia

Si la historia de la elección o designación de autoridades en nuestro país podría resumirse en una palabra esa seria: aristocracia.


La vehemencia de esta afirmación se sostiene en una parte en la revisión de los textos constitucionales, pero también en la experiencia mediata. Si bien en el siglo XX ya no hablamos de condes, príncipes o algún otro titulo nobiliario, si encontramos a grupos de personas que destaca en algún tipo de “excelencia” entre los demás por algún hecho. Así, cuando se elegía a alguna alta autoridad del Estado, se debía ser parte de esta estos grupos o elites, para poder acceder tan siquiera a las ternas o “listas” que entrarían en discusión en el Congreso o Senado, o en la Presidencia de la Republica.


El solo acceder a esa terna era ya un acontecimiento magnifico para alguien que no contara con el apoyo del mainstream político o de la plutocracia ecuatoriana.


La elección o designación sea de la Corte Suprema de Justicia ahora Corte Nacional de Justicia, de las Superintendencias, de los diversos órganos de control y ahora de la Corte Constitucional del Ecuador o el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social son de máxima importancia para garantizar la buena salud de la democracia.


La preocupación sobre la posibilidad de la cooptación de estas altas autoridades por un solo partido en el que únicamente pesen las razones políticas para su elección.


Justamente fue la única razón para buscar nuevas formas de elegir a estas autoridades por parte del Constituyente ecuatoriano.
Así, la Constitución ecuatoriana del 2008 en su articulo 67 numero 1, como uno de los derechos de participación esta el de “desempeñar empleos y funciones públicas con base en méritos y capacidades, y en un sistema de selección y designación transparente, incluyente, equitativo, pluralista y democrático, que garantice su participación, con criterios de equidad y paridad de género, igualdad de oportunidades para las personas con discapacidad y participación intergeneracional”. En definitiva, se fundó la meritocracia, no obstante, ante los sucesos de los últimos meses, donde se eligen a altas autoridades bajo la consigna de la “alta calidad moral”, más allá de un concurso de oposición y méritos nos lleva a que nuevamente empezamos a reinstalar esa aristocracia. Adiós meritocracia. (O)

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