Memoria de Velasco

En su libro “Pasiones de juventud”, Paradiso editores –03/2018, Alberto Acosta-Burneo nos entrega, en realidad, lo que fuera la pasión juvenil de su tío bisabuelo José María Velasco Ibarra, cinco veces presidente del Ecuador y que marcó la historia ecuatoriana por más de cuatro décadas a partir de 1932. El testimonio de esta pasión se concentra en la “correspondencia inédita entre Velasco Ibarra y su círculo íntimo, entre 1921 y 1922”, particularmente al ‘primer exilio’, como lo califica el autor, al período de un mes que el futuro presidente vivió en Guayaquil, lejos del entorno familiar.

Es importante recordar que la entrada del Ecuador al s.XX se da en circunstancias de una profunda crisis política y económica, cuyos actores principales eran precisamente los partidos conservador y liberal. Para inicios de la década de los años 20, el joven J.M. Velasco Ibarra estaba por concluir sus estudios universitarios y preparando su tesis doctoral que, dato interesante, versó sobre el sindicalismo, un tema que ya en Europa, EE.UU. e incluso países del cono sur de Sudamérica, era el centro de la conflictividad social, pero que en Ecuador apenas era motivo de importancia por su incipiente desarrollo capitalista. La década transcurrida a partir de su graduación -1922- hasta la fecha en que asume por primera vez la función pública como diputado electo por Pichincha es, según testimonio del propio Dr. Velasco, un período de fundamentación de su visión filosófica de la vida. Según el autor, Alberto Acosta-B, la propuesta “fue acercarse al cristianismo porque consideraba que este había resuelto los interrogantes de la vida de un modo definitivo”.

Desde nuestro punto de vista, esa década se caracterizó, en medio de profundas contradicciones, por el esfuerzo no solo del liberalismo sino de los sectores democráticos en general, por recuperar el proyecto iniciado por Eloy Alfaro y que fuera abruptamente interrumpido con la hoguera bárbara, esfuerzo que se concretó con la institucionalidad del Estado moderno. Su primera presidencia -1934/35- se caracterizó, al contrario de lo que afirman las fuerzas restauradoras, por avanzar en la línea que de una u otra manera coincidía con los lineamientos generales de la Revolución Juliana, razón por la cual la Revolución de mayo del 44 lo recuperó del exilio llamado por el pueblo.

¿Qué sucedió con la segunda y restantes presidencias? Quizás en otras notas podamos volver sobre tema tan apasionante. (O)

Memoria de Velasco

En su libro “Pasiones de juventud”, Paradiso editores –03/2018, Alberto Acosta-Burneo nos entrega, en realidad, lo que fuera la pasión juvenil de su tío bisabuelo José María Velasco Ibarra, cinco veces presidente del Ecuador y que marcó la historia ecuatoriana por más de cuatro décadas a partir de 1932. El testimonio de esta pasión se concentra en la “correspondencia inédita entre Velasco Ibarra y su círculo íntimo, entre 1921 y 1922”, particularmente al ‘primer exilio’, como lo califica el autor, al período de un mes que el futuro presidente vivió en Guayaquil, lejos del entorno familiar.

Es importante recordar que la entrada del Ecuador al s.XX se da en circunstancias de una profunda crisis política y económica, cuyos actores principales eran precisamente los partidos conservador y liberal. Para inicios de la década de los años 20, el joven J.M. Velasco Ibarra estaba por concluir sus estudios universitarios y preparando su tesis doctoral que, dato interesante, versó sobre el sindicalismo, un tema que ya en Europa, EE.UU. e incluso países del cono sur de Sudamérica, era el centro de la conflictividad social, pero que en Ecuador apenas era motivo de importancia por su incipiente desarrollo capitalista. La década transcurrida a partir de su graduación -1922- hasta la fecha en que asume por primera vez la función pública como diputado electo por Pichincha es, según testimonio del propio Dr. Velasco, un período de fundamentación de su visión filosófica de la vida. Según el autor, Alberto Acosta-B, la propuesta “fue acercarse al cristianismo porque consideraba que este había resuelto los interrogantes de la vida de un modo definitivo”.

Desde nuestro punto de vista, esa década se caracterizó, en medio de profundas contradicciones, por el esfuerzo no solo del liberalismo sino de los sectores democráticos en general, por recuperar el proyecto iniciado por Eloy Alfaro y que fuera abruptamente interrumpido con la hoguera bárbara, esfuerzo que se concretó con la institucionalidad del Estado moderno. Su primera presidencia -1934/35- se caracterizó, al contrario de lo que afirman las fuerzas restauradoras, por avanzar en la línea que de una u otra manera coincidía con los lineamientos generales de la Revolución Juliana, razón por la cual la Revolución de mayo del 44 lo recuperó del exilio llamado por el pueblo.

¿Qué sucedió con la segunda y restantes presidencias? Quizás en otras notas podamos volver sobre tema tan apasionante. (O)